Crazy Candy: una historia de emprendimiento, familia y nuevas oportunidades

Donas elaboradas por Crazy Candy, emprendimiento fundado en Bogotá por Julieth Salas - Foto: Cortesía Crazy Candy

Donas elaboradas por Crazy Candy, emprendimiento fundado en Bogotá por Julieth Salas - Foto: Cortesía Crazy Candy

Hay emprendimientos que nacen después de meses de planificación y otros que comienzan cuando la vida obliga a buscar caminos diferentes. Para Eby Marcy Julieth Salas Icabuco, nacida en Bogotá en 1988 y madre de cuatro hijos, Crazy Candy surgió precisamente en uno de esos momentos en los que las necesidades económicas y familiares empezaron a exigir nuevas respuestas.

Julieth ya había tenido un acercamiento a la pastelería y contaba con habilidades culinarias que había fortalecido a través de un programa de formación. Sin embargo, fue durante una etapa de especial presión en su hogar cuando comenzó a preguntarse cómo podía convertir esos conocimientos en una fuente adicional de ingresos. Lo que inicialmente apareció como una alternativa para ayudar a sostener a su familia poco a poco empezó a convertirse en un proyecto propio.

Antes de que las donas ocuparan un lugar central en el emprendimiento, Julieth preparaba brochetas, cupcakes y productos elaborados con gomitas y otros dulces. De esa primera propuesta surgió parte del concepto de Crazy Candy, un nombre que también guarda una historia íntimamente ligada a su experiencia como madre.

Las brochetas de gomitas hicieron parte de los primeros productos con los que Julieth Salas comenzó a desarrollar el concepto de Crazy Candy – Foto: Cortesía Crazy Candy

En aquel momento, su hija mayor atravesaba una etapa de adolescencia y juventud llena de cambios y situaciones nuevas para ambas. Julieth recuerda aquellos años como un periodo intenso, en el que muchas de las experiencias que acompañaba como madre le parecían, en sus propias palabras, “una locura”. Entre los llamados “dulces locos” que comenzaba a preparar y esa experiencia familiar apareció el nombre que finalmente identificaría su negocio.

Un emprendimiento que también transforma

Con el tiempo, Crazy Candy dejó de ser únicamente una respuesta a una necesidad económica. Julieth asegura que el negocio ha contribuido a mejorar la economía de su hogar, pero cuando habla de lo que ha cambiado desde que comenzó a emprender, el dinero es solo una parte de la historia. También habla de confianza, autonomía y de una sensación de empoderamiento que ha ido creciendo junto con cada nuevo paso del proyecto.

Ver sus productos llegar a clientes, participar en espacios de emprendimiento y descubrir que otras personas valoran lo que produce le ha permitido reconocer capacidades que antes no sabía hasta dónde podían llevarla.

Crazy Candy también ha participado en escenarios como el Festival del Pan y el Postre, realizado en el Parque El Country, en Bogotá, donde Julieth tuvo la oportunidad de presentar sus productos junto a otros emprendimientos gastronómicos. Más allá de cualquier reconocimiento, para ella este tipo de experiencias han significado comprobar que un proyecto nacido dentro de su hogar puede encontrar nuevos públicos y ocupar espacios que en algún momento parecían lejanos.

Emprender después de empezar de nuevo

La historia de Julieth tiene además un capítulo que ayuda a comprender por qué Crazy Candy representa tanto para ella. Antes de consolidar el emprendimiento atravesó un proceso de privación de la libertad que marcó varios años de su vida.

Las donas de diferentes sabores y coberturas se han convertido en uno de los productos centrales de Crazy Candy – Foto: Cortesía Crazy Candy

Al terminar esa etapa, recuperar la libertad no significó que todas las dificultades desaparecieran. Julieth señala que quienes han pasado por el sistema penitenciario pueden continuar enfrentándose al etiquetamiento social, a antecedentes que permanecen vinculados a su nombre y a obstáculos adicionales cuando intentan acceder a empleo, programas institucionales, financiación o recursos para comenzar nuevamente.

Para ella, una de las dificultades más importantes ha sido precisamente el acceso a capital que le permita fortalecer su negocio. Como ocurre con muchos pequeños emprendimientos, crecer requiere comprar materias primas, aumentar la capacidad de producción, mejorar la presentación de los productos y encontrar nuevas oportunidades comerciales. Cuando a esas necesidades se suman las barreras que acompañan una historia de privación de la libertad, el camino puede volverse todavía más complejo.

En ese contexto, emprender se convirtió en una manera de construir su propia oportunidad.

Crazy Candy no borra el pasado de Julieth ni pretende hacerlo. Su importancia está precisamente en otro lugar: representa lo que ella está construyendo en el presente y la posibilidad de proyectar algo diferente para el futuro de su familia.

Donas con identidad propia

Hoy, las donas son uno de los productos principales de Crazy Candy. Colores intensos, coberturas, chocolate, frutos secos, galletas y dulces forman parte de una propuesta que conserva algo de aquellos primeros productos con los que comenzó el emprendimiento: la idea de jugar con sabores y presentaciones llamativas.

Una caja de Crazy Candy puede reunir donas cubiertas de chocolate, glaseados de colores, sprinkles o frutos secos junto a pequeños detalles de gomitas que recuerdan el origen del proyecto.

Detrás de esas combinaciones también existe el trabajo cotidiano de un pequeño emprendimiento: calcular costos, comprar ingredientes, producir, empacar, atender pedidos, encontrar clientes y tratar de convertir cada venta en una oportunidad para continuar creciendo.

Para Julieth, hacerlo ha significado mucho más que aprender a comercializar un producto. Ha sido también descubrir que puede construir una actividad económica propia y que las decisiones tomadas después de una etapa difícil pueden abrir caminos que antes no estaban visibles.

Mirar hacia adelante

El crecimiento de Crazy Candy todavía está en construcción. Julieth quiere continuar fortaleciendo el emprendimiento, encontrar nuevos clientes y acceder a oportunidades que le permitan convertirlo en una fuente de ingresos cada vez más estable para su hogar.

Julieth Salas durante la participación de Crazy Candy en el Festival del Pan y el Postre, realizado en el Parque El Country, en Bogotá – Foto: Cortesía Crazy Candy

Su historia también recuerda que hablar de segundas oportunidades implica algo más que decirle a una persona que puede comenzar nuevamente. Para reconstruir un proyecto de vida hacen falta oportunidades reales, acceso a recursos, espacios donde demostrar capacidades y comunidades dispuestas a mirar a las personas también por aquello que están intentando construir.

En el caso de Julieth, ese proceso tiene colores, coberturas de chocolate, gomitas y cajas llenas de donas.

Para quienes estén en Bogotá y quieran conocer Crazy Candy, descubrir sus productos o realizar un pedido, el emprendimiento se encuentra en Instagram como @crazy_candy_6, donde también está disponible su enlace de contacto por WhatsApp.

Quizás esa sea una de las mejores maneras de acercarse a esta historia: conocer primero lo que Julieth está construyendo ahora y, de paso, probar una de sus donas.

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