Nairo Quintana: del triunfo que lo descubrió en 2012 al adiós que cerró su historia en 2026

Quintana cruzó aquel corredor humano con una sonrisa. Llevaba el dorsal 81 del Movistar Team y una bicicleta especialmente diseñada para la ocasión. El rojo recordaba su victoria en la Vuelta a España de 2016; el rosa, el Giro de Italia conquistado en 2014; y una línea azul en el tubo superior representaba el camino que recorría en bicicleta cuando era niño para llegar desde su casa hasta la escuela - Foto: Movistar Team

Quintana cruzó aquel corredor humano con una sonrisa. Llevaba el dorsal 81 del Movistar Team y una bicicleta especialmente diseñada para la ocasión. El rojo recordaba su victoria en la Vuelta a España de 2016; el rosa, el Giro de Italia conquistado en 2014; y una línea azul en el tubo superior representaba el camino que recorría en bicicleta cuando era niño para llegar desde su casa hasta la escuela - Foto: Movistar Team

Antes de que comenzaran los 197,9 kilómetros del Giro dell’Emilia, Nairo Quintana atravesó un pasillo formado por bicicletas levantadas por sus compañeros y rivales. El homenaje ocurrió en Ferrara, antes de la salida de la carrera que terminaría en Bolonia, y convirtió los primeros minutos de la jornada en una despedida colectiva para uno de los corredores colombianos más importantes de las últimas décadas.

Quintana cruzó aquel corredor humano con una sonrisa. Llevaba el dorsal 81 del Movistar Team y una bicicleta especialmente diseñada para la ocasión. El rojo recordaba su victoria en la Vuelta a España de 2016; el rosa, el Giro de Italia conquistado en 2014; y una línea azul en el tubo superior representaba el camino que recorría en bicicleta cuando era niño para llegar desde su casa hasta la escuela.

La escena tenía algo de regreso al origen. El Giro dell’Emilia no era una carrera cualquiera para Quintana. En 2012, cuando apenas tenía 22 años y comenzaba a abrirse paso en el ciclismo europeo, había ganado allí una de las primeras grandes clásicas de su carrera, después de imponerse en la subida final hacia el santuario de San Luca.

Catorce años después, el mismo escenario recibió al corredor para su última competencia profesional. La carrera que en 2012 había servido para anunciar la aparición de un escalador colombiano terminó siendo, en 2026, el lugar elegido para cerrar una trayectoria de 17 temporadas en la élite.

El contraste resume buena parte de la historia de Quintana. En aquel octubre de 2012 era una promesa que comenzaba a llamar la atención en Europa. El 3 de octubre de 2026 era un campeón de 36 años que había ganado dos grandes vueltas, había subido tres veces al podio del Tour de Francia y acumulaba 53 victorias profesionales, 42 de ellas con Movistar.

Su historia europea había comenzado unos años antes, después de competir en Colombia y de ganar el Tour del Porvenir en 2010. Pero fue con Movistar, a partir de 2012, cuando su nombre empezó a adquirir una dimensión internacional. Ese año ganó la Vuelta a Murcia, la Route du Sud, una etapa del Dauphiné y el Giro dell’Emilia.

La victoria en Italia fue especialmente significativa porque llegó después de un trabajo colectivo del equipo español. En la última subida, Quintana quedó junto al italiano Domenico Pozzovivo y atacó en los últimos 600 metros para llegar solo a la meta de San Luca. Era su sexta victoria de aquella temporada.

Un año después ya no era solamente una promesa. En el Tour de Francia de 2013 terminó segundo de la clasificación general, ganó el maillot de mejor joven y se quedó también con la clasificación de la montaña. Con 23 años, había pasado de ser una figura emergente a convertirse en uno de los nombres centrales de la carrera francesa.

El Tour de aquel año también dejó una imagen que marcaría su carrera: la ascensión al Mont Ventoux. Quintana atacó, se acercó al ganador Chris Froome y confirmó que podía disputar una gran vuelta contra los principales corredores del mundo. El segundo puesto final fue la primera de sus tres apariciones en el podio del Tour.

En 2014 llegó la primera gran conquista. Quintana ganó el Giro de Italia y se convirtió en el primer colombiano en conquistar la carrera en su primera participación. Su triunfo llegó después de una edición marcada por la montaña, la lluvia y una dura disputa por la clasificación general.

El Giro también incorporó nuevos colores a su historia. El rosa que apareció años después en la bicicleta de su despedida no era un simple homenaje estético: representaba una de las dos grandes vueltas que consiguió conquistar durante su carrera. La otra, representada por el rojo, llegaría dos años después.

En 2015 volvió a terminar segundo en el Tour de Francia. La carrera estuvo nuevamente dominada por el duelo entre Quintana y Froome, y el colombiano volvió a quedar a las puertas de la camiseta amarilla. Fue el segundo de sus tres podios en París.

Pero 2016 sería el año que completaría una colección que pocos ciclistas han conseguido. Quintana ganó la Vuelta a España y pasó a formar parte del grupo de corredores que habían conseguido subir al podio de las tres grandes vueltas. Aquel triunfo convirtió su nombre en uno de los principales de la generación dorada del ciclismo colombiano.

La Vuelta también dejó una de las victorias que él mismo consideró más importantes de su trayectoria: la llegada a los Lagos de Covadonga. En las carreteras españolas encontró la confirmación definitiva de que su carrera ya estaba inscrita entre las grandes historias del ciclismo latinoamericano.

Después llegaron más victorias. Ganó dos veces la Tirreno-Adriático, además del Tour de Romandía, la Vuelta al País Vasco, la Volta a Catalunya, tres Vueltas a Asturias, dos Vueltas a Burgos y dos ediciones del Tour de la Provence. También consiguió triunfos de etapa en las tres grandes vueltas.

Su palmarés en las grandes vueltas terminó con ocho victorias de etapa: tres en el Giro, tres en el Tour y dos en la Vuelta. En el Tour, además de sus dos segundos puestos, terminó tercero en 2016. Fue también dos veces mejor joven de la carrera francesa.

Pero la carrera de Quintana también tuvo un capítulo mucho más complejo. En 2022, durante su etapa en Arkéa-Samsic, la Unión Ciclista Internacional lo descalificó del Tour de Francia por un resultado adverso por tramadol. El medicamento estaba prohibido por la normativa de la UCI por razones médicas, aunque no estaba incluido entonces en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje. Quintana negó haberlo consumido.

El episodio tuvo consecuencias deportivas. Quintana quedó sin equipo para 2023 y pasó meses intentando encontrar una oportunidad para regresar al pelotón. Finalmente, Movistar volvió a abrirle las puertas y el colombiano regresó al equipo en 2024, donde terminó su carrera profesional.

Su última etapa con Movistar no tuvo los triunfos de sus primeros años, pero sí tuvo un significado diferente. En 2026, Quintana decidió que esa sería su última temporada. En marzo anunció que cada carrera que disputara durante el año sería una especie de último baile.

Durante buena parte de la temporada, la posibilidad más simbólica parecía ser la Vuelta a España. En 2016 había ganado allí y, diez años después, quería volver para despedirse. Pero Movistar decidió no incluirlo en su selección para la última gran vuelta del año.

Quintana reconoció que le hubiera gustado cerrar su carrera en España, pero también explicó que la decisión correspondía a la dirección deportiva y que estaba relacionada con la composición de los equipos y las características de las etapas. Su reacción combinó la decepción personal con el reconocimiento al equipo con el que había construido buena parte de su trayectoria.

La despedida, entonces, cambió de escenario. Antes del Giro dell’Emilia estuvo el Mundial de ruta de Montreal, donde Quintana volvió a vestir el uniforme de Colombia. No pudo completar la prueba y abandonó cuando todavía quedaban cerca de 96 kilómetros para la llegada.

El Mundial fue su última carrera con la selección colombiana. El Giro dell’Emilia sería, en cambio, su último día como corredor profesional. Y nuevamente apareció Italia, el país donde había comenzado a construir su historia internacional y donde consiguió en 2012 una de las victorias que anunciaron lo que vendría.

Esta vez no hubo una última victoria. El italiano Davide Piganzoli ganó la carrera después de 4 horas, 33 minutos y 19 segundos, seguido por Thomas Pidcock y Oscar Onley. Quintana terminó en la posición 48, mientras Juan Felipe Rodríguez fue el mejor colombiano, en el puesto 31.

Pero la clasificación tenía poca importancia para la escena que se había producido antes de la salida. Para Quintana, los últimos 197,9 kilómetros eran menos una batalla por una posición que el recorrido final de una carrera profesional que había comenzado 17 años atrás.

Durante el trayecto volvió a aparecer el significado de aquella bicicleta especial. El rosa y el rojo resumían los dos títulos que marcaron su palmarés; la línea azul trasladaba la memoria hasta Boyacá, hasta los trayectos de adolescencia en los que recorría en bicicleta los 16 kilómetros entre su casa y la escuela y otros tantos de regreso.

El último ascenso a San Luca cerró así una historia que había empezado allí mismo. En 2012, Quintana había atacado en los últimos metros para ganar. En 2026 volvió a subirlo rodeado de corredores que habían crecido viendo sus victorias, sus ataques en la montaña y sus duelos en las grandes vueltas.

La escena más simbólica, sin embargo, había ocurrido antes. Las bicicletas levantadas por el pelotón formaron un pasillo para que Quintana pasara por el centro. Sus hijos estuvieron presentes en la despedida y el colombiano recibió el reconocimiento de compañeros y rivales antes de comenzar la última carrera.

Quintana terminó su carrera con 53 victorias, dos grandes vueltas y tres podios en el Tour. Ganó carreras por etapas en Colombia, Europa y otros escenarios del calendario internacional, y durante años fue uno de los principales referentes de una generación que llevó nuevamente el ciclismo colombiano a las posiciones más altas del mundo.

Su historia también quedó estrechamente vinculada con Movistar. De las 53 victorias que acumuló, 42 llegaron con el equipo español, incluidos sus triunfos en el Giro de Italia y la Vuelta a España. Por eso el último maillot que vistió en competición fue también el mismo con el que había iniciado su ascenso hacia la élite internacional en 2012.

Cuando terminó el Giro dell’Emilia, ya no quedaba ninguna carrera pendiente. El joven que había llegado a San Luca en 2012 para ganar una de sus primeras grandes clásicas había regresado al mismo lugar para decir adiós. Entre una fecha y otra quedaron el Giro de Italia, la Vuelta a España, tres podios en el Tour, decenas de victorias y una carrera atravesada por triunfos, dificultades y regresos.

El círculo, finalmente, quedó cerrado en la misma montaña. San Luca fue el lugar donde Nairo Quintana comenzó a demostrarle al ciclismo europeo quién era aquel escalador llegado desde Cómbita. Catorce años después, fue también el lugar donde dejó la bicicleta en el pelotón, después de la última pedalada de una carrera que ya forma parte de la historia del ciclismo colombiano.

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