Irak celebra el retiro de las tropas de Estados Unidos y proclama una nueva etapa de soberanía

La jornada fue presentada por las autoridades iraquíes como el Día de la Soberanía, una denominación que buscó marcar el cierre de más de dos décadas de presencia militar estadounidense en territorio iraquí. En Bagdad y otras ciudades se realizaron actos militares y concentraciones públicas - Foto: Archivo/Marine Corps

La jornada fue presentada por las autoridades iraquíes como el Día de la Soberanía, una denominación que buscó marcar el cierre de más de dos décadas de presencia militar estadounidense en territorio iraquí. En Bagdad y otras ciudades se realizaron actos militares y concentraciones públicas - Foto: Archivo/Marine Corps

Irak convirtió el 30 de septiembre de 2026 en una jornada de celebración nacional después de que Estados Unidos completara el retiro de sus últimas tropas del país. La salida puso fin a la misión militar de la coalición internacional contra el Estado Islámico y abrió una nueva etapa en las relaciones de seguridad entre Bagdad y Washington.

La jornada fue presentada por las autoridades iraquíes como el Día de la Soberanía, una denominación que buscó marcar el cierre de más de dos décadas de presencia militar estadounidense en territorio iraquí. En Bagdad y otras ciudades se realizaron actos militares y concentraciones públicas.

En las calles de Bagdad y Nayaf se observaron desfiles de las fuerzas de seguridad iraquíes, convoyes militares y actos con banderas nacionales. Las imágenes de la jornada mostraron a ciudadanos celebrando la salida de las fuerzas extranjeras junto a integrantes de los organismos de seguridad.

La celebración coincidió con la salida de los últimos militares estadounidenses desde la base aérea de Erbil, en la región autónoma del Kurdistán iraquí. El Pentágono confirmó que las tropas y los equipos habían completado una retirada que calificó de ordenada.

Con ese movimiento terminó formalmente la Operación Inherent Resolve en Irak, la misión creada en 2014 para combatir al Estado Islámico. La operación había reunido a Estados Unidos y a una coalición internacional después de que el grupo yihadista conquistara amplias zonas del territorio iraquí.

El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, encabezó una ceremonia para marcar la salida estadounidense y presentó el momento como el comienzo de una etapa definida por la soberanía del país, el fortalecimiento de sus instituciones y la responsabilidad de las fuerzas iraquíes sobre su propia seguridad.

La celebración tenía además una fuerte carga histórica. Estados Unidos invadió Irak en 2003 para derrocar al régimen de Sadam Husein y retiró sus tropas en 2011. Tres años después regresó a petición del Gobierno iraquí para participar en la guerra contra el Estado Islámico.

La segunda presencia estadounidense comenzó cuando el Estado Islámico había tomado grandes extensiones de Irak, incluida Mosul. La coalición internacional contribuyó a la ofensiva que terminó con el control territorial del grupo en Irak en 2017.

Después de la derrota territorial del califato, el Estado Islámico quedó reducido a células clandestinas que todavía realizan ataques esporádicos. Esa transformación permitió a Washington y Bagdad acordar en 2024 el desmonte progresivo de la misión militar de la coalición.

El calendario estableció que la misión internacional en Irak terminara progresivamente hasta completar la salida durante septiembre de 2026. En agosto, el Gobierno iraquí ya había anunciado que el proceso debía concluir el 30 de septiembre.

Para Estados Unidos, la retirada representa la transición de una misión militar de guerra a una relación bilateral de seguridad. El Pentágono señaló que Washington continuará proporcionando entrenamiento y apoyo de inteligencia a sus socios iraquíes, aunque sin mantener tropas desplegadas en el país como parte de la operación contra el Estado Islámico.

La salida fue recibida con especial entusiasmo por grupos políticos y milicias iraquíes vinculados a Irán, que durante años reclamaron el retiro de las fuerzas estadounidenses. Para esos sectores, la presencia militar norteamericana había representado una forma de intervención extranjera en Irak.

En distintas manifestaciones aparecieron símbolos asociados con la llamada “resistencia” y con figuras iraníes. La retirada, por tanto, no fue interpretada únicamente como un cambio operativo, sino también como una modificación del equilibrio político y militar dentro de Irak.

El contexto regional añade otra dimensión. La salida estadounidense ocurre mientras Washington mantiene una confrontación abierta con Irán y mientras las milicias aliadas de Teherán conservan una importante capacidad de influencia dentro de Irak. Reuters señaló que el retiro puede modificar el margen de acción de esos grupos.

El Gobierno iraquí enfrenta ahora otro desafío: el futuro de las milicias armadas que operan fuera de las estructuras convencionales del Estado. Bagdad ha buscado que esos grupos entreguen sus armas o se integren plenamente al aparato estatal, pero algunas de las organizaciones más poderosas han rechazado el desarme.

La cuestión es especialmente sensible porque el Gobierno había vinculado inicialmente el retiro estadounidense con un proceso de desarme de los grupos armados no estatales. Algunas milicias aceptaron entregar sus armas, pero otras rechazaron la propuesta o establecieron condiciones para hacerlo.

La región del Kurdistán también observa el cambio con cautela. Allí existe preocupación por la posibilidad de que la reducción de la presencia estadounidense genere un vacío que pueda ser aprovechado por células del Estado Islámico o por grupos armados respaldados por Irán.

Uno de los elementos que más preocupa a algunos responsables de seguridad es la pérdida de capacidades estadounidenses de inteligencia, vigilancia y reconocimiento aéreo. Aunque esas funciones podrán continuar parcialmente mediante cooperación bilateral, ya no estarán respaldadas por la misma presencia militar sobre el terreno.

La retirada también tiene una dimensión estadounidense. El presidente Donald Trump presentó el final de la misión como una victoria y describió la guerra de Irak como un largo conflicto que Washington debía dejar atrás. El Pentágono, por su parte, sostuvo que la operación había cumplido su objetivo de derrotar al Estado Islámico como fuerza militar organizada en Irak.

Así, las celebraciones del 30 de septiembre representan dos procesos simultáneos: para el Gobierno iraquí, el inicio de una etapa en la que sus fuerzas asumen formalmente la responsabilidad principal de la seguridad; para Estados Unidos, el cierre de una misión militar que comenzó en 2014 y que se desarrolló después de la invasión de 2003. La nueva etapa estará marcada por una pregunta central: cómo garantizará Irak su seguridad sin la presencia militar estadounidense y mientras siguen activos el Estado Islámico residual y las milicias vinculadas a Irán.

Etiquetado: