El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió cambiar el nombre del océano Atlántico o del Pacífico por “Trump Ocean” (océano Trump) o “Ocean of the Americas” (océano de las Américas). La propuesta fue planteada durante un mitin político celebrado el 10 de octubre en Clarksville, Tennessee.
Trump presentó la idea mientras repasaba los cambios de denominación geográfica impulsados durante su administración. Ante sus seguidores, afirmó que Estados Unidos ya tenía un golfo y un lago con nombres modificados y que, en esa lista, faltaban un río y un océano.
“Estaba pensando en el Atlántico o el Pacífico. Lo llamaríamos océano Trump u océano de las Américas, algo así”, dijo el mandatario, según el registro de sus declaraciones divulgado por medios estadounidenses.
El comentario provocó risas y aplausos entre algunos asistentes. Sin embargo, Trump no precisó cuál de los dos océanos sería objeto del cambio ni presentó una orden ejecutiva, un proyecto legislativo o un procedimiento formal para llevar la idea a la práctica.
Por ahora, la iniciativa debe entenderse como una propuesta expresada en un discurso, no como una decisión oficial. No hay fundamento para afirmar que el Atlántico o el Pacífico ya hayan sido rebautizados o que el Gobierno haya establecido un calendario para hacerlo.
La declaración se suma a una serie de cambios de nombres geográficos promovidos por Trump desde su regreso a la Casa Blanca. En enero de 2025, firmó una orden ejecutiva para que las agencias federales estadounidenses utilizaran la denominación “Golfo de América” en lugar de “Golfo de México”.
Esa decisión generó controversia porque el golfo es compartido por Estados Unidos, México y Cuba, y su nombre tradicional tiene un uso internacional consolidado. La orden estadounidense regula el uso oficial dentro de la jurisdicción federal, pero no obliga a otros países a adoptar la nueva denominación.
La disputa también tuvo repercusiones en el ámbito informativo y cartográfico. Empresas de mapas y medios de comunicación debieron definir cómo reflejar el cambio según el territorio desde el que se consultaran sus servicios o las normas editoriales que aplicaran.
En agosto de 2026, Trump también impulsó el nombre “Lake America” para el lago Ontario, compartido por Estados Unidos y Canadá, de acuerdo con reportes de prensa. Ese antecedente vuelve a plantear los límites de una decisión nacional cuando se refiere a un accidente geográfico que involucra a otro país.
El nuevo planteamiento amplía el alcance de esa política: el Atlántico y el Pacífico no son cuerpos de agua circunscritos a Estados Unidos, sino océanos que conectan numerosos países, costas y territorios, además de extensas áreas de aguas internacionales.
El Gobierno estadounidense puede establecer los nombres que utiliza en sus documentos, bases de datos y mapas oficiales. No obstante, esa potestad no significa que pueda imponer unilateralmente una denominación al resto de los Estados ni garantizar que organismos internacionales, instituciones científicas y servicios cartográficos de otros países la adopten.
Por eso, incluso si Trump ordenara utilizar “océano Trump” en la cartografía oficial estadounidense, el cambio no equivaldría automáticamente a un reconocimiento internacional. Otros gobiernos podrían mantener los nombres actuales, como ocurrió con la denominación del golfo de México.
La propuesta también deja abierta una cuestión política: si el objetivo sería reforzar una referencia a Estados Unidos mediante el nombre “océano de las Américas” o incorporar directamente el apellido del presidente. Trump mencionó ambas posibilidades, pero no explicó criterios para escoger entre ellas.
Durante el mismo discurso, el mandatario descartó modificar los nombres del río Hudson y del Misisipi. Sobre el primero hizo referencia al explorador Henry Hudson, mientras que al hablar del Misisipi vinculó su decisión con el apoyo electoral que ha recibido en ese estado.
La declaración vuelve a poner en discusión el uso político de los nombres geográficos y la diferencia entre una decisión administrativa nacional y una denominación aceptada internacionalmente. Por ahora, el único hecho confirmado es que Trump planteó la posibilidad durante un mitin; cualquier cambio oficial requeriría pasos adicionales y no garantizaría que el resto del mundo lo adoptara.






