Sin límite del 30%: qué cambia para los ahorros de quienes están en las AFP

Según cifras citadas por Reuters, cerca del 48% de los portafolios de los fondos privados ya estaba invertido en mercados extranjeros, equivalente a unos 278 billones de pesos. El patrimonio administrado por las AFP privadas rondaba los 579 billones de pesos y correspondía a cerca de 20 millones de afiliados - Foto: Ken Teegardin

Según cifras citadas por Reuters, cerca del 48% de los portafolios de los fondos privados ya estaba invertido en mercados extranjeros, equivalente a unos 278 billones de pesos. El patrimonio administrado por las AFP privadas rondaba los 579 billones de pesos y correspondía a cerca de 20 millones de afiliados - Foto: Ken Teegardin

El Gobierno de Abelardo de la Espriella decidió eliminar el límite global del 30% que restringía las inversiones de las administradoras de fondos de pensiones, AFP, en activos del exterior. La decisión modifica una regla que había sido establecida apenas unos meses antes durante el Gobierno de Gustavo Petro y vuelve a poner en el centro del debate el destino de los ahorros pensionales de millones de colombianos.

El cambio tiene una consecuencia fundamental: las AFP ya no estarán obligadas por ese tope a mantener una determinada proporción de sus portafolios dentro de Colombia. La eliminación del límite no significa, sin embargo, que las administradoras tengan que sacar más dinero del país. Lo que desaparece es la restricción que impedía superar el 30% global en inversiones externas.

El Ministerio de Hacienda había publicado el 10 de septiembre el proyecto de decreto que proponía eliminar ese límite. La justificación oficial fue ampliar las oportunidades de inversión y permitir una adecuada administración de los recursos bajo criterios de rentabilidad, liquidez y seguridad.

La decisión finalmente revierte la orientación que había adoptado el Gobierno anterior. El Decreto 369 de 2026 había establecido que la totalidad de las inversiones realizadas por cada AFP en determinados instrumentos del exterior no podía superar el 30% de los cuatro tipos de fondos obligatorios administrados por cada entidad.

Aquella norma no planteaba una reducción inmediata al 30%. El régimen de transición permitía llegar hasta el 35% durante los primeros tres años y exigía alcanzar el 30% como máximo en cinco años. Las AFP, además, debían presentar planes de ajuste ante la Superintendencia Financiera.

La lógica de esa política era llevar una mayor cantidad del ahorro pensional hacia inversiones dentro del país. El Decreto 369 incluso contemplaba que el Ministerio de Hacienda pudiera promover un banco de proyectos para facilitar la canalización de esos recursos hacia proyectos productivos públicos o privados en Colombia.

El problema de fondo es que los recursos de las AFP no son simplemente dinero disponible para financiar cualquier proyecto que el Gobierno considere prioritario. Son los ahorros destinados a financiar las pensiones de los afiliados y, por eso, las decisiones de inversión deben responder a criterios de riesgo, rentabilidad y liquidez.

Ahí aparece una de las principales razones para defender la eliminación del límite. Una cartera concentrada excesivamente en un solo país queda más expuesta a los problemas económicos, financieros y políticos de ese país. Diversificar geográficamente permite repartir esos riesgos entre distintas economías, monedas, mercados y sectores.

Para un trabajador colombiano, sin embargo, la discusión puede parecer contraintuitiva. Si el dinero de su cuenta individual termina invertido en Estados Unidos, Europa, Asia u otros mercados, puede preguntarse por qué sus ahorros deberían estar expuestos a lo que ocurra en economías extranjeras.

La respuesta es que mantener el dinero exclusivamente en Colombia tampoco elimina el riesgo. Por el contrario, concentra buena parte de la exposición del ahorro pensional en la economía colombiana, el peso, las tasas de interés locales, los títulos de deuda pública, las empresas nacionales y el comportamiento del mercado financiero interno.

Además, existe un riesgo cambiario que resulta especialmente importante. Las cuentas pensionales se expresan en pesos colombianos, mientras que una parte de las inversiones internacionales puede estar denominada en dólares, euros u otras monedas. Por ello, las variaciones de las tasas de cambio pueden afectar el valor medido en pesos de esas inversiones.

Pero el efecto del dólar no es necesariamente negativo. Una depreciación del peso puede aumentar, al convertirse a pesos, el valor de determinados activos internacionales. De esta manera, una inversión externa puede funcionar también como una cobertura parcial frente a una pérdida de valor de la moneda colombiana.

Por eso, afirmar que invertir afuera hace automáticamente más riesgosos los fondos de pensiones sería una simplificación. El riesgo depende de la composición completa del portafolio: qué activos se compran, en qué países, en qué monedas, qué sectores representan, qué nivel de volatilidad tienen y qué mecanismos de cobertura cambiaria utilizan las AFP.

Este último punto resulta especialmente relevante. No basta con conocer qué porcentaje del fondo está invertido en el exterior. Para medir realmente la exposición de los afiliados al dólar y a otras monedas también es necesario conocer cuánto de ese riesgo está cubierto mediante instrumentos financieros.

La Superintendencia Financiera dispone de información detallada sobre los portafolios de las AFP y publica formatos que permiten consultar las inversiones, así como operaciones relacionadas con forwards de divisas, swaps y otros instrumentos utilizados para administrar riesgos.

La propia regulación pensional reconoce que el valor de las inversiones cambia diariamente. Los fondos están sometidos a la valoración a precios de mercado y sus resultados pueden verse afectados por variables como las tasas de interés, los precios de las acciones y la tasa de cambio.

Esto significa que el afiliado puede experimentar variaciones en el saldo de su cuenta incluso cuando no haya realizado ningún retiro. El dinero está invertido y su valor cambia con los mercados.

La discusión tampoco puede reducirse a una pelea entre invertir en Colombia o invertir en el extranjero. El verdadero debate es cuál combinación permite obtener una relación adecuada entre rentabilidad y riesgo para los trabajadores, sin sacrificar la liquidez necesaria para atender las obligaciones pensionales.

También existe una dimensión económica nacional. Si una mayor proporción del ahorro pensional se invierte en Colombia, esos recursos pueden contribuir al financiamiento de empresas, infraestructura, vivienda, deuda pública y otros proyectos. El desafío consiste en que esos proyectos ofrezcan condiciones suficientemente atractivas y seguras para competir con las alternativas internacionales.

La Superintendencia Financiera había advertido precisamente sobre este problema al analizar la regulación de inversiones. El superintendente César Ferrari señaló que Colombia necesita proyectos bien estructurados, financieramente sólidos y con rentabilidades competitivas para aprovechar adecuadamente los grandes recursos disponibles en los fondos de pensiones.

La advertencia es importante porque limitar administrativamente la inversión externa no crea, por sí mismo, nuevas oportunidades de inversión nacional. Si no existen suficientes proyectos atractivos, las AFP pueden terminar concentrando recursos en pocos activos locales o en instrumentos como los títulos de deuda pública.

El Gobierno anterior buscaba precisamente aumentar la canalización del ahorro hacia Colombia, mientras que el actual Gobierno sostiene que liberar la restricción permitirá a las AFP administrar mejor los portafolios. En términos económicos, las dos posiciones parten de objetivos diferentes: una privilegia la movilización del ahorro hacia la economía nacional y la otra la libertad de diversificación.

La nueva regla tampoco garantiza que las AFP vayan a aumentar inmediatamente sus inversiones internacionales. Las administradoras continuarán teniendo que decidir dónde colocar los recursos de acuerdo con las condiciones del mercado y las reglas que permanezcan vigentes para cada tipo de activo.

Según cifras citadas por Reuters, cerca del 48% de los portafolios de los fondos privados ya estaba invertido en mercados extranjeros, equivalente a unos 278 billones de pesos. El patrimonio administrado por las AFP privadas rondaba los 579 billones de pesos y correspondía a cerca de 20 millones de afiliados.

Por eso, la pregunta que deja la eliminación del límite no es simplemente si es bueno o malo que el dinero salga del país. Para los afiliados, la pregunta más importante es qué composición de inversiones consigue proteger mejor sus ahorros frente a las crisis colombianas y las internacionales, al tiempo que ofrece una rentabilidad suficiente para financiar su pensión.

El cambio devuelve a las AFP un margen de decisión más amplio, pero también aumenta la importancia de la supervisión. Si desaparece el techo global del 30%, será fundamental observar cómo cambian los portafolios, cuánto aumenta realmente la exposición internacional, qué proporción queda cubierta frente al riesgo cambiario y qué resultados obtienen los afiliados.

En última instancia, el debate enfrenta dos riesgos diferentes: el de concentrar demasiado ahorro pensional en Colombia y el de aumentar la exposición a mercados, monedas y economías extranjeras. Ninguno desaparece con un decreto. La discusión verdaderamente relevante será si las AFP consiguen administrar esa tensión de manera que la diversificación mejore, y no deteriore, la seguridad y rentabilidad de los ahorros con los que millones de colombianos esperan financiar su vejez.

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