Rock al Parque cumplió 30 ediciones con una programación que reunió distintas generaciones del rock, artistas internacionales, agrupaciones bogotanas y propuestas de otros circuitos musicales. El festival, que nació en 1995 para abrir espacios a una escena que buscaba oportunidades para presentarse en vivo, llegó a su aniversario con cuatro escenarios y una agenda que trascendió los conciertos.
La edición reunió 83 agrupaciones provenientes de Colombia y otros países, con sonidos que fueron desde el heavy metal, el punk y el hardcore hasta el ska, el reggae, el indie, el funk y la música industrial. La programación combinó nombres asociados con la memoria del festival, artistas internacionales que participaron por primera vez y proyectos de distintas generaciones de la escena local.
Uno de los cambios más visibles fue la incorporación del escenario BBC, que amplió la oferta musical y permitió sumar nuevas propuestas a los recorridos del público por el Parque Simón Bolívar. La organización reportó 21 agrupaciones en ese espacio: nueve nacionales, cuatro internacionales y ocho de Bogotá, con una programación que incluyó metal, punk, hardcore, reggae, dancehall, indie y funk.
La cifra total de músicos requiere una precisión: el encabezado del balance menciona 543, mientras que el cuerpo del texto registra 584. La discrepancia debe aclararse con la organización antes de publicar el dato como definitivo. En cualquier caso, el cartel reflejó la diversidad de una escena que reúne proyectos de larga trayectoria y agrupaciones que buscan consolidar su presencia en el circuito musical.
Entre los invitados internacionales estuvieron Mon Laferte, Editors, Apocalyptica, Ministry, Rata Blanca, Ratones Paranoicos, Los Bunkers, Bandalos Chinos, Gondwana, Porter, Stratovarius y Tokyo Ska Paradise Orchestra. El balance señaló que 26 agrupaciones internacionales participaron por primera vez en Rock al Parque y que cinco bandas llegaron por primera vez a Colombia: Ministry, Hellbutcher, Iseo & Dodosound, Niña Lobo y Editors.
La programación también incorporó referencias fundamentales del rock latinoamericano. Claudio Narea, integrante histórico de Los Prisioneros, interpretó canciones asociadas con la trayectoria de esa agrupación chilena, mientras David Lebón y Pedro Aznar llevaron al escenario parte del repertorio de Serú Girán. Estos encuentros conectaron la celebración con distintas etapas de la historia del rock de la región.
La participación bogotana tuvo un lugar central. Según el balance, 26 agrupaciones de la ciudad integraron la programación mediante la Beca LEP 30 años y la Beca Festival Rock al Parque 2026. Proyectos como Perpetual Warfare, Skampida, La Monky Band, El Punto Ska, Lika Nova, V for Volume, Laura Pérez, Boca de Serpiente y Lucio Feuillet compartieron el circuito con artistas internacionales y agrupaciones de otras ciudades colombianas.
La presencia de mujeres también hizo parte de la composición del cartel. El texto reportó 21 agrupaciones con participación femenina, entre ellas Mon Laferte, Burning Witches, Las Fokin Biches, Iseo & Dodosound, Niña Lobo, Laura Pérez, Elsa Riveros y Brina Quoya. Sus proyectos estuvieron distribuidos en distintos géneros y espacios de la programación.
La primera jornada tuvo una marcada presencia del metal. En el escenario Plaza, Apocalyptica regresó al festival 21 años después de su anterior participación y presentó parte de su repertorio relacionado con Metallica. Stratovarius, con cuatro décadas de trayectoria, interpretó canciones representativas de su carrera, mientras otros escenarios reunieron propuestas de black metal, death metal, punk, hardcore y metalcore.
La jornada también incluyó presentaciones con un significado particular para algunas escenas. Grave, referente sueco del death metal, llegó al festival después de que su presentación prevista para 2019 fuera cancelada. En el circuito del punk y el hardcore estuvieron Nadie e I.R.A., esta última con cuatro décadas de actividad, además de agrupaciones nacionales e internacionales que ampliaron la variedad de sonidos del día.
El domingo se concentró en el rock latinoamericano, el alternativo, el indie, el ska y el reggae. Mon Laferte presentó parte del repertorio de Femme Fatale, álbum publicado en 2025, mientras David Lebón y Pedro Aznar interpretaron canciones de Serú Girán. Claudio Narea, por su parte, llevó al escenario temas de Los Prisioneros como El baile de los que sobran y We Are Sudamerican Rockers.
Otros espacios permitieron el encuentro de escenas diferentes. Gondwana y Quique Neira compartieron la jornada con agrupaciones distritales como El Punto Ska y Skampida. La programación también incluyó indie, funk rock y post-rock, además de propuestas de Cali, Medellín, Ibagué, Barranquilla y Bogotá, que llevaron al escenario sonidos desarrollados fuera de los circuitos más conocidos del rock.
El lunes combinó rock alternativo, hard rock, punk, garage e industrial. Ministry se presentó por primera vez en Colombia como parte de su gira mundial de despedida, mientras Rata Blanca debutó en Rock al Parque. También participaron Ratones Paranoicos, Editors y Los Bunkers, que regresaron al festival después de su presentación de 2007.
La distribución de los conciertos entre cuatro escenarios permitió ampliar las opciones para el público y dar cabida a propuestas con públicos y lenguajes distintos. Sin embargo, el balance disponible no incluye una cifra consolidada de asistentes que permita establecer si esta edición superó los registros de años anteriores. La dimensión del aniversario debe analizarse, por tanto, a partir de los datos confirmados sobre programación, actividades e impacto económico, sin atribuirle un récord de asistencia que no aparece documentado en el texto.
Más allá de los conciertos, el festival integró espacios de emprendimiento, lectura, creación artística y formación. La Zona de Arte y Emprendimiento reunió 59 iniciativas dedicadas al diseño, la ilustración, la joyería, la moda, los accesorios y otras expresiones de la economía creativa. Según el balance, los emprendimientos reportaron ganancias superiores a los $280 millones durante el evento.
La articulación con Hecho en Bogotá, programa de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, permitió incorporar iniciativas artesanales y ampliar sus oportunidades de visibilización y comercialización. La zona también incluyó la carpa Manos que construyen paz, con participación de firmantes de paz, además de iniciativas relacionadas con IDIPRON y el Castillo de las Artes.
La programación complementaria incluyó Libro al Viento, del Instituto Distrital de las Artes (Idartes), que invitó a los asistentes a escribir sobre sus vínculos con la música y el espacio público. A su vez, Arte a la KY llevó al Parque Simón Bolívar el trabajo de diez dibujantes y ocho estatuas humanas, con intervenciones que acercaron otras expresiones artísticas al público del festival.
El impacto económico fue otro de los componentes destacados del balance. De acuerdo con resultados preliminares de la Encuesta a Asistentes de Impacto Turístico y Económico del Observatorio y Gestión del Conocimiento Cultural, el movimiento económico estimado durante los dos primeros días llegó a cerca de $190.948 millones. La proyección considera gastos reportados en alimentación, compras, transporte, vestuario y otros consumos relacionados con la asistencia al evento.
La encuesta señaló que el 24,2 % de los asistentes consultados llegó desde otras ciudades colombianas o desde el extranjero. Entre los visitantes de fuera de Bogotá, el 91,9 % afirmó que viajó específicamente para asistir a Rock al Parque. Estos resultados apuntan al papel del festival como motivo de desplazamiento hacia la capital, aunque las cifras corresponden a estimaciones de encuesta y no a un balance auditado de ingresos atribuibles exclusivamente al evento.
El gasto proyectado entre los turistas superó los $160.070 millones, según el texto, con rubros como hospedaje, alimentación fuera del festival, transporte y compras. Para los residentes de Bogotá, la estimación superó los $30.800 millones. Estas cifras deben leerse según el universo y el periodo de medición de la encuesta; no equivalen necesariamente al impacto económico neto del festival ni deben sumarse sin verificar que sus componentes sean comparables.
La medición también recogió percepciones sobre la imagen de la ciudad. El 93,7 % de los asistentes consultados consideró que el festival permite mostrar los valores de Bogotá, mientras que el 88,2 % afirmó que este tipo de eventos contribuye al reconocimiento positivo de la capital. El 96,1 % señaló que Rock al Parque promueve la identidad de la ciudad. Los porcentajes describen las respuestas de las personas encuestadas y no constituyen, por sí solos, una medición independiente del efecto del festival sobre la reputación de Bogotá.
La circulación internacional de los artistas locales fue otro de los objetivos de la edición conmemorativa. Idartes convocó a 21 profesionales de la industria musical hispanoamericana, vinculados con festivales, agencias, instituciones culturales y plataformas. Entre los circuitos representados estuvieron Vive Latino, Quitofest, Rockódromo, Virada Cultural de São Paulo y el festival ¡Mucho!.
Los invitados participaron en una sesión de trabajo con artistas distritales para explorar oportunidades de desarrollo profesional y negocio, además de asistir a las presentaciones locales. La iniciativa buscó conectar la visibilidad que ofrece el festival con otras posibilidades de circulación, como invitaciones a festivales, contactos con programadores e intercambios entre escenas musicales.
La apuesta resulta relevante para las agrupaciones bogotanas, que comparten escenario con artistas de amplia trayectoria y proyectos procedentes de distintos países. La presentación ante el público es una de las formas de visibilidad que ofrece Rock al Parque, pero el acercamiento a agentes de la industria puede abrir oportunidades que se extiendan más allá de los días del evento. El balance, sin embargo, no detalla cuántos contratos, invitaciones o acuerdos se concretaron como resultado de estos encuentros.
La realización del festival requirió coordinación entre entidades distritales, organismos de seguridad y emergencias y aliados privados. El Comité SUGA reunió a representantes de las secretarías de Cultura, Salud, Gobierno y Movilidad, además de la Policía y el Cuerpo Oficial de Bomberos. Según el balance, patrocinadores como BBC, Vans, Electrolife, Acueducto de Bogotá, Aguardiente Amarillo y Red Bull aportaron al desarrollo del componente artístico, mientras ETB y Canal Capital contribuyeron a la conectividad y la difusión.
La colaboración con empresas privadas permitió sumar recursos y capacidades a un festival gratuito de gran escala. Esa participación se integró a una estructura cuya planeación, coordinación institucional y vocación de acceso público siguen siendo fundamentales. Para evaluar el alcance del modelo, no obstante, sería necesario contar con información detallada sobre los aportes de cada patrocinador, los recursos públicos destinados al evento y los resultados asociados a esas contribuciones.
La conmemoración de los 30 años también se extendió a actividades académicas y culturales bajo el concepto Bogotá, ciudad Rock. La agenda abordó temas como derechos de autor, inteligencia artificial en la industria musical, autogestión, circulación en Suramérica y retos de las nuevas generaciones del rock y el metal bogotanos. Las actividades se realizaron en espacios como la Biblioteca Pública Virgilio Barco, la Cinemateca de Bogotá y el Parque Simón Bolívar, y reunieron cerca de 300 personas, según el balance.
La exposición El gran humedal. Una biografía imaginada de Rock al Parque propuso revisar la historia del festival desde las relaciones entre músicos, públicos, espacios y generaciones. La muestra, basada en una investigación de Umberto Pérez y Luis Daniel Vega y con montaje del estudio Relámpago, abrió el 8 de octubre y estaba prevista hasta enero de 2027. Su enfoque se aparta de una cronología exclusivamente centrada en fechas y objetos para explorar cómo el encuentro se ha integrado a la vida cultural de Bogotá.
El Foro Internacional de Periodismo de Rock reunió a 537 asistentes y convocó a invitados de Bogotá, Medellín, Cali, Argentina, España, México y Venezuela. Las conversaciones se concentraron en la manera en que periodistas, fotógrafos y equipos audiovisuales han documentado tres décadas de festival, así como en el papel de crónicas, entrevistas, reportajes y registros visuales en la construcción de una memoria colectiva sobre el rock y la ciudad.
La inauguración de la escultura La Rockera completó la agenda conmemorativa. Junto con la exposición y el foro, la obra llevó la celebración a otros lenguajes artísticos y espacios de reflexión. Estas actividades buscaron reconocer la trayectoria de Rock al Parque no solo como un evento de conciertos, sino también como parte de las transformaciones culturales de Bogotá.
Treinta años después de su primera edición, Rock al Parque mantiene como uno de sus ejes la posibilidad de reunir públicos y escenas musicales distintas en un espacio público y gratuito. La edición conmemorativa amplió la infraestructura de programación, destacó la participación de agrupaciones locales y sumó actividades de emprendimiento, formación y circulación profesional. Sus resultados económicos y turísticos apuntan a una actividad que desborda los escenarios, aunque la evaluación completa del impacto requiere cifras consolidadas de asistencia, metodología verificable y datos comparables con ediciones anteriores.






