‘Terca Esperanza’: el espacio que Bogotá ofrece para exhibir las piezas retiradas del Museo Nacional

Frente a esa situación, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación puso a disposición ‘Terca Esperanza’, una exposición permanente que reúne objetos, archivos, fotografías y materiales audiovisuales relacionados con el conflicto armado, las víctimas y las experiencias de resistencia - Foto: CMPR

Frente a esa situación, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación puso a disposición ‘Terca Esperanza’, una exposición permanente que reúne objetos, archivos, fotografías y materiales audiovisuales relacionados con el conflicto armado, las víctimas y las experiencias de resistencia - Foto: CMPR

La controversia por el retiro de piezas del Museo Nacional de Colombia abrió una discusión sobre los espacios destinados a preservar y narrar la historia del país. En medio de ese debate, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá ofreció su sala permanente ‘Terca Esperanza’ como una alternativa para que algunos de los objetos desmontados puedan volver a exponerse al público. Sin embargo, la propuesta contempla condiciones que deben cumplirse antes de concretar su eventual exhibición.

La iniciativa se conoció el 24 de octubre de 2026, después de que el desmontaje de elementos de varias salas del Museo Nacional generara cuestionamientos sobre la representación de distintos episodios de la historia colombiana. El retiro se produjo el 15 de octubre e involucró 63 elementos de cinco de las 17 salas del museo. De acuerdo con información del Ministerio de las Culturas citada por medios de comunicación, 22 de esos elementos estaban catalogados como piezas patrimoniales.

Frente a esa situación, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación puso a disposición ‘Terca Esperanza’, una exposición permanente que reúne objetos, archivos, fotografías y materiales audiovisuales relacionados con el conflicto armado, las víctimas y las experiencias de resistencia. El espacio busca recoger distintas formas de recordar la violencia sociopolítica y mostrar cómo las personas y las comunidades han construido sus propias narrativas sobre lo ocurrido en Colombia.

La oferta, no obstante, no implica que las piezas retiradas del Museo Nacional hayan sido trasladadas o que su exhibición esté garantizada. Para avanzar, las personas y organizaciones que facilitaron los objetos deben participar en el proceso correspondiente y solicitar su traslado, además de acordar las condiciones en las que serían presentados. La propuesta contempla un ejercicio de co-curaduría, mediante el cual los responsables de las piezas y el equipo del Centro definirían conjuntamente su contexto y la manera de exhibirlas.

Ese mecanismo busca que los objetos no aparezcan aislados de las historias que les dan significado. Su presentación requiere establecer quiénes los aportaron, qué acontecimientos representan y qué información debe acompañarlos para que el público comprenda su relación con la memoria histórica. De esta manera, el proceso no se limita a disponer de un espacio físico, sino que también plantea una discusión sobre la construcción colectiva de los relatos del pasado.

Entre los elementos mencionados en la controversia figuran un afiche de campaña de Bernardo Jaramillo Ossa, dirigente de la Unión Patriótica asesinado en 1990, y una prenda asociada con Carlos Pizarro Leongómez, excomandante del M-19 y candidato presidencial asesinado ese mismo año. Ambos nombres están vinculados a episodios de violencia política que marcaron la historia contemporánea del país y forman parte de las discusiones sobre la memoria del conflicto.

La eventual llegada de esos objetos a ‘Terca Esperanza’ permitiría relacionarlos con otras piezas que ya integran la exposición. El Centro funciona desde diciembre de 2025 y reúne cerca de un centenar de objetos y registros que abordan experiencias de violencia, resistencia y búsqueda de verdad. Su propuesta es construir una lectura del pasado desde las voces de las víctimas, los colectivos sociales y las comunidades que han enfrentado distintas formas de exclusión y violencia.

Uno de los elementos que forman parte de la muestra es la máquina de escribir que perteneció a Guillermo Cano, director del periódico El Espectador asesinado en 1986. La pieza remite a la violencia contra el periodismo y a las consecuencias de los ataques dirigidos contra quienes investigaron y denunciaron estructuras criminales. Su presencia en la exposición conecta un objeto cotidiano con la historia de un periodista cuya muerte se convirtió en un referente de la defensa de la libertad de prensa.

La muestra también incluye fotografías relacionadas con el atentado contra el Club El Nogal, ocurrido en Bogotá en 2003. Este episodio dejó 36 personas muertas y más de 200 heridas, y constituye uno de los ataques terroristas más graves registrados en la capital. La incorporación de imágenes y otros registros permite acercarse a las consecuencias humanas de la violencia más allá de las fechas y las cifras que suelen aparecer en los recuentos históricos.

Otra parte de la exposición recoge expresiones de memoria construidas por familiares de víctimas y organizaciones sociales. Entre ellas hay bordados elaborados por estudiantes, intervenciones de familiares de víctimas de ejecuciones extrajudiciales y corazones tejidos por mujeres que buscan a integrantes desaparecidos de la Fuerza Pública. Estas piezas representan procesos de duelo, búsqueda y resistencia, y muestran cómo los objetos producidos en la vida cotidiana pueden convertirse en testimonios colectivos.

‘Terca Esperanza’ incorpora además imágenes creadas por habitantes de calle mediante la técnica de la cianotipia, así como obras de colectivos sociales. La presencia de estas expresiones amplía el relato de la ciudad y permite incluir experiencias que no siempre ocupan un lugar central en las exposiciones tradicionales. La memoria, desde esa perspectiva, no se construye únicamente a partir de decisiones institucionales, sino también mediante las prácticas de quienes registran, transmiten y reinterpretan sus propias experiencias.

La construcción de la exposición contó con la participación de más de 63 organizaciones y colectivos. Ese trabajo conjunto constituye uno de los rasgos centrales de la propuesta, pues incorpora voces diversas en la selección y contextualización de los materiales. La programación institucional indica que la muestra estará habilitada hasta diciembre de 2027, lo que permite mantener abierto un espacio de encuentro con el público y de reflexión sobre la historia reciente de Colombia.

El ofrecimiento del Centro de Memoria plantea, al mismo tiempo, preguntas sobre las responsabilidades de los museos y las instituciones que custodian bienes culturales. El retiro de una pieza de una sala no equivale necesariamente a su desaparición de una colección, pero sí puede modificar la manera en que el público accede a ella y comprende su significado. Por eso, es importante distinguir entre el desmontaje de una exposición, la custodia de los objetos y las decisiones sobre su futura presentación.

En el caso de las piezas retiradas del Museo Nacional, la propuesta de ‘Terca Esperanza’ abre una alternativa para mantener algunas de ellas en circulación pública, siempre que se cumplan los procedimientos necesarios. La co-curaduría también permitiría discutir qué información debe acompañar a cada objeto y cómo establecer relaciones entre distintas experiencias históricas sin borrar sus particularidades.

La discusión tiene una dimensión adicional: quién decide qué episodios del pasado se representan en los espacios culturales y desde qué perspectivas se narran. Las exposiciones no solo reúnen objetos; también establecen relaciones entre acontecimientos, personas y procesos sociales. La selección de las piezas, los textos explicativos y su ubicación dentro de una sala influyen en la manera en que los visitantes interpretan la historia.

En ese sentido, ‘Terca Esperanza’ ofrece una mirada sobre cómo Bogotá busca construir una memoria pública que incorpore las experiencias de las víctimas y las organizaciones sociales. La exposición no se limita a documentar hechos violentos, sino que también presenta prácticas de solidaridad, resistencia y búsqueda de verdad. Su propuesta es mostrar que la historia de la ciudad está atravesada por múltiples experiencias que requieren ser escuchadas y contextualizadas.

Por ahora, la posibilidad de exhibir las piezas desmontadas del Museo Nacional depende de las autorizaciones correspondientes y de los acuerdos que se establezcan con quienes las aportaron. El ofrecimiento del Centro no significa que todos los objetos vayan a trasladarse ni que exista una fecha definida para su presentación. El proceso deberá precisar qué piezas podrían incorporarse, bajo qué condiciones y con qué contexto histórico.

La iniciativa deja abierta una discusión sobre la preservación de los objetos, el acceso ciudadano a las colecciones y la participación de las comunidades en la construcción de memoria. Mientras se define el futuro de las piezas retiradas, ‘Terca Esperanza’ permite observar cómo Bogotá narra parte de su historia a través de archivos, fotografías, objetos personales y expresiones colectivas que conectan el pasado con las preguntas del presente.

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