De 1999 a 2026: qué tienen en común y qué diferencia a los grandes sismos que han sacudido el occidente de Colombia

El terremoto de 1999 tuvo una magnitud de 6,2 y ocurrió el 25 de enero, con epicentro en el departamento del Quindío y una profundidad cercana a los 17 kilómetros. Armenia fue la ciudad más golpeada por aquel evento. El SGC registra para la capital quindiana 921 fallecidos y 5.377 heridos - Foto: Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres Las Américas

El terremoto de 1999 tuvo una magnitud de 6,2 y ocurrió el 25 de enero, con epicentro en el departamento del Quindío y una profundidad cercana a los 17 kilómetros. Armenia fue la ciudad más golpeada por aquel evento. El SGC registra para la capital quindiana 921 fallecidos y 5.377 heridos - Foto: Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres Las Américas

El terremoto del 10 de agosto de 2026 volvió a colocar al occidente colombiano en el centro de la discusión sobre la amenaza sísmica. El movimiento, de magnitud 7,4, tuvo epicentro en las cercanías de San José del Palmar, Chocó, y alcanzó una profundidad cercana a los 82 kilómetros según los reportes iniciales.

Para entenderlo mejor es necesario compararlo con otros movimientos que han afectado la misma amplia región: el terremoto del Eje Cafetero de 1999, el sismo de Ansermanuevo de 2024 y, en un contexto regional distinto, el doblete sísmico ocurrido en Venezuela en junio de 2026.

La comparación, sin embargo, no significa que todos estos terremotos tengan un mismo origen. La sismicidad del occidente y centro-occidente de Colombia está relacionada con la compleja interacción de las placas tectónicas y con múltiples sistemas de fallas. Por eso, dos terremotos relativamente cercanos geográficamente pueden producirse en estructuras diferentes.

El evento del 10 de agosto sobresale, en primer lugar, por su magnitud. Un terremoto de 7,4 libera una cantidad de energía muy superior a la de un sismo de 6,2 o de 5,6. La diferencia de magnitud no debe interpretarse como una simple diferencia numérica: la escala es logarítmica.

El terremoto de 1999 tuvo una magnitud de 6,2 y ocurrió el 25 de enero, con epicentro en el departamento del Quindío y una profundidad cercana a los 17 kilómetros. Armenia fue la ciudad más golpeada por aquel evento. El SGC registra para la capital quindiana 921 fallecidos y 5.377 heridos.

El terremoto de 1999 fue, por tanto, más superficial que el de Chocó de 2026. Esta diferencia es fundamental para comprender por qué los dos eventos, pese a afectar parcialmente territorios similares, tuvieron características distintas en la propagación de las ondas y en la distribución de los daños.

La profundidad tampoco permite por sí sola determinar la gravedad de un terremoto. Importan también la magnitud, la distancia a los centros poblados, el tipo de suelo, la calidad de las construcciones, la duración del movimiento y la vulnerabilidad de la infraestructura.

En 1999, además, el daño se concentró fuertemente en Armenia y otros municipios del Eje Cafetero. El terremoto encontró una región urbana cuya infraestructura sufrió graves consecuencias, y la destrucción de hospitales, estaciones de emergencia y edificios públicos complicó la respuesta posterior. El SGC documenta que Armenia concentró las mayores pérdidas humanas.

El terremoto de 2026, en cambio, tuvo su origen en Chocó y afectó una zona mucho más extensa. Los reportes del día muestran daños y víctimas en Pereira, Cali, Quibdó, Manizales y Armenia, entre otras localidades.

Esto explica una de las características más llamativas del episodio: el lugar del epicentro no coincide necesariamente con el lugar que registra más víctimas o daños. La distribución de la población y la vulnerabilidad de las construcciones son determinantes.

El antecedente más reciente dentro de esta comparación es el sismo de Ansermanuevo del 19 de enero de 2024. El SGC lo registró con magnitud 5,6 y una profundidad de 52 kilómetros, con epicentro en el norte del Valle del Cauca.

Ese evento fue considerablemente menor que el terremoto de 2026, pero resulta relevante porque demostró que la región entre el norte del Valle y el Eje Cafetero continúa registrando movimientos capaces de ser sentidos ampliamente y de producir afectaciones.

El informe preliminar de reconocimiento posterior al sismo de Ansermanuevo clasificó la intensidad instrumental en algunos sectores como VI, correspondiente a daños leves en la escala macrosísmica europea. El epicentro se encontraba a unos cinco kilómetros de Cartago.

La comparación de 2024 con 2026 muestra, entonces, que no existe una única “zona sísmica” homogénea. Hay diferentes estructuras y profundidades involucradas dentro de una región tectónicamente compleja.

El terremoto de 1999 tampoco puede interpretarse como el antecedente directo del de 2026. Que ambos hayan golpeado con fuerza al Eje Cafetero no significa que el segundo sea una repetición del primero ni que exista una periodicidad fija entre ambos.

Lo que sí revelan ambos eventos es una realidad conocida por los estudios de amenaza: el Eje Cafetero y el occidente colombiano tienen una exposición sísmica considerable. El terremoto de 1999 es uno de los ejemplos históricos más contundentes de esa vulnerabilidad.

La secuencia de 2026 tiene además una característica propia: después del terremoto principal comenzaron a registrarse réplicas alrededor de la zona epicentral. Estos movimientos son parte del reajuste de la corteza después de la ruptura principal.

A las 6:30 de la tarde del 10 de agosto, el Servicio Geológico Colombiano había contabilizado 47 réplicas, según el corte divulgado durante la jornada.

Ese número debe entenderse como un corte temporal, no como una cifra definitiva para toda la secuencia. A medida que transcurra el tiempo pueden registrarse nuevos eventos y, por tanto, aumentar el número acumulado.

Entre las primeras réplicas identificadas estuvieron una de magnitud 4,8 a las 8:18 de la mañana y otra de 3,8 a las 10:01, ambas localizadas en el entorno de San José del Palmar.

Las 47 réplicas tampoco deben confundirse con un “doblete sísmico”. Un doblete, como el ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026, implica dos terremotos principales de magnitudes comparables y vinculados a una misma zona de ruptura; las réplicas son eventos posteriores, generalmente menores, asociados al reajuste después del terremoto principal.

El caso venezolano es particularmente interesante porque aquel doblete estuvo compuesto por dos grandes terremotos, reportados con magnitudes de 7,2 y 7,5, separados por apenas decenas de segundos. Es decir, su dinámica fue completamente diferente de la secuencia que se produjo después del terremoto de Chocó.

Por eso, tampoco existe actualmente base para afirmar que el doblete venezolano causó el terremoto colombiano. Ambos episodios pertenecen a un contexto tectónico regional amplio, pero eso no demuestra una relación causal entre las dos secuencias. La cercanía temporal, por sí sola, no es suficiente.

La comparación entre 1999, 2024 y 2026 sí permite extraer una conclusión más sólida: el occidente colombiano no es una región sísmicamente estática. Los terremotos ocurren en diferentes estructuras, profundidades y escalas, y pueden afectar simultáneamente varios departamentos.

El terremoto del 10 de agosto debe entenderse, por tanto, como un evento excepcional dentro de una región que ya presenta una amenaza sísmica conocida, no como la consecuencia automática de los terremotos anteriores. Y las 47 réplicas registradas hasta las 6:30 p. m. constituyen la evidencia inmediata de que, tras la ruptura principal, la zona continuaba en una fase activa de reajuste. La lección común de 1999, 2024 y 2026 no es que exista un calendario para el próximo terremoto, sino que la preparación y la reducción de la vulnerabilidad siguen siendo fundamentales en el occidente del país.

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