El regreso de BTS después de casi cuatro años de actividad como grupo completo tiene un nombre que va mucho más allá de la industria musical. Su quinto álbum de estudio se llama ARIRANG, como una de las expresiones más reconocibles de la cultura coreana. El disco fue lanzado el 20 de marzo de 2026, con 14 canciones, y marcó el regreso de los siete integrantes después de la pausa asociada, entre otros factores, al servicio militar obligatorio.
La elección del nombre conecta la historia personal de BTS con una tradición musical que tiene varios siglos de antigüedad. Arirang no es una canción con un autor único ni existe una sola versión definitiva: se calcula que hay unas 60 variantes y más de 3.600 versiones de sus letras.
Su origen exacto tampoco está completamente establecido. Existen diferentes teorías sobre el nacimiento del término y de la melodía, algunas vinculadas con personajes históricos y otras con tradiciones populares. Por eso, atribuirle una traducción literal y definitiva sería simplificar una historia mucho más compleja.
Lo que sí está claro es su antigüedad y su arraigo. La canción ha pasado de generación en generación y se convirtió en un vehículo para expresar sentimientos como la nostalgia, la separación, el dolor, el amor y la esperanza.
En la cultura coreana existe además el concepto de han, una emoción difícil de traducir directamente que combina sufrimiento, pérdida, nostalgia y resistencia. Arirang ha sido relacionada con esa experiencia colectiva, aunque sus significados cambian según la región, la versión y el contexto en que se interpreta.
Para entender la dimensión histórica que tiene el nombre escogido por BTS hay que retroceder al siglo XX. Corea quedó bajo dominio colonial japonés en 1910, después de un proceso de expansión imperial que había comenzado años antes, y permaneció bajo administración japonesa hasta 1945.
Ese periodo coincidió en su tramo final con la Segunda Guerra Mundial. Japón formó parte de las potencias del Eje y, durante la guerra, intensificó la movilización de recursos y población de los territorios que controlaba.
Para los coreanos, la Segunda Guerra Mundial no fue un conflicto distante ocurrido solamente en Europa y el Pacífico. Corea estaba incorporada al Imperio japonés y experimentó políticas de explotación, movilización laboral y militar, represión política y esfuerzos de asimilación cultural.
La ocupación había impuesto desde décadas antes fuertes restricciones sobre la expresión de la identidad coreana. Durante la guerra, esas políticas de asimilación se intensificaron y el régimen colonial promovió el uso del japonés y otras medidas destinadas a integrar a los coreanos dentro de la estructura imperial japonesa.
En ese contexto, una canción tradicional como Arirang adquirió un significado que iba mucho más allá de su origen folclórico. Su estructura sencilla permitía modificar las letras y adaptarlas a circunstancias diferentes, incluida la experiencia de la dominación colonial.
Esto resulta fundamental para entender su relación con la resistencia. Arirang no nació como una canción contra Japón. Ya existía antes de la colonización y sus primeras funciones estaban relacionadas con experiencias populares mucho más amplias.
Fue el contexto colonial el que permitió que algunas de sus versiones se transformaran en expresiones de resistencia. Investigaciones históricas han documentado versiones que contenían referencias contra las autoridades japonesas y que fueron objeto de censura.
Uno de los momentos decisivos ocurrió en 1926, cuando el director y actor coreano Na Woon-gyu estrenó la película Arirang. La producción estaba ambientada en el contexto posterior al Movimiento del Primero de Marzo de 1919, una de las grandes movilizaciones independentistas contra el dominio japonés.
La película contaba la historia de un coreano que había sufrido represión por parte de las autoridades japonesas. La canción aparecía asociada a esa historia y contribuyó a consolidar su vínculo con el sufrimiento y la resistencia nacional.
La importancia de aquella película fue enorme porque convirtió una melodía conocida en una referencia cultural asociada a la experiencia colonial. Arirang podía expresar aquello que no siempre podía decirse abiertamente bajo un régimen represivo.
La canción adquirió así una particular capacidad para hablar de la pérdida sin necesidad de nombrarla directamente. La separación de dos personas podía representar también la separación de una comunidad de su tierra, de su cultura o de su soberanía.
Durante las décadas de 1930 y 1940, precisamente cuando Japón profundizó las políticas de asimilación en Corea, ocurrió además una paradoja. La misma canción que podía funcionar como símbolo de resistencia fue grabada y difundida también por artistas y compañías discográficas japonesas.
El historiador E. Taylor Atkins ha estudiado esa doble trayectoria de Arirang: mientras algunas versiones eran asociadas con la resistencia coreana y podían ser censuradas, otras circularon dentro de la industria cultural del propio Imperio japonés. La canción terminó funcionando como un espejo de experiencias diferentes de pérdida y transformación.
La Segunda Guerra Mundial marcó el tramo final de ese periodo. Cuando Japón fue derrotado en agosto de 1945, Corea dejó de estar bajo dominio colonial y comenzó un nuevo capítulo de su historia.
Pero la liberación no significó el regreso inmediato a una Corea unificada. La península quedó dividida en zonas de ocupación soviética y estadounidense y, después de la Guerra de Corea, la separación entre Corea del Norte y Corea del Sur se convirtió en una realidad política permanente.
Ese dato también explica por qué Arirang tiene un significado particular en la historia contemporánea coreana. La canción sobrevivió a la colonización, a la Segunda Guerra Mundial, a la división de la península y a la guerra que siguió, convirtiéndose en uno de los pocos símbolos culturales compartidos por las dos Coreas. Tanto Corea del Sur como Corea del Norte han inscrito variantes de Arirang en las listas de patrimonio cultural inmaterial de la Unesco.
La canción incluso ha sido utilizada en momentos en que las dos Coreas han buscado representar una identidad común. En los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 y Pyeongchang 2018, cuando deportistas del Norte y del Sur desfilaron juntos, Arirang fue utilizada como referencia cultural compartida en lugar de los himnos nacionales de cada Estado.
Ese recorrido histórico ayuda a explicar la decisión de BTS. BigHit Music presentó Arirang como una expresión de las raíces, los comienzos y las historias internas del grupo, además de relacionarlo con emociones como el anhelo y el amor profundo.
Los propios integrantes explicaron que los elementos coreanos fueron deliberados. En entrevistas por el lanzamiento, señalaron que la identidad coreana era un elemento importante para los siete y que querían reinterpretar esos componentes sin perder la identidad musical de BTS. Jimin, además, reconoció que elegir Arirang implicaba responsabilidad porque es una palabra y una canción que los coreanos conocen desde la infancia.
La elección también funciona en otro nivel: el de la separación y el reencuentro. La historia de BTS estuvo marcada por años en los que los integrantes desarrollaron proyectos individuales y cumplieron con sus obligaciones militares antes de regresar como grupo completo.
Por eso, el nombre puede conectar dos historias distintas. Por un lado está la memoria de una sociedad que atravesó ocupación, guerra, división y pérdida. Por otro, la experiencia de siete músicos que estuvieron separados durante años y regresaron juntos a un escenario mundial.
El significado de Arirang para BTS, sin embargo, no debe reducirse a la resistencia contra Japón ni a la Segunda Guerra Mundial. Su fuerza cultural procede precisamente de que ha podido representar diferentes experiencias de dolor, separación y esperanza a lo largo de los siglos.
Así, cuando BTS utiliza ARIRANG como título de su nuevo álbum, toma una palabra que ya contiene buena parte de la memoria cultural de Corea: una melodía que sobrevivió al colonialismo, que fue reinterpretada durante la guerra, que acompañó la construcción de una identidad nacional y que continuó siendo compartida incluso después de la división de la península.
El álbum convierte entonces una tradición local en el punto de partida de un fenómeno global. Para millones de seguidores que quizá conocen a BTS antes que la historia coreana, ARIRANG puede funcionar como una puerta hacia esa memoria: la de un país que transformó una canción sobre la separación en una de sus principales expresiones de identidad, resistencia y esperanza.






