ONU ofrece ayuda a Colombia mientras el nuevo Gobierno enfrenta el reto de coordinar la emergencia

La ONU ha señalado como prioridades potenciales agua potable, alimentos, atención sanitaria, elementos de higiene y artículos básicos para las familias damnificadas. La identificación precisa de estas necesidades resulta fundamental para establecer qué tipo de cooperación internacional podría ser necesaria - Foto: X/@LuisGMurillo

La ONU ha señalado como prioridades potenciales agua potable, alimentos, atención sanitaria, elementos de higiene y artículos básicos para las familias damnificadas. La identificación precisa de estas necesidades resulta fundamental para establecer qué tipo de cooperación internacional podría ser necesaria - Foto: X/@LuisGMurillo

La Organización de Naciones Unidas informó que está preparada para apoyar a Colombia tras el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el país el 10 de agosto, pero que, al momento de su pronunciamiento, no había recibido una solicitud formal de asistencia internacional del Gobierno colombiano.

La aclaración fue hecha mientras la magnitud de la emergencia seguía aumentando y las autoridades nacionales y territoriales avanzaban en la evaluación de daños. La ONU, sin embargo, no se mantuvo al margen: sus mecanismos humanitarios permanecieron activos y sus equipos en Colombia continuaron coordinándose con las autoridades.

La diferencia es importante. Que Colombia no haya solicitado formalmente ayuda a Naciones Unidas no significa que la organización esté ausente de la emergencia. OCHA, la oficina de coordinación humanitaria, ya había producido un primer informe sobre las afectaciones y mantenía seguimiento sobre la situación.

La respuesta de Naciones Unidas incluye además la participación de sus agencias especializadas. La Organización Mundial de la Salud activó mecanismos de seguimiento y equipos relacionados con la evaluación de las necesidades sanitarias, particularmente en territorios como Cali y Chocó, dos de las zonas golpeadas por el terremoto.

La ONU ha señalado como prioridades potenciales agua potable, alimentos, atención sanitaria, elementos de higiene y artículos básicos para las familias damnificadas. La identificación precisa de estas necesidades resulta fundamental para establecer qué tipo de cooperación internacional podría ser necesaria.

El pronunciamiento internacional llegó mientras Colombia enfrentaba una emergencia que ya mostraba afectaciones en viviendas, edificios, vías, centros educativos y establecimientos de salud. El balance de Naciones Unidas incluía decenas de edificios colapsados y centenares de instituciones afectadas, además de interrupciones en servicios básicos.

La posición del Gobierno

El Gobierno de Abelardo De La Espriella asumió la emergencia apenas tres días después de la posesión presidencial. El mandatario declaró la situación de desastre nacional y asumió personalmente la coordinación de la respuesta, con puestos de mando y despliegue de organismos de emergencia en las zonas más afectadas.

La ausencia, hasta ese momento, de una solicitud formal ante Naciones Unidas debe leerse dentro de esa estrategia. El Ejecutivo podía considerar que todavía contaba con capacidad suficiente para responder con sus propios organismos y, simultáneamente, aceptar la cooperación ofrecida directamente por otros países y organizaciones.

Estados Unidos, por ejemplo, anunció US$15,5 millones de asistencia para Colombia, mientras otros gobiernos también ofrecieron ayuda. Esto demuestra que la cooperación internacional no depende exclusivamente de una solicitud canalizada por Naciones Unidas: también puede establecerse mediante acuerdos bilaterales.

Pero la decisión adquiere una dimensión política adicional por la posición que De La Espriella había mantenido frente a Naciones Unidas durante la campaña. El hoy presidente había anunciado su intención de retirar a Colombia de la ONU y había calificado a esta y otras organizaciones multilaterales como estructuras políticas que, en su opinión, no servían a los intereses nacionales.

La postura, sin embargo, había mostrado matices incluso antes del terremoto. El propio Gobierno anunció a un representante ante Naciones Unidas y presentó esa designación como una oportunidad para representar a Colombia con liderazgo y una visión moderna de las relaciones internacionales.

El terremoto coloca ahora esa discusión en un terreno mucho más concreto. Una cosa es cuestionar políticamente el funcionamiento de Naciones Unidas y otra distinta decidir si los mecanismos de esa organización pueden resultar útiles para atender a miles de personas afectadas por una catástrofe.

Las tensiones dentro del Ejecutivo

La emergencia también golpeó a un Gobierno que apenas estaba comenzando a funcionar. Según los reportes sobre la transición, la ruptura del proceso de empalme con la administración de Gustavo Petro dejó pendientes algunos relevos y vacíos en entidades fundamentales para la gestión de la emergencia.

Esto ha alimentado las críticas sobre un aparente desorden dentro del Ejecutivo. La situación es particularmente delicada porque una emergencia de esta magnitud exige cadenas de mando claras, información actualizada, coordinación entre ministerios y entidades técnicas y una interlocución permanente con gobernadores y alcaldes.

Uno de los problemas señalados está relacionado con la transición en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). La falta de una estructura completamente consolidada en el momento en que ocurrió el terremoto puede dificultar la capacidad de reacción precisamente cuando más se necesita continuidad institucional.

Eso no significa que pueda afirmarse, sin más, que el Gobierno esté paralizado. El Ejecutivo activó mecanismos de emergencia, desplazó funcionarios y organismos de socorro y declaró el desastre nacional. El punto de discusión es si esa respuesta puede desarrollarse con la misma eficiencia que tendría una administración plenamente instalada.

La situación coloca a De La Espriella ante una doble prueba. Debe demostrar capacidad de liderazgo en una emergencia nacional mientras termina de construir su propio aparato de Gobierno, y al mismo tiempo debe definir hasta dónde está dispuesto a utilizar mecanismos multilaterales que durante la campaña cuestionó.

Por ahora, la ONU mantiene abierta la puerta. Colombia no había presentado una solicitud formal cuando se conoció el pronunciamiento, pero Naciones Unidas aseguró que estaba preparada para responder si las autoridades determinaban que necesitaban asistencia.

El episodio, por tanto, no permite concluir que el Gobierno haya rechazado la ayuda de la ONU. Sí deja planteada una tensión política e institucional: un Ejecutivo que cuestionó el multilateralismo enfrenta una emergencia en la que la cooperación internacional puede convertirse en una herramienta importante, mientras todavía termina de organizar su propia capacidad de respuesta.

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