La llegada a Cali de una delegación de rescatistas israelíes para apoyar las labores de búsqueda tras el terremoto de magnitud 7,4 abrió un nuevo capítulo de la controversia sobre la ayuda internacional recibida por Colombia. El equipo llegó el viernes 14 de agosto, cuatro días después del sismo, y entre las personas que comenzaron a aparecer públicamente junto a la misión estaba Roni Kaplan, una figura ampliamente conocida por su papel como portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) para el público hispanohablante.
La presencia de Kaplan generó cuestionamientos porque su trayectoria está estrechamente vinculada a la comunicación militar israelí. Kaplan, nacido en Montevideo, Uruguay, cumplió servicio militar en Israel y posteriormente trabajó en áreas de economía y estrategia antes de convertirse en una de las principales voces de las FDI para América Latina. Durante años explicó en español las posiciones del Ejército israelí frente a los conflictos de Medio Oriente.
La delegación israelí llegó a Colombia en un avión de la Fuerza Aérea de Israel y está integrada por decenas de militares, rescatistas, ingenieros y especialistas. Algunas informaciones sitúan el contingente en 82 integrantes, en su mayoría reservistas, bajo el mando del brigadier general Yossi Pinto. La misión fue enviada para apoyar las labores de búsqueda y rescate en las zonas afectadas por el terremoto.
Kaplan ha tenido un papel visible en la comunicación de la misión. Desde Cali ha difundido imágenes y reportes sobre los trabajos realizados junto con organismos colombianos. En uno de sus mensajes informó sobre las labores en los restos de un edificio ubicado en el sur de la ciudad, donde los equipos buscaban recuperar víctimas entre los escombros.
El portavoz también destacó la colaboración con los organismos locales. Según relató, los israelíes estaban trabajando junto con bomberos, Ejército y autoridades colombianas para enfrentar las consecuencias del terremoto. Esa interacción ha permitido mostrar a la delegación no como un grupo que opera de manera aislada, sino como un contingente incorporado a las tareas de emergencia en Cali.
Sin embargo, la discusión no se limita a la utilidad de los rescatistas. La controversia se explica, en buena medida, por el perfil de Kaplan y por el contexto político en el que llegó la misión. Su presencia ocurre después de varios días de debate sobre qué países debían ser autorizados para enviar equipos de búsqueda y rescate y cuáles eran los criterios utilizados por el Gobierno colombiano para aceptar esa ayuda.
La decisión de permitir el ingreso del equipo israelí había sido defendida por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres bajo el argumento de que se trataba de un grupo acreditado, autónomo y con capacidades reconocidas internacionalmente. En el mismo marco, Colombia aceptó equipos provenientes de Estados Unidos y Ecuador, mientras estableció reparos frente a otros grupos que no cumplían, según las autoridades, los requisitos técnicos exigidos.
Ese filtro generó críticas desde distintos sectores. Uno de los cuestionamientos más fuertes vino del expresidente Gustavo Petro, quien cuestionó que la delegación israelí estuviera compuesta por militares. La polémica llegó a tal punto que Kaplan respondió públicamente a las críticas y defendió el carácter humanitario de la misión.
Kaplan respondió que los integrantes de la delegación eran “soldados de Paz” y defendió su participación en las labores de rescate. También sostuvo que Israel actuaba de acuerdo con el derecho internacional humanitario y afirmó que su país estaba con Colombia frente a la tragedia.
El intercambio convirtió a Kaplan en uno de los rostros de la controversia. Su condición de militar y antiguo portavoz de las FDI hace que sus declaraciones tengan una carga política distinta a la de un funcionario estrictamente dedicado a la atención de desastres. Para sus críticos, resulta difícil separar su presencia de su trayectoria como defensor público de las posiciones de Israel.
La discusión se vuelve todavía más sensible por el papel que Kaplan desempeñó durante la guerra entre Israel y Hamás. Durante años fue una de las voces encargadas de explicar las operaciones israelíes ante los medios internacionales en español. Su exposición pública lo convirtió en una figura reconocible y también controvertida entre quienes cuestionan la actuación militar israelí en Gaza.
Al mismo tiempo, sus defensores sostienen que esa trayectoria no invalida la capacidad de los equipos israelíes para prestar asistencia en una catástrofe. La delegación llegó con especialistas entrenados para operaciones de búsqueda y rescate y se incorporó a trabajos concretos en Cali. En este caso, la discusión sobre Kaplan convive con una realidad operativa: los equipos israelíes están participando en la extracción y recuperación de víctimas junto con organismos colombianos.
La controversia también refleja el debate que se produjo durante los primeros días del terremoto sobre la supuesta dimensión ideológica de la selección de ayuda internacional. Mientras el Gobierno sostiene que la autorización respondió a criterios técnicos y de certificación, sectores críticos han señalado que algunos de los países cuyos equipos fueron aceptados mantienen una relación política más cercana con la nueva administración colombiana. La llegada de la misión israelí volvió a poner esa discusión en primer plano.
El caso de Kaplan agrega además una dimensión comunicativa. Desde Cali, el antiguo portavoz militar israelí se convirtió en una de las principales caras públicas de la delegación, difundiendo información sobre las operaciones y defendiendo la decisión de Israel de enviar ayuda. Su presencia permite a Israel mostrar directamente su participación en la respuesta colombiana, pero al mismo tiempo expone a la misión a las controversias que acompañan la trayectoria política y militar de su vocero.
Por ahora, el trabajo de los rescatistas israelíes continúa concentrado en las zonas afectadas de Cali. El equipo trabaja junto con autoridades colombianas mientras avanza la búsqueda entre estructuras colapsadas.
La polémica alrededor de Roni Kaplan, por tanto, tiene dos dimensiones que difícilmente pueden separarse. Una es humanitaria: la capacidad de los equipos israelíes para contribuir a las operaciones de rescate. La otra es política: la presencia de un militar y portavoz histórico de Israel en medio de una emergencia colombiana que ya estaba atravesada por el debate sobre la selección de la ayuda internacional. Mientras los rescatistas trabajan entre los escombros, Kaplan se ha convertido también en el rostro visible de esa controversia.






