La propuesta de crear el FIFA Forward Enterprise (FFE) abrió un nuevo frente de tensión entre la FIFA y varias de las principales organizaciones del fútbol mundial. El 29 de julio de 2026, la UEFA y la Concacaf divulgaron comunicados en los que cuestionaron la iniciativa impulsada por el presidente Gianni Infantino, principalmente por la falta de consulta, la rapidez del proceso y la posibilidad de incorporar inversión privada en los activos comerciales de la entidad. La propuesta planteaba crear una subsidiaria controlada por la FIFA para concentrar sus operaciones comerciales y de eventos, con el objetivo de captar hasta 4.200 millones de dólares mediante la venta de participaciones minoritarias y no controlantes.
La UEFA rechazó de manera contundente la posibilidad de transferir participaciones relacionadas con la Copa Mundial y otros torneos de la FIFA a inversionistas privados. La confederación europea sostuvo que el Mundial no debía ser tratado como un producto de inversión y advirtió que sus principales activos deportivos forman parte de un legado construido durante generaciones por jugadores, selecciones y aficionados.
El organismo europeo también cuestionó que una propuesta de tal magnitud hubiera sido elaborada sin una consulta significativa con las organizaciones responsables de administrar el fútbol. Para la UEFA, el problema no se limitaba al modelo financiero, sino que involucraba la forma en que se había tomado la decisión y el posible impacto sobre la gobernanza del deporte.
La Concacaf, por su parte, reunió a los presidentes de sus 41 asociaciones miembro para analizar la iniciativa. Tras el encuentro, expresó una profunda preocupación por la ausencia de un procedimiento institucional claro, el corto plazo planteado para adoptar una decisión y la falta de revisión o aprobación previa por parte de los órganos de gobierno de la FIFA.
La confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe señaló que el fútbol debía mantenerse por encima de los intereses comerciales y defendió principios como la transparencia, la rendición de cuentas y la administración responsable de los principales activos del deporte. Su posición mostró que el rechazo al FFE no se limitaba a Europa y que la propuesta había generado inquietudes en otras regiones.
La FIFA defendió el proyecto al señalar que el FFE sería una empresa de propiedad y control de la organización, mientras que las participaciones ofrecidas a inversionistas serían minoritarias y no otorgarían poder sobre la gobernanza, las competencias, el calendario internacional ni las decisiones deportivas. La entidad afirmó que los recursos obtenidos serían reinvertidos en el desarrollo del fútbol y que el proyecto requeriría el respaldo de las asociaciones miembro y las aprobaciones correspondientes.
Sin embargo, el choque con la UEFA no surgió únicamente por el FFE. La relación entre ambas entidades ya venía deteriorándose por las diferencias sobre la expansión de los torneos internacionales, el aumento de partidos y el impacto del calendario de la FIFA sobre las competiciones nacionales y continentales. Las ligas europeas habían cuestionado lo que consideraban decisiones unilaterales y habían llevado sus reclamos ante las instituciones europeas por posibles efectos sobre la competencia y el equilibrio del fútbol.
Otro episodio que aumentó la tensión ocurrió durante el Mundial de 2026, cuando la FIFA suspendió la sanción automática que debía cumplir el delantero estadounidense Folarin Balogun tras recibir una tarjeta roja. La UEFA calificó la decisión de inédita, incomprensible e injustificable y advirtió que la alteración de una regla clara podía afectar la integridad y la credibilidad de la competencia.
Las diferencias también se relacionan con la creciente influencia política y comercial de la FIFA, la expansión del Mundial y las discusiones sobre la autonomía de las confederaciones. Desde Europa existe preocupación por que la ampliación de las competencias internacionales reduzca el espacio de los torneos nacionales y continentales, incremente la carga de partidos y concentre una mayor parte de los ingresos y las decisiones en la estructura dirigida por Infantino.
Los comunicados de UEFA y Concacaf reflejaron así una disputa más amplia sobre el modelo de gobierno del fútbol mundial. Aunque la FIFA presentó el FFE como una herramienta para aumentar la financiación de las asociaciones y ampliar la inversión en el deporte, sus críticos consideraron que la falta de consulta y la apertura a capital privado podían alterar la naturaleza de los principales activos futbolísticos. El episodio profundizó una relación ya desgastada entre la FIFA y la UEFA y dejó en evidencia la disputa por el control económico, institucional y deportivo del fútbol internacional.






