Antonio Navarro Wolff: del M-19 a la Constituyente y la construcción de la Alianza Verde

Nacido en Pasto, Nariño, el 9 de julio de 1948, Navarro se formó como ingeniero sanitario en la Universidad del Valle, institución en la que también ejerció como profesor. Posteriormente realizó estudios de especialización en ingeniería ambiental en Inglaterra. Antes de convertirse en uno de los dirigentes políticos más reconocidos del país, desarrolló una carrera académica y profesional vinculada con su formación - Foto: Archivo/Ronald Cano

Nacido en Pasto, Nariño, el 9 de julio de 1948, Navarro se formó como ingeniero sanitario en la Universidad del Valle, institución en la que también ejerció como profesor. Posteriormente realizó estudios de especialización en ingeniería ambiental en Inglaterra. Antes de convertirse en uno de los dirigentes políticos más reconocidos del país, desarrolló una carrera académica y profesional vinculada con su formación - Foto: Archivo/Ronald Cano

La muerte de Antonio Navarro Wolff, a los 78 años, cierra una trayectoria política que atravesó algunos de los episodios más importantes de la historia reciente de Colombia. Su recorrido estuvo marcado por tres etapas fundamentales: su militancia y liderazgo en el Movimiento 19 de Abril (M-19), su participación en el proceso de paz y en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, y su posterior actividad en diferentes movimientos políticos, entre ellos la Alianza Verde.

Nacido en Pasto, Nariño, el 9 de julio de 1948, Navarro se formó como ingeniero sanitario en la Universidad del Valle, institución en la que también ejerció como profesor. Posteriormente realizó estudios de especialización en ingeniería ambiental en Inglaterra. Antes de convertirse en uno de los dirigentes políticos más reconocidos del país, desarrolló una carrera académica y profesional vinculada con su formación.

Su acercamiento a la política se produjo durante su etapa universitaria, en medio de los movimientos estudiantiles de la década de 1970. En 1974 ingresó al M-19, organización guerrillera que había surgido después de las elecciones presidenciales de 1970 y que cuestionaba el sistema político colombiano.

El Movimiento 19 de Abril se caracterizó por acciones armadas y operaciones de alto impacto público. Entre sus episodios más conocidos estuvieron el robo de la espada de Simón Bolívar, en 1974, y la toma de la Embajada de República Dominicana, en 1980. También protagonizó la toma del Palacio de Justicia, en noviembre de 1985, un hecho que dejó decenas de muertos y desaparecidos y marcó profundamente la historia del país.

Navarro ascendió dentro de la estructura del M-19 hasta convertirse en su segundo comandante, bajo el liderazgo de Carlos Pizarro Leongómez. Su papel dentro de la organización no se limitó a la actividad militar: también participó en los acercamientos políticos y en los intentos de negociación con el Estado.

Entre 1984 y 1985 intervino en las conversaciones de paz adelantadas durante el gobierno de Belisario Betancur. Sin embargo, esos diálogos no consiguieron consolidar una salida negociada y el conflicto entre el movimiento y el Estado continuó.

En mayo de 1985, Navarro sobrevivió a un atentado en una cafetería de Cali. Una granada explotó cerca de donde se encontraba y le ocasionó heridas de gravedad, por las que perdió parte de una pierna. También sufrió lesiones que afectaron su habla. Su recuperación se llevó a cabo fuera de Colombia, primero en México y después en Cuba.

A finales de la década de 1980, el M-19 volvió a explorar una salida negociada al conflicto. Navarro tuvo un papel importante en los contactos con el gobierno de Virgilio Barco, en un proceso que buscaba facilitar la reincorporación de los integrantes de la organización a la vida civil y política.

El 9 de marzo de 1990 se firmó el acuerdo de paz entre el Gobierno y el M-19. Navarro y Carlos Pizarro participaron como representantes del movimiento en ese proceso, que contempló la dejación de armas y la transformación de la organización en una fuerza política legal.

La firma del acuerdo abrió una nueva etapa para Navarro y para los antiguos integrantes del M-19. La apuesta consistía en trasladar la participación política desde la confrontación armada hacia los mecanismos democráticos y electorales.

Sin embargo, el proceso estuvo marcado por la violencia. El 26 de abril de 1990, Carlos Pizarro fue asesinado cuando viajaba en un avión entre Bogotá y Barranquilla, en plena campaña presidencial. Su muerte representó un golpe para el movimiento que acababa de dejar las armas.

Navarro asumió entonces la candidatura presidencial de la Alianza Democrática M-19, movimiento político surgido de la desmovilización. En las elecciones del 27 de mayo de 1990 obtuvo cerca del 12,7 % de los votos y ocupó el tercer lugar, detrás de César Gaviria y Álvaro Gómez Hurtado.

Ese resultado confirmó que la antigua organización guerrillera podía convertirse en una fuerza electoral con representación nacional. También le permitió a Navarro consolidar un liderazgo político propio, en un momento en el que Colombia buscaba alternativas frente a la violencia y al desgaste de sus instituciones.

La siguiente etapa de su trayectoria estuvo ligada a la Asamblea Nacional Constituyente. El movimiento de la Séptima Papeleta, impulsado principalmente por sectores estudiantiles, había promovido la convocatoria de una asamblea para reformar las instituciones y abrir un nuevo capítulo en la organización política del país.

La Alianza Democrática M-19 obtuvo una representación significativa en las elecciones de constituyentes del 9 de diciembre de 1990. Se convirtió en una de las principales fuerzas de la Asamblea, con una bancada que le permitió participar de manera decisiva en las discusiones sobre el nuevo orden constitucional.

La Asamblea Nacional Constituyente se instaló el 5 de febrero de 1991. Como ninguna fuerza política tenía por sí sola la mayoría, se acordó una dirección colegiada que representara a los principales sectores. Navarro fue elegido copresidente junto con Horacio Serpa, del Partido Liberal, y Álvaro Gómez Hurtado, del Movimiento de Salvación Nacional.

La composición de esa mesa directiva tuvo un significado político particular: un antiguo comandante del M-19 compartía la conducción del proceso con dirigentes de los partidos tradicionales. La imagen reflejaba el propósito de construir acuerdos entre sectores que durante décadas habían estado enfrentados.

Desde la presidencia de la Asamblea, Navarro participó en las discusiones que dieron forma a la Constitución de 1991. El proceso abordó asuntos como los derechos fundamentales, la participación ciudadana, la organización territorial, la estructura del Estado y los mecanismos de control institucional.

La presencia de la Alianza Democrática M-19 también contribuyó a que sectores políticos y sociales que habían tenido una participación limitada en las instituciones encontraran un espacio en la discusión constitucional. La Asamblea reunió a representantes de distintas corrientes, incluidos movimientos indígenas, organizaciones sociales y fuerzas políticas independientes.

Uno de los mecanismos que quedó incorporado en la nueva Constitución fue la segunda vuelta presidencial, que permite una nueva elección cuando ningún candidato alcanza las condiciones establecidas para ganar en primera ronda. La Carta Política también amplió los mecanismos de participación ciudadana y estableció nuevas garantías de derechos.

El 4 de julio de 1991 fue promulgada la nueva Constitución Política de Colombia. Navarro quedó asociado a ese momento como uno de los tres presidentes de la Asamblea y como uno de los dirigentes que encabezaron la transformación del M-19 en una fuerza política institucional.

Su carrera continuó en los escenarios electorales y administrativos. En 1990 había sido nombrado ministro de Salud durante el gobierno de César Gaviria, cargo que ocupó durante un breve periodo antes de concentrarse en la actividad política. En 1994 volvió a aspirar a la Presidencia, esta vez por el movimiento Compromiso Colombia, pero obtuvo una votación inferior a la registrada cuatro años antes.

En 1995 fue elegido alcalde de Pasto, su ciudad natal, para el periodo 1995-1997. Su administración impulsó mecanismos de participación ciudadana y presupuestos participativos, una experiencia que posteriormente tendría continuidad en otros escenarios de la política regional.

En 1998 llegó a la Cámara de Representantes por Bogotá, avalado por el movimiento Vía Alterna. Cuatro años después pasó al Senado, donde continuó su actividad legislativa. En esa etapa participó en la construcción de nuevas alianzas de sectores de izquierda y movimientos independientes.

En 2003 fue uno de los impulsores del Polo Democrático Independiente, junto con otros dirigentes políticos. La organización participó en la reorganización de la izquierda colombiana y posteriormente hizo parte del proceso que dio origen al Polo Democrático Alternativo, en 2006.

Navarro también tuvo una nueva responsabilidad administrativa cuando fue elegido gobernador de Nariño para el periodo 2008-2011. Durante su mandato promovió los presupuestos participativos y una forma de gestión que buscaba involucrar a las comunidades en la definición de las inversiones públicas.

Al terminar su periodo en la Gobernación, se vinculó a la administración de Gustavo Petro en Bogotá. En enero de 2012 asumió como secretario de Gobierno del Distrito, pero renunció pocos meses después y pasó a concentrarse en la actividad política de Progresistas, el movimiento que había llevado a Petro a la Alcaldía.

Esa etapa fue determinante para su relación con el Partido Verde. Navarro participó en los acercamientos entre Progresistas, el Partido Verde y otros sectores independientes, con el propósito de construir una organización política más amplia que reuniera diferentes corrientes y liderazgos.

El 24 de septiembre de 2013 se formalizó la fusión entre el Partido Verde y el movimiento Progresistas, que dio origen a la Alianza Verde. Navarro fue uno de los dirigentes que se incorporaron a esa nueva colectividad, junto con figuras como Claudia López, Camilo Romero y otros representantes de movimientos ciudadanos y políticos.

La nueva organización buscó presentarse como una alternativa a los partidos tradicionales, con énfasis en la defensa de la Constitución, la participación democrática, la lucha contra la corrupción y la construcción de paz. La convergencia, sin embargo, reunió sectores con trayectorias y posiciones diferentes, lo que también produjo debates internos sobre el rumbo político de la colectividad.

En 2014 Navarro encabezó la lista de la Alianza Verde al Senado y obtuvo una curul. Desde el Congreso continuó su actividad política y legislativa, mientras participaba en las discusiones sobre el futuro de la organización. En 2017 fue precandidato presidencial de esa colectividad, pero una consulta interna favoreció a Claudia López.

Dos años después volvió a competir por la candidatura de la Alianza Verde a la Alcaldía de Bogotá. En esa ocasión se enfrentó nuevamente a López en un proceso interno de selección, cuyo resultado dejó a la exsenadora como candidata. Navarro continuó vinculado a la vida partidista y llegó a integrar la presidencia colegiada de la colectividad.

Su papel dentro de la Alianza Verde estuvo relacionado, especialmente, con la articulación de sectores provenientes de la izquierda, el progresismo y movimientos independientes. Su experiencia en los procesos de paz y en la Constituyente le dio un lugar particular dentro de una organización que buscaba construir una identidad política alrededor de la participación ciudadana y las reformas institucionales.

La trayectoria de Navarro Wolff no estuvo exenta de controversias ni de debates sobre su pasado en el M-19. Su militancia en una organización armada, las acciones protagonizadas por ese movimiento y su posterior participación en la vida democrática forman parte de una historia que sigue generando distintas interpretaciones en Colombia.

Su recorrido, sin embargo, quedó marcado por la transición de la insurgencia a la política electoral, por su participación en la redacción de la Constitución de 1991 y por su intervención en la formación de nuevas alianzas partidistas. Desde el M-19 hasta la Alianza Verde, Navarro fue protagonista de varias transformaciones de la política nacional.

Con su fallecimiento, Colombia pierde a uno de los últimos dirigentes de primera línea de aquel proceso que llevó a una organización guerrillera a dejar las armas y participar en la construcción de un nuevo marco institucional. Su nombre queda ligado, de manera inseparable, a la historia del M-19, la Asamblea Constituyente y la búsqueda de espacios políticos por fuera de las estructuras tradicionales.

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