Yemen vuelve a incendiarse: los hutíes avanzan hacia Bab el-Mandeb y Arabia Saudita responde

La nueva ofensiva representa el mayor cambio territorial registrado en años en el conflicto yemení. Las fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudita han perdido posiciones en una franja costera que los hutíes consideran estratégica - Foto: Ansar Allah Media Office

Yemen atraviesa una nueva fase de su guerra después de una ofensiva hutí que en pocos días modificó el equilibrio territorial en la costa del mar Rojo y acercó al movimiento armado al estrecho de Bab el-Mandeb.

El avance de los hutíes, alineados con Irán, provocó una respuesta militar de Arabia Saudita y abrió nuevamente un frente que durante los últimos años había permanecido relativamente contenido. La ONU advirtió el 15 de septiembre que los combates se intensificaron en la costa occidental.

El movimiento hutí tomó el control de la ciudad portuaria de Moca, en la costa del mar Rojo, y posteriormente avanzó hacia varias islas estratégicas de la zona. Entre ellas está Perim, situada en el propio estrecho de Bab el-Mandeb.

La importancia de esos territorios va mucho más allá de la geografía yemení. Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una de las principales puertas de acceso marítimo hacia el canal de Suez.

El avance hutí, por tanto, introduce una variable estratégica en una región que ya enfrenta alteraciones en otras rutas energéticas. La ONU señaló que el tráfico comercial por el mar Rojo continuaba funcionando, pero advirtió que la situación había incrementado las preocupaciones de los mercados.

La ofensiva también ha tenido consecuencias inmediatas dentro de Yemen. La Agencia de la ONU para los Refugiados informó que más de 100.000 personas habían sido desplazadas internamente por la reanudación de los combates, mientras miles más huyeron por mar hacia Yibuti.

Familias procedentes de las zonas de combate comenzaron a desplazarse hacia Adén, en el sur del país. Reuters documentó el caso de civiles que abandonaron sus hogares sin alimentos, ropa ni otros bienes básicos.

La nueva ofensiva representa el mayor cambio territorial registrado en años en el conflicto yemení. Las fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudita han perdido posiciones en una franja costera que los hutíes consideran estratégica.

La ONU informó además de combates en varios frentes, entre ellos Marib, Lahj, Al Jawf, Hajjah, Al Bayda y Saada, mientras las fuerzas del Gobierno yemení intentan responder al avance hutí.

La ofensiva no se limita, sin embargo, al territorio de Yemen. Los hutíes también han intensificado sus ataques contra Arabia Saudita mediante misiles y drones.

Durante los últimos días se registraron alertas de seguridad en distintas zonas saudíes, incluidas La Meca y Yeda. El alcance geográfico de las alertas refleja la creciente preocupación de Riad por la expansión de los ataques.

Los hutíes han reivindicado ataques contra instalaciones militares saudíes, entre ellas la base aérea King Khalid, situada en Khamis Mushait. Algunas de estas afirmaciones no han podido ser verificadas independientemente.

Arabia Saudita respondió con nuevos ataques aéreos contra posiciones hutíes dentro de Yemen. Según una fuente hutí citada por PBS, los bombardeos saudíes del 15 de septiembre dejaron al menos tres muertos.

Riad ha advertido además que responderá con firmeza a los ataques contra su territorio. El enfrentamiento amenaza así con transformar nuevamente la guerra yemení en un conflicto regional de mayor intensidad.

El trasfondo es una guerra que comenzó a cambiar radicalmente en 2014, cuando los hutíes tomaron Saná y consolidaron el control sobre amplias zonas del norte y el oeste de Yemen.

Arabia Saudita intervino militarmente al año siguiente al frente de una coalición que buscaba respaldar al Gobierno yemení reconocido internacionalmente y contener la expansión hutí.

Después de años de combates, bombardeos y una de las mayores crisis humanitarias del mundo, una tregua auspiciada por Naciones Unidas en 2022 redujo significativamente la intensidad de las operaciones militares.

La tregua expiró formalmente después de seis meses, pero la relativa disminución de los combates permitió que las líneas del frente permanecieran durante años en una situación de equilibrio inestable.

Ese equilibrio comenzó a romperse durante 2026 y la nueva ofensiva hutí demuestra que el conflicto nunca quedó realmente resuelto. La ausencia de una solución política dejó intactas las estructuras militares y territoriales de las partes.

Ahora, además, la guerra interna está entrelazada con la confrontación regional entre Irán, Arabia Saudita y otros actores de Oriente Medio. Los hutíes mantienen vínculos políticos y militares con Teherán, aunque constituyen también un movimiento con intereses propios dentro de Yemen.

La disputa por Bab el-Mandeb convierte esa dimensión local en un problema internacional. Una interrupción prolongada de la navegación podría afectar las rutas que conectan Europa y Asia a través del canal de Suez.

El riesgo es particularmente relevante para el mercado energético. Arabia Saudita ha tenido que modificar algunas de sus rutas de exportación después de los ataques y de las amenazas contra sus instalaciones y buques.

El 12 de septiembre, Arabia Saudita anunció el cierre temporal de su oleoducto Este-Oeste después de un ataque con drones contra la infraestructura energética. Riad atribuyó el ataque a un origen iraquí, mientras Bagdad rechazó esa acusación y tomó medidas contra un comandante militar.

La combinación de los problemas en el estrecho de Ormuz y la presión sobre Bab el-Mandeb aumenta la vulnerabilidad de las rutas energéticas de Oriente Medio. Son dos puntos geográficos diferentes, pero actualmente forman parte de una misma ecuación regional.

El impacto también alcanza a Egipto. El canal de Suez depende del tránsito marítimo procedente del océano Índico a través del mar Rojo, por lo que cualquier deterioro prolongado de la seguridad puede aumentar los costos de transporte y estimular desvíos alrededor de África.

Las consecuencias económicas, sin embargo, no son todavía equivalentes a un cierre total de Bab el-Mandeb. La ONU señaló que, por el momento, el tráfico comercial continuaba circulando por el mar Rojo.

El problema es que la situación militar está evolucionando rápidamente. El control hutí de nuevos puntos de la costa y de islas cercanas al estrecho les proporciona posiciones desde las cuales pueden aumentar la presión sobre la navegación.

Para Arabia Saudita, el dilema es igualmente complejo: contener militarmente a los hutíes puede ampliar una guerra que Riad intentó durante años cerrar mediante negociaciones, mientras que no responder puede permitir que el movimiento armado consolide posiciones estratégicas junto a una de las principales rutas marítimas de la región.

Para los civiles yemeníes, el resultado inmediato es mucho más concreto. Más desplazamientos, destrucción de infraestructura, dificultades para acceder a alimentos y medicinas y un nuevo deterioro de una crisis humanitaria que nunca llegó a resolverse.

Yemen vuelve así a ocupar un lugar central en la crisis de Oriente Medio. La batalla ya no se limita a quién controla Saná o determinadas provincias: el avance hutí hacia Bab el-Mandeb conecta la guerra civil yemení con la seguridad energética, el comercio mundial y la confrontación regional, mientras más de 100.000 personas ya han sido desplazadas por la nueva escalada.

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