El Campín, entre los conciertos, los partidos aplazados y la disputa judicial por el terreno

La controversia tiene dos dimensiones. Por un lado, Millonarios e Independiente Santa Fe deben ajustar sus calendarios a los cierres del estadio por el montaje y desmontaje de escenarios, así como a los trabajos de recuperación de la gramilla. Por otro, los familiares de Nemesio Camacho cuestionan judicialmente el proyecto de transformación de El Campín y sostienen que desconoce las condiciones de la donación del terreno - Foto: Archivo/Ronald Cano

La controversia tiene dos dimensiones. Por un lado, Millonarios e Independiente Santa Fe deben ajustar sus calendarios a los cierres del estadio por el montaje y desmontaje de escenarios, así como a los trabajos de recuperación de la gramilla. Por otro, los familiares de Nemesio Camacho cuestionan judicialmente el proyecto de transformación de El Campín y sostienen que desconoce las condiciones de la donación del terreno - Foto: Archivo/Ronald Cano

El estadio Nemesio Camacho El Campín, principal escenario del fútbol bogotano, enfrenta una discusión que va más allá de la programación deportiva. Los conciertos previstos para el cierre de 2026, los aplazamientos de partidos y la demanda presentada por los herederos de la familia Camacho contra el proyecto administrado por Sencia ponen en cuestión el equilibrio entre el uso deportivo del terreno y su explotación comercial.

La controversia tiene dos dimensiones. Por un lado, Millonarios e Independiente Santa Fe deben ajustar sus calendarios a los cierres del estadio por el montaje y desmontaje de escenarios, así como a los trabajos de recuperación de la gramilla. Por otro, los familiares de Nemesio Camacho cuestionan judicialmente el proyecto de transformación de El Campín y sostienen que desconoce las condiciones de la donación del terreno.

La discusión tomó fuerza con la llegada de BTS a Bogotá, cuyos conciertos se realizaron el 2 y 3 de octubre. Para preparar el espectáculo, el estadio cerró desde el 23 de septiembre y, según el cronograma comunicado por Sencia, permanecería sin actividad futbolística hasta el 16 de octubre, periodo que incluyó el desmontaje de las estructuras y el mantenimiento profundo del césped.

El cierre tuvo consecuencias para los equipos de la capital. Santa Fe debió buscar otro escenario para sus compromisos y la programación de Millonarios también sufrió modificaciones. La situación volvió a poner sobre la mesa la dificultad de coordinar una agenda de espectáculos que exige varios días de preparación con una competencia futbolística que depende de la disponibilidad de la cancha.

Uno de los encuentros afectados fue Millonarios contra Once Caldas, correspondiente a la Liga BetPlay. El partido, inicialmente previsto para el 13 de octubre, fue reprogramado para el 20 de octubre, de acuerdo con el seguimiento publicado por La FM. El cambio se produjo en medio de la incertidumbre sobre la fecha efectiva de reapertura del estadio y la recuperación de la gramilla.

Santa Fe también quedó condicionado por el cierre. Primero, el partido por Copa BetPlay para el 11 de octubre se tuvo que mover al estadio de Mosquera, Cundinamarca. También su partido contra Jaguares, previsto inicialmente para el 14 de octubre, está sujeto a cambios de escenario o reprogramación, mientras el club debía resolver dónde disputar sus compromisos durante la intervención del campo. La situación evidenció que la disponibilidad del estadio no depende únicamente de que termine un concierto, sino de que el terreno vuelva a cumplir las condiciones exigidas para el fútbol profesional.

Ya antes el Santa Fe Femenino se vio afectado por esta situación. Ya que el partido de ida de la final de la Liga BetPlay Femenina se tuvo que jugar en Tunja. Actualmente cursa una tutela que espera que Sencia pida disculpas públicas acerca de este partido trasladado.

El problema no termina con la reapertura anunciada para octubre. La agenda musical del último trimestre incluye nuevos espectáculos que obligan a considerar con anticipación los tiempos de montaje, desmontaje y mantenimiento. Entre ellos está el concierto de Fonseca, programado para el 24 de octubre, que vuelve a poner bajo presión la planificación deportiva del escenario.

Después de Fonseca, el calendario contempla a Ryan Castro el 31 de octubre y a Los Tigres del Norte el 7 de noviembre. La programación también incluye el festival Megaland, el 20 de noviembre, y el evento vallenato Juntos de Nuevo, el día 21. Para diciembre están previstas tres presentaciones de Karol G, entre el 4 y el 6. Las fechas fueron reportadas por Noticias RCN.

La cercanía entre algunos espectáculos puede reducir los periodos disponibles para disputar partidos, en especial durante las fases finales de la Liga BetPlay y la Copa BetPlay. Los cuadrangulares semifinales requieren una programación concentrada, mientras que los compromisos de eliminación directa pueden necesitar fechas adicionales. Si Millonarios o Santa Fe avanzan en ambas competiciones, la disponibilidad de El Campín podría convertirse en un factor determinante.

El calendario ya muestra algunos ajustes. Millonarios contra América de Cali, por la Liga BetPlay, fue trasladado al 3 de noviembre, mientras Santa Fe contra Deportivo Pasto aparece programado para el 9 de noviembre. Estos cambios ilustran cómo los compromisos deportivos deben acomodarse a una agenda cultural que se anuncia con meses de anticipación y que exige periodos de preparación y recuperación del escenario.

Sencia ha sostenido que los cierres y las labores de mantenimiento responden a una programación previa y a las condiciones de operación del estadio. La empresa también ha señalado que los clubes y las autoridades distritales conocían las fechas de indisponibilidad. Santa Fe, por su parte, cuestionó la manera en que se manejó el cierre previo a BTS y la imposibilidad de utilizar el escenario para algunos encuentros.

Uno de los puntos centrales del debate es la gramilla. El montaje de grandes escenarios implica cubrir y someter partes del campo a cargas que pueden afectar el césped y el suelo. Por eso, después de un espectáculo no basta con retirar las estructuras: se requieren labores de aireación, descompactación, fertilización y revisión de las zonas deterioradas, además de evaluaciones que permitan establecer si el terreno está en condiciones de recibir un partido.

En el caso de BTS, Sencia anunció una intervención profunda que incluye la recuperación del suelo y la renovación de las áreas que no puedan restablecerse. La empresa debe verificar que el campo tenga condiciones adecuadas antes de autorizar su uso deportivo. La fecha de entrega anunciada, por tanto, no equivale por sí sola a una garantía de que el terreno esté listo para competir, y cualquier cambio debe reflejarse en la programación oficial.

Sin embargo, la controversia alrededor de El Campín no se limita al calendario de los equipos ni al estado del césped. El proyecto para transformar el estadio en un complejo de mayor escala también enfrenta cuestionamientos judiciales por la destinación de los terrenos y por la incorporación de usos comerciales e inmobiliarios en el predio.

El origen de esa disputa se remonta a 1938, cuando Nemesio Camacho donó al Distrito los terrenos en los que se construyó el estadio. De acuerdo con la información publicada por Infobae, la donación contemplaba que el predio se destinara a fines deportivos, condición que hoy constituye uno de los argumentos centrales de los herederos para cuestionar el proyecto de renovación.

El 20 de agosto de 2026, los herederos de la familia Camacho presentaron una demanda de controversias contractuales ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca. La acción judicial busca que se determine si el proyecto actual cumple las condiciones establecidas en la donación y si el uso previsto para el terreno se ajusta a su destinación original.

La demanda fue precedida por una audiencia de conciliación convocada por la Procuraduría General de la Nación el 6 de agosto, en la que participaron los herederos, el Distrito, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) y Sencia. La reunión terminó sin acuerdo, por lo que el conflicto pasó a la instancia judicial.

Entre las pretensiones de los demandantes está que se declare un incumplimiento de las condiciones de la donación y que se ajuste el proyecto para garantizar la destinación deportiva del terreno y preservar el nombre histórico del estadio. También cuestionan la incorporación de actividades comerciales e inmobiliarias. En caso de que no sea posible restablecer esas condiciones, solicitan la resolución de la donación y la restitución del inmueble o, subsidiariamente, el pago de su valor comercial.

La reclamación no constituye una decisión judicial definitiva. Corresponde al Tribunal Administrativo de Cundinamarca estudiar los argumentos, examinar los documentos y establecer si las condiciones de la donación fueron vulneradas. Por ahora, el proceso mantiene abierto un debate sobre la compatibilidad entre el proyecto de renovación, los usos comerciales y la destinación que los demandantes atribuyen al terreno.

La discusión también se relaciona con el futuro del nuevo estadio. El proyecto contempla una transformación de la infraestructura y la incorporación de espacios destinados a distintas actividades, además del fútbol. La iniciativa busca ampliar la oferta de servicios y espectáculos, pero sus detractores cuestionan si ese modelo es compatible con las restricciones que, según ellos, acompañan la donación de 1938.

A la controversia judicial se suman cuestionamientos sobre los tiempos del proyecto y los trámites pendientes para comenzar las obras principales. En septiembre, la concejal Heidy Sánchez advirtió sobre retrasos administrativos y varios frentes judiciales relacionados con la Asociación Público-Privada. Según la información recogida por Infobae, la validación del estudio de tránsito ante la Secretaría Distrital de Movilidad seguía pendiente para dar inicio formal a la fase de construcción.

En este escenario, los conciertos y el fútbol representan dos fuentes de actividad para un mismo recinto. Los espectáculos requieren periodos exclusivos para instalar estructuras, realizar pruebas técnicas y desmontar equipos; los clubes, en cambio, necesitan una cancha disponible y en condiciones adecuadas durante una temporada con fechas establecidas por la Dimayor. La dificultad está en conciliar ambas actividades sin que los cambios recaigan de manera recurrente sobre la competencia deportiva.

La agenda musical puede conocerse con anticipación, pero la participación de los clubes en las fases finales de los campeonatos no se define con la misma certeza. Esa diferencia complica la planificación, pues los organizadores de conciertos trabajan con compromisos comerciales previos, mientras que los equipos necesitan asegurar escenarios para partidos cuya importancia aumenta a medida que avanzan los torneos.

Por eso, el debate sobre El Campín exige algo más que señalar que los conciertos desplazan al fútbol. Es necesario conocer las condiciones del contrato de concesión, los compromisos adquiridos con los promotores, las obligaciones de mantenimiento y las reglas que determinan la prioridad de uso del estadio. También resulta fundamental establecer qué alternativas se ofrecen a los equipos cuando el escenario no está disponible y quién asume las consecuencias deportivas y económicas de esos cambios.

La pregunta de fondo es si el modelo de administración de El Campín logra compatibilizar la explotación comercial del estadio con su función deportiva y con las condiciones jurídicas del terreno. Mientras Millonarios y Santa Fe ajustan sus calendarios a los cierres y las labores de mantenimiento, los herederos de Nemesio Camacho esperan que la justicia determine si el proyecto respeta la destinación de los terrenos donados en 1938. El desenlace de ambas discusiones definirá, en buena medida, cómo se administrará uno de los escenarios más importantes de Bogotá.

Etiquetado: