Las elecciones parlamentarias celebradas este martes en Israel dejaron un panorama político incierto para el primer ministro Benjamín Netanyahu y abrieron interrogantes sobre el futuro de la guerra, la reconstrucción de Gaza y las posibilidades de alcanzar una solución política al conflicto palestino-israelí.
Los primeros sondeos a boca de urna situaron al partido Likud, liderado por Netanyahu, como la principal fuerza individual, pero proyectaron que el bloque de derecha y partidos religiosos que lo respalda obtendría alrededor de 50 escaños en la Knéset, el Parlamento israelí, que tiene 120 integrantes.
El bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y dirigente del partido Yashar, conseguiría entre 51 y 53 escaños, según las distintas estimaciones. Ninguno de los dos sectores alcanzaría por sí solo los 61 puestos necesarios para asegurar una mayoría parlamentaria.
La falta de una mayoría definida anticipa negociaciones entre las distintas fuerzas políticas para determinar quién tendrá la posibilidad de formar el próximo Gobierno. Mientras ese proceso se desarrolla, Netanyahu podría permanecer al frente de un Ejecutivo en funciones, incluso si no logra construir una nueva coalición.
Para los palestinos, el resultado plantea una cuestión que va más allá de la continuidad del actual primer ministro: si un eventual cambio de Gobierno israelí podría modificar las condiciones militares, humanitarias y políticas que afectan a Gaza y Cisjordania.
Gaza, entre la seguridad israelí y la reconstrucción
La guerra en Gaza y las consecuencias de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 han marcado el contexto político en el que se celebraron estos comicios. Sin embargo, la crisis humanitaria y la situación de los palestinos no ocuparon un lugar tan destacado en la campaña como la seguridad nacional, la responsabilidad por los fallos de inteligencia y defensa, y las divisiones internas de la sociedad israelí.
Netanyahu ha defendido una estrategia centrada en impedir que Hamás vuelva a controlar Gaza y en mantener las condiciones de seguridad que Israel considera necesarias para evitar nuevos ataques. Su permanencia en el poder dejaría a los partidos de derecha nacionalista y religiosa en posición de seguir presionando para mantener una política de línea dura frente a los palestinos.
Entre los aliados del primer ministro se encuentran dirigentes que han defendido una presencia militar israelí prolongada en Gaza y que han planteado propuestas controvertidas sobre el futuro de la población palestina y la posibilidad de establecer asentamientos israelíes en el territorio. La influencia de esos sectores dependerá de su representación parlamentaria y de las condiciones que impongan para respaldar un Gobierno.
Una eventual derrota de Netanyahu, sin embargo, tampoco supondría automáticamente el fin de las operaciones militares ni una retirada israelí de Gaza. Eisenkot y otros dirigentes de la oposición también consideran que Hamás no debe conservar el control del territorio y que Israel debe mantener garantías de seguridad. Las diferencias se relacionan, entre otros asuntos, con la estrategia militar, la gestión política posterior a la guerra y la relación con los aliados internacionales.
Por eso, un cambio de primer ministro podría modificar los procedimientos y las prioridades de la política israelí, pero no permite dar por hecho que habrá una transformación inmediata de sus objetivos militares.
El papel de la ayuda humanitaria
Uno de los asuntos que determinarán las consecuencias de las elecciones para la población palestina será el acceso sostenido a alimentos, agua potable, medicamentos, combustible y otros suministros esenciales.
La posibilidad de ampliar la ayuda humanitaria dependerá de las decisiones del Gobierno israelí, de las condiciones de seguridad, de los acuerdos sobre el acceso de los convoyes y de la capacidad de las organizaciones internacionales para distribuir los suministros.
Un Ejecutivo que alcance acuerdos para facilitar el ingreso de ayuda y reducir las restricciones podría contribuir a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Gaza. No obstante, ese resultado requeriría decisiones concretas y mecanismos que garanticen que los suministros lleguen a la población civil.
La reconstrucción también representa un desafío de gran magnitud. La destrucción de viviendas, hospitales, escuelas, redes de agua y otras infraestructuras exige financiación internacional, acceso a materiales y acuerdos que permitan desarrollar obras de manera sostenida.
Las elecciones no resuelven por sí mismas ninguno de esos problemas. La evolución de la situación humanitaria dependerá de las decisiones que adopte el próximo Gobierno, de las condiciones sobre el terreno y de los compromisos que asuman los actores internacionales.
¿Quién gobernaría Gaza después de la guerra?
Otro interrogante es quién administrará Gaza si se alcanza un acuerdo que permita poner fin a las hostilidades y establecer un nuevo sistema de gobierno.
Una de las posibilidades discutidas en el ámbito diplomático es que una administración palestina distinta de Hamás asuma las funciones civiles, con participación o apoyo de actores internacionales. Sin embargo, la composición de esa administración, sus competencias y las condiciones de seguridad que la acompañarían siguen siendo asuntos decisivos.
La Autoridad Palestina, que ejerce competencias administrativas limitadas en partes de Cisjordania, aparece en el debate sobre una posible estructura de gobierno palestina para Gaza. Su eventual participación dependería de los acuerdos políticos y de las condiciones que impongan Israel y los demás actores involucrados.
Eisenkot podría estar dispuesto a explorar fórmulas distintas para la administración de Gaza y para la relación con los socios internacionales. Sin embargo, sus posiciones sobre la seguridad israelí y la necesidad de impedir que Hamás conserve el poder no equivalen a una propuesta de retirada incondicional de las fuerzas israelíes.
Por su parte, Netanyahu ha defendido que el futuro del territorio debe impedir que Hamás vuelva a representar una amenaza para Israel. La forma en que se traduzca ese objetivo en un sistema de gobierno, control territorial y seguridad seguirá siendo uno de los principales puntos de controversia.
La diferencia entre una administración palestina con competencias reales y una estructura sometida a un control externo permanente sería fundamental. La primera podría abrir espacio para la reconstrucción de las instituciones palestinas; la segunda mantendría importantes límites a su autonomía política.
Cisjordania y los asentamientos israelíes
Las consecuencias de las elecciones también se extenderán a Cisjordania, territorio palestino ocupado donde la expansión de los asentamientos israelíes constituye uno de los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo territorial.
La coalición de Netanyahu ha dependido de partidos nacionalistas religiosos que defienden la expansión de los asentamientos y, en algunos casos, la anexión de territorios palestinos. La representación que conserven esas formaciones influirá en la capacidad del próximo Gobierno para mantener o modificar esas políticas.
Eisenkot ha planteado posiciones críticas frente a determinadas expansiones de asentamientos y a la violencia de colonos israelíes. No obstante, sus propuestas no implican el desmantelamiento general de los asentamientos ni un compromiso inequívoco con la retirada israelí de todos los territorios ocupados.
La continuidad de la expansión territorial podría dificultar aún más la creación de un Estado palestino con fronteras viables y continuidad geográfica. La fragmentación de Cisjordania, las restricciones a la movilidad y las disputas sobre el control del territorio son factores que inciden directamente en esa posibilidad.
Por esa razón, cualquier evaluación del impacto de las elecciones sobre Palestina deberá observar no solo las decisiones relacionadas con Gaza, sino también las medidas que adopte el nuevo Ejecutivo frente a los asentamientos, la violencia en Cisjordania y las competencias de las autoridades palestinas.
El Estado palestino, el principal interrogante político
Más allá de las diferencias entre los candidatos, la posibilidad de establecer un Estado palestino independiente continúa enfrentando importantes obstáculos en la política israelí. Las posiciones expresadas por los principales dirigentes durante la campaña no permiten anticipar un giro decisivo hacia la solución de dos Estados, que contempla la coexistencia de Israel y Palestina como entidades soberanas.
Netanyahu ha rechazado la creación de un Estado palestino soberano que, a su juicio, pueda representar una amenaza para la seguridad israelí. Eisenkot, pese a sus diferencias con el primer ministro en asuntos de gestión y seguridad, tampoco ha presentado una propuesta clara de reconocimiento de un Estado palestino independiente.
Ese panorama significa que un cambio de Gobierno podría modificar la estrategia militar, la administración de Gaza o las relaciones diplomáticas, sin que necesariamente se produzca un avance equivalente en materia de autodeterminación palestina.
La incertidumbre después de las urnas
Los partidos árabes israelíes, que representan a una parte importante de la ciudadanía árabe del país, podrían desempeñar un papel decisivo en las negociaciones para formar Gobierno. Las proyecciones les atribuyen entre 17 y 18 escaños, aunque su participación en una eventual coalición opositora enfrenta resistencias políticas.
La formación del próximo Ejecutivo será, por tanto, determinante para conocer si Israel mantiene la orientación política de los últimos años o adopta cambios en algunos de los asuntos que afectan a los palestinos. Mientras se resuelve esa disputa, las proyecciones electorales no constituyen una garantía de cambios sobre el terreno.
Para Gaza, los indicadores más relevantes serán la evolución de las operaciones militares, la entrada de ayuda humanitaria, el alcance de la reconstrucción y las condiciones en las que pueda establecerse una administración palestina. En Cisjordania, habrá que observar las decisiones sobre asentamientos, seguridad y control territorial.
El resultado de las elecciones israelíes abre un periodo de incertidumbre, pero no garantiza un cambio de fondo para Palestina. La posibilidad de una nueva estrategia hacia Gaza dependerá de la coalición que logre gobernar y de las decisiones que adopte; la creación de un Estado palestino, por su parte, continúa sin contar con un compromiso claro de los principales candidatos israelíes.






