Hay momentos en los que el arte deja de ser una práctica lejana, decorativa o reservada para los museos. A veces aparece en la vida como una forma de sostenerse. Como una manera de respirar cuando el cuerpo cambia, cuando la libertad se interrumpe, cuando la memoria pesa o cuando el mundo parece no ofrecer suficientes espacios para sanar.
Desde esa mirada nace Arte como refugio, una serie documental de entrevistas producida por Casa de Artesanos en colaboración con Garúa Media. La producción, realizada a distancia entre Colombia y Massachusetts, reúne las historias de tres mujeres residentes en Bogotá: Aura Alicia Duque, Paula Melissa Corredor y Paleja Salguero.
Cada entrevista, de entre 15 y 20 minutos, se acerca a una experiencia distinta de transformación. Las tres conversaciones tienen un punto en común: muestran cómo el arte puede convertirse en refugio, acto de resistencia, herramienta de memoria y posibilidad concreta de reconstrucción personal y colectiva.
Aura Alicia Duque, acuarelista bogotana, encontró en la pérdida de movilidad una oportunidad para mirar el mundo a través del color. Su historia no romantiza la dificultad ni convierte el dolor en espectáculo. Más bien muestra una disciplina silenciosa y poderosa: pintar como una forma de permanecer, resistir y seguir habitando la vida desde otros lugares.
En sus acuarelas, el color no aparece como evasión, sino como lenguaje. Allí donde el cuerpo encuentra límites, la pintura abre un territorio. La fuerza de Alicia está en esa decisión cotidiana de crear, de mirar, de insistir. Su obra recuerda que el arte también puede ser una forma de autonomía cuando la vida obliga a reorganizarlo todo.
Las otras dos entrevistas se acercan a Paula Melissa Corredor y Paleja Salguero, estudiantes, artistas y cofundadoras de Paulas por la Libertad, un colectivo nacido desde la experiencia de la privación de libertad y orientado a analizar, transformar y contribuir a mitigar la vulneración de derechos en espacios de detención, especialmente para personas en proceso judicial y sus familias.
Sus voces abren una conversación urgente sobre el sistema de justicia, las condiciones de detención transitoria, el hacinamiento, la precariedad en el acceso a asesoría legal gratuita y digna, los abusos de poder dentro de espacios penitenciarios y las pocas oportunidades de resocialización para personas privadas de la libertad y personas pospenadas en Colombia.
En ese contexto, el arte no aparece como adorno. Aparece como herramienta. Como una forma de cuidado donde muchas veces solo ha habido castigo. Como una posibilidad de crear lenguaje, ingreso, dignidad y vínculo en lugares atravesados por la espera, el encierro y la incertidumbre.
Casa de Artesanos trabaja actualmente en colaboración con Paulas por la Libertad en el diseño, ejecución e implementación de Arte para días difíciles, un programa que se lleva a cabo en la URI de Puente Aranda, un lugar de detención transitoria para hombres y mujeres en Bogotá.
El programa propone espacios artísticos como alternativa terapéutica, comunitaria y de emprendimiento. En estos encuentros se fabrican accesorios como pulseras y gargantillas para posterior venta; se comparte un refrigerio adquirido a emprendimientos fundados por personas pospenadas; y se realiza una sesión de ejercicios simples de dibujo, tanto figurativo como abstracto, orientados al manejo de emociones. Esta última parte se basa en un ebook escrito por Julieth Cabral.
La estructura del programa permite entender el arte desde una dimensión amplia. No se trata únicamente de producir objetos, sino de crear espacios mínimos de dignidad: un tiempo para hacer con las manos, una conversación, una posibilidad de ingreso, un alimento compartido, una emoción que puede salir al papel sin necesidad de explicación perfecta.
La serie Arte como refugio documenta ese cruce entre experiencia personal y trabajo comunitario. Alicia, Paula Melissa y Paleja no aparecen como personajes aislados, sino como mujeres que han convertido sus propias vivencias en caminos de creación, reflexión y acción.
Desde Massachusetts, Casa de Artesanos acompaña estos procesos a distancia, construyendo puentes entre territorios. Esa distancia no impide el trabajo; al contrario, revela otra forma de presencia. Una presencia que se organiza desde la colaboración, la escucha, la producción audiovisual, el diseño de programas y la circulación de historias que merecen ser conocidas.
Para Garúa Media, esta serie también es una forma de archivo. Un archivo vivo de mujeres bogotanas que narran el arte no desde el privilegio, sino desde la transformación. Sus historias hablan de movilidad, libertad, encierro, color, derechos humanos , cuerpo, comunidad y memoria.
En un país donde las condiciones de privación de libertad siguen marcadas por el hacinamiento y la vulneración de derechos, iniciativas como estas abren una pregunta necesaria: ¿qué lugar puede ocupar el arte en espacios donde la dignidad ha sido tantas veces interrumpida?
Arte como refugio no ofrece respuestas fáciles. Tampoco promete que una pulsera, una pintura o un dibujo resuelvan problemas estructurales. Su fuerza está en otra parte: en mostrar que incluso en contextos difíciles, crear puede ser una forma de recuperar presencia, voz y humanidad.
Tres mujeres. Tres historias. Tres formas de entender que el arte, cuando nace de la vida real, puede ser mucho más que expresión. Puede ser refugio. Puede ser resistencia. Puede ser una manera de volver a existir.






