Omar Bula llega a la Cancillería con una agenda ideológica que anticipa un giro en la política exterior

En su cuenta de X ha expresado reiteradamente afinidad con posiciones promovidas por sectores conservadores estadounidenses, especialmente aquellas asociadas al movimiento Make America Great Again (MAGA), impulsado por Donald Trump - Foto: X/@omarbula

En su cuenta de X ha expresado reiteradamente afinidad con posiciones promovidas por sectores conservadores estadounidenses, especialmente aquellas asociadas al movimiento Make America Great Again (MAGA), impulsado por Donald Trump - Foto: X/@omarbula

La designación de Omar Bula Escobar como ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Abelardo de la Espriella representa uno de los nombramientos más llamativos del nuevo gabinete. Su trayectoria de más de dos décadas en organismos internacionales, especialmente dentro del sistema de Naciones Unidas, contrasta con una intensa actividad pública en redes sociales desde la que ha defendido posiciones cercanas al conservadurismo estadounidense y a las denominadas “guerras culturales” que han ganado fuerza en la última década.

Bula desarrolló buena parte de su carrera profesional en el Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas, donde participó en misiones relacionadas con ayuda humanitaria, seguridad alimentaria, reconstrucción institucional y cooperación internacional en países de África, América Latina y Medio Oriente. Esa experiencia ha sido presentada por el gobierno electo como uno de los principales argumentos para confiarle la conducción de la política exterior colombiana.

Sin embargo, el perfil público construido por el futuro canciller va mucho más allá de su experiencia diplomática. En su cuenta de X ha expresado reiteradamente afinidad con posiciones promovidas por sectores conservadores estadounidenses, especialmente aquellas asociadas al movimiento Make America Great Again (MAGA), impulsado por Donald Trump. Sus publicaciones muestran una defensa de una visión geopolítica centrada en la soberanía nacional, el fortalecimiento de Occidente y el cuestionamiento de organismos multilaterales y agendas progresistas.

Uno de los ejes más recurrentes de su discurso es el rechazo al denominado “globalismo”. En sus publicaciones sostiene que organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y fundaciones privadas ejercen una influencia excesiva sobre las decisiones de los Estados. Dentro de ese discurso aparecen de manera reiterada referencias críticas al empresario George Soros y a las organizaciones financiadas por Open Society Foundations, a las que presenta como impulsoras de transformaciones políticas y culturales a escala global. Si bien Soros financia proyectos relacionados con democracia, derechos humanos y fortalecimiento institucional, investigadores han señalado que las narrativas que lo presentan como el director de una agenda global coordinada forman parte de teorías conspirativas ampliamente difundidas en sectores de extrema derecha.

Ese mismo marco ideológico aparece reflejado en sus publicaciones sobre el denominado “Great Reset”. En febrero de 2022 compartió la portada del libro COVID-19: The Great Reset, de Klaus Schwab y Thierry Malleret, acompañado del mensaje: “Este libro es un manual de un crimen contra la humanidad”. La publicación sugiere que el libro explicaría los acontecimientos ocurridos durante la pandemia de COVID-19. Sin embargo, la interpretación del “Great Reset” como un plan para provocar la pandemia o instaurar un nuevo orden mundial carece de respaldo científico y documental, y ha sido ampliamente catalogada por investigadores y verificadores internacionales como una teoría conspirativa. El libro, en realidad, desarrolla una propuesta del Foro Económico Mundial sobre los desafíos económicos y sociales posteriores a la pandemia.

Las críticas de Bula también alcanzan a la Organización Mundial de la Salud. En distintas oportunidades ha cuestionado las decisiones adoptadas por ese organismo durante la emergencia sanitaria y ha expresado desconfianza frente al papel que desempeñan las instituciones multilaterales en la gobernanza global. Esa postura coincide con sectores políticos que consideran que la OMS acumuló competencias excesivas durante la pandemia y que los Estados deben recuperar mayor autonomía en la toma de decisiones sobre salud pública.

En la misma línea ha manifestado reparos frente a la Corte Penal Internacional, tribunal encargado de investigar crímenes de guerra, genocidio y delitos de lesa humanidad. Sus cuestionamientos se alinean con posiciones defendidas por diversos gobiernos y movimientos conservadores que consideran que la Corte puede interferir en asuntos internos de los Estados y afectar la soberanía nacional, un debate que también ha cobrado fuerza en Estados Unidos y otros países occidentales.

Las denominadas guerras culturales también ocupan un lugar importante en su actividad pública. Sus redes sociales contienen publicaciones críticas frente a políticas relacionadas con identidad de género, diversidad sexual y derechos de las personas LGBTIQ+. Esos mensajes han sido cuestionados por sectores que los consideran homofóbicos o transfóbicos, mientras que quienes comparten su visión los presentan como una defensa de valores tradicionales, la familia y la libertad de expresión. Ese componente ideológico constituye uno de los aspectos más controvertidos de su perfil público.

En materia de política exterior, las posiciones de Omar Bula permiten anticipar un cambio significativo respecto a la administración de Gustavo Petro. El nuevo canciller ha defendido un fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos e Israel y una política mucho más crítica frente a gobiernos como los de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Aunque no ha planteado romper completamente los canales diplomáticos con Caracas, sí ha manifestado que Colombia debe asumir una posición más firme frente a las denuncias de violaciones a los derechos humanos y al deterioro democrático del gobierno de Nicolás Maduro.

Ese giro, sin embargo, deberá convivir con una realidad compleja. La extensa frontera colombo-venezolana exige mantener mecanismos permanentes de cooperación en materia migratoria, comercial, de seguridad y atención humanitaria. La principal incógnita será hasta qué punto el endurecimiento del discurso político podrá coexistir con la necesidad práctica de sostener relaciones institucionales entre ambos países.

El nombramiento de Omar Bula representa, al mismo tiempo, una de las designaciones que mejor encajan con el discurso de los “nunca” promovido por Abelardo de la Espriella durante la campaña presidencial. A diferencia de otros integrantes del gabinete, no proviene de la política electoral ni ha ocupado cargos de elección popular. No obstante, su intensa actividad ideológica en redes sociales anticipa que la Cancillería no solo experimentará un cambio en las prioridades diplomáticas, sino también en el tono político con el que Colombia buscará proyectarse ante el escenario internacional.

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