María Corina Machado cuestiona la estrategia de Trump en Venezuela, pero le pide terminar el trabajo

Machado denunció que Estados Unidos no la incluyó en las conversaciones celebradas en Caracas entre el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y otra facción opositora. La dirigente considera que el proceso se desarrolla sin la participación directa de una de las principales figuras de la oposición venezolana - Foto: Kevin Payravi

Machado denunció que Estados Unidos no la incluyó en las conversaciones celebradas en Caracas entre el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y otra facción opositora. La dirigente considera que el proceso se desarrolla sin la participación directa de una de las principales figuras de la oposición venezolana - Foto: Kevin Payravi

María Corina Machado elevó sus críticas a la estrategia de Estados Unidos para Venezuela al denunciar que el Gobierno de Donald Trump la dejó por fuera de las negociaciones que se desarrollan en Caracas entre la administración de Delcy Rodríguez y un sector de la oposición. La dirigente, que permanece fuera de su país, también cuestionó los acuerdos petroleros impulsados por Washington y señaló al empresario Alejandro Betancourt, vinculado a esos negocios, por su papel en el sector energético venezolano.

Las declaraciones marcaron un distanciamiento público frente a decisiones de la Casa Blanca, aunque no representaron una ruptura con Trump. En una entrevista con The New York Times, publicada el 15 de octubre, Machado cuestionó que Estados Unidos promueva conversaciones con actores del poder venezolano sin incorporarla directamente. Dos días después, en una entrevista emitida por Fox News, agradeció al presidente estadounidense por la captura de Nicolás Maduro y le pidió «terminar el trabajo».

La diferencia entre ambos mensajes refleja la tensión que atraviesa la relación entre Machado y Washington: mientras la opositora mantiene su respaldo a la presión estadounidense contra el chavismo, reclama un papel directo en las decisiones sobre la transición política y cuestiona que los acuerdos económicos se construyan con empresarios a los que acusa de corrupción.

El reclamo por las negociaciones

Machado denunció que Estados Unidos no la incluyó en las conversaciones celebradas en Caracas entre el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y otra facción opositora. La dirigente considera que el proceso se desarrolla sin la participación directa de una de las principales figuras de la oposición venezolana.

La respuesta de Washington fue distinta. El Departamento de Estado afirmó que Vente Venezuela, la organización política de Machado, había recibido una invitación para participar en las conversaciones. También sostuvo que la dirigente tiene derecho a regresar a su país.

La diferencia está en el alcance de esa invitación. Que un partido sea convocado no significa necesariamente que su principal dirigente participe personalmente en la mesa o tenga influencia directa sobre las decisiones que allí se adopten. Las versiones públicas disponibles no permiten establecer con precisión qué representación tuvo Vente Venezuela en las reuniones.

La negociación ocurre en un escenario político transformado por la captura de Maduro y la llegada de Delcy Rodríguez al poder con respaldo estadounidense. Washington ha promovido conversaciones que buscan establecer condiciones para una reorganización institucional y futuras elecciones, mientras representantes del Gobierno y de la oposición discuten cambios políticos y electorales.

Machado, que lleva meses fuera de Venezuela, anunció que regresará al país «antes de lo que se imaginan», sin precisar una fecha. Dijo que busca movilizar a sus seguidores con miras a futuros comicios. Su regreso y la posibilidad de que participe en la competencia electoral siguen siendo asuntos centrales para el futuro de la oposición.

La disputa por los acuerdos petroleros

La segunda crítica de Machado se dirigió a Alejandro Betancourt, empresario vinculado a acuerdos energéticos respaldados por la Administración Trump. Según los reportes publicados sobre la entrevista con The New York Times, los negocios contemplan el control de operaciones petroleras que representan alrededor de una quinta parte de las reservas de Venezuela.

Machado calificó a Betancourt como uno de los principales responsables del sufrimiento de los venezolanos y sostuvo que no sería un socio comercial viable si ella llegara al poder. También lo acusó de estar vinculado a prácticas de corrupción relacionadas con negocios anteriores en el sector eléctrico.

Las acusaciones contra el empresario deben entenderse como declaraciones de Machado y no como una conclusión judicial establecida por esas entrevistas. Los antecedentes de sus negocios energéticos han sido objeto de cuestionamientos y reportes periodísticos, pero cada señalamiento requiere distinguir entre hechos documentados, investigaciones y responsabilidades demostradas.

El señalamiento resulta políticamente significativo porque Machado cuestiona que la estrategia estadounidense se apoye en empresarios que, según su interpretación, se beneficiaron de contratos con el Estado venezolano durante años de crisis. Su crítica no se dirige únicamente a la identidad del socio comercial, sino también a las condiciones bajo las cuales se están configurando los negocios energéticos.

Sin embargo, la opositora aclaró que respetará los contratos petroleros que cumplan la legislación venezolana. Esa precisión evita interpretar sus declaraciones como un rechazo general a la inversión extranjera o a los acuerdos con compañías estadounidenses. Machado sostuvo que Venezuela necesita seguridad jurídica, estabilidad y legitimidad para atraer capital.

La postura plantea una diferencia entre la continuidad de los acuerdos económicos y la legitimidad de quienes participan en ellos. Para Machado, un contrato que cumpla las normas debe respetarse, pero eso no obliga a considerar a todos los empresarios involucrados como interlocutores aceptables para un eventual Gobierno suyo.

El mensaje de Machado a Trump

El sábado 17 de octubre, Machado apareció en el programa Fox & Friends Weekend, de Fox News, con un tono más cercano al Gobierno estadounidense. En esa entrevista agradeció a Trump por la captura de Maduro y le pidió que «termine el trabajo». También comparó el fin del chavismo con la caída del Muro de Berlín.

En esa intervención, Machado presentó el cambio político en Venezuela como un proceso todavía inconcluso y expresó su expectativa de que el país pueda convertirse en uno de los aliados regionales más estrechos de Estados Unidos. El mensaje mantuvo su respaldo a la actuación de Washington, pese a los cuestionamientos que había formulado días antes sobre las negociaciones y los acuerdos petroleros.

Las dos entrevistas estuvieron dirigidas a públicos distintos y abordaron aspectos diferentes de la relación. Ante The New York Times, Machado habló de su exclusión de las conversaciones y cuestionó a Betancourt; en Fox News, enfatizó su agradecimiento a Trump y pidió avanzar hasta el final del proceso contra el chavismo. En los fragmentos publicados de la segunda entrevista no aparecen esos cuestionamientos específicos.

Por eso, las declaraciones no bastan para concluir que Machado haya roto con Trump. Más bien muestran una relación en la que la dirigente respalda la presión estadounidense, pero cuestiona decisiones que pueden reducir su capacidad de intervenir en la transición o favorecer a actores económicos que considera inaceptables.

La diferencia también expone una disputa sobre quién debe tener legitimidad para conducir el cambio político venezolano. Washington parece estar priorizando conversaciones con actores que actualmente tienen capacidad de decisión en Caracas, mientras Machado reclama que la transición reconozca el liderazgo de la oposición que representa.

Una transición con interrogantes abiertos

El papel de Machado en el proceso dependerá, entre otros factores, de las condiciones que se establezcan para futuras elecciones, de la participación de las distintas fuerzas opositoras y de las garantías para que los dirigentes puedan regresar y ejercer sus derechos políticos. Hasta ahora, no se ha anunciado una fecha definitiva para los comicios.

Otro asunto pendiente es la relación entre la apertura económica y la reconstrucción institucional. Los acuerdos petroleros pueden aportar recursos y actividad económica, pero también generan preguntas sobre la transparencia de los contratos, la distribución de sus beneficios y la capacidad de las instituciones venezolanas para fiscalizarlos.

La crítica de Machado a Betancourt se inserta en ese debate. Su posición combina la aceptación de contratos que cumplan la ley con el rechazo a que determinados empresarios se conviertan en socios del Estado. La aplicación de ese criterio requeriría mecanismos transparentes de contratación, controles independientes y reglas que se apliquen sin distinciones políticas.

Por su parte, la decisión de Estados Unidos de negociar con el Gobierno de Delcy Rodríguez y con sectores opositores distintos de Vente Venezuela plantea interrogantes sobre la representatividad de la mesa y el alcance de los compromisos que puedan surgir. La invitación al partido de Machado, mencionada por el Departamento de Estado, no resuelve por sí sola la discusión sobre su participación personal ni sobre el peso de su movimiento en las decisiones.

La disputa ocurre, además, mientras Washington profundiza su relación económica con las autoridades que administran Venezuela. El levantamiento de sanciones contra Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy Rodríguez, fue presentado como parte del nuevo escenario de negociaciones y reformas. La medida muestra que la política estadounidense combina presión y acuerdos con figuras del aparato político venezolano.

Para Machado, el desafío consiste en mantener el respaldo de Washington a un cambio político sin aceptar que las decisiones sobre el futuro venezolano se tomen sin su participación directa. Para la Administración Trump, la negociación plantea la posibilidad de avanzar mediante acuerdos con quienes tienen capacidad inmediata de decisión, aunque ese enfoque puede generar tensiones con sectores de la oposición.

Por ahora, la dirigente no ha anunciado una ruptura con Estados Unidos ni ha retirado su apoyo a Trump. Sus declaraciones muestran una diferencia sobre la estrategia y los interlocutores, no un rechazo general a la intervención estadounidense. Su pedido de «terminar el trabajo» confirma que continúa respaldando el objetivo de poner fin al chavismo, al tiempo que cuestiona la manera en que Washington conduce el proceso.

El desenlace dependerá de si las negociaciones abren espacio efectivo para la participación opositora, establecen garantías para una competencia electoral y transparentan los acuerdos económicos. Mientras esas condiciones siguen en discusión, las críticas de Machado revelan una tensión central de la transición venezolana: la diferencia entre el respaldo a la intervención de Estados Unidos y la exigencia de tener voz propia en las decisiones que definirán el futuro del país.

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