La localidad de Bosa fue escenario de una convocatoria en defensa de la memoria de Carlos Pizarro Leongómez, excomandante del Movimiento 19 de Abril (M-19), a través de una velatón que busca reivindicar su legado y el proceso de paz que condujo a la dejación de armas de esa organización en 1990. La iniciativa fue difundida por el concejal de Bogotá José Cuesta Novoa, del Pacto Histórico, quien ha defendido la permanencia del nombre del exdirigente en una institución educativa pública de la localidad.
La actividad se enmarca en una controversia sobre el nombre del Colegio Carlos Pizarro Leongómez, luego de que el concejal Julián Uscátegui presentara un proyecto de acuerdo para impedir que las instituciones educativas públicas del Distrito lleven nombres de personas que hayan pertenecido a grupos armados ilegales. La propuesta contempla revisar denominaciones existentes y establecer criterios para nombrar colegios, sedes, bibliotecas y otros espacios educativos.
La iniciativa abrió una discusión política sobre la manera en que Bogotá reconoce su historia y recuerda a quienes participaron en el conflicto armado. Mientras sus promotores plantean que los espacios educativos no deben llevar nombres de antiguos integrantes de organizaciones armadas ilegales, sus contradictores sostienen que la trayectoria de Pizarro también debe analizarse a la luz de su participación en el proceso de paz y de los acontecimientos que contribuyeron a la transformación política del país.
Cuesta ha situado esta controversia dentro de lo que considera una guerra cultural impulsada desde el Gobierno nacional, en la que la memoria histórica y los símbolos asociados a los procesos de paz se convierten en objeto de disputa política. Desde esa perspectiva, el concejal plantea que el debate sobre el nombre del colegio no se limita a una denominación institucional, sino que también involucra distintas interpretaciones sobre el conflicto armado, la reconciliación y la construcción democrática.
Carlos Pizarro fue uno de los principales dirigentes del M-19 y participó en las negociaciones que llevaron a la desmovilización de esa organización en 1990. Posteriormente, se presentó como candidato presidencial y fue asesinado el 26 de abril de ese mismo año. Su trayectoria está vinculada tanto a la historia de la insurgencia colombiana como al proceso de incorporación de antiguos combatientes a la vida política legal.
Para los sectores que defienden el nombre del colegio, recordar a Pizarro implica destacar el tránsito del M-19 hacia la participación política institucional y su relación con el proceso constituyente de 1991. Esta interpretación considera que la memoria de los acuerdos de paz debe formar parte de la formación de las nuevas generaciones, sin desconocer las complejidades de la historia nacional.
La controversia también está relacionada con el alcance del proyecto presentado por Uscátegui. La propuesta busca establecer restricciones para que las instituciones educativas públicas no lleven nombres de personas que hayan pertenecido a organizaciones armadas ilegales, incluidas guerrillas y estructuras paramilitares. Su aplicación podría implicar la revisión de nombres existentes y la adopción de nuevos procedimientos para elegir las denominaciones de los establecimientos educativos distritales.
En respuesta, Cuesta convocó a sectores de la ciudadanía, especialmente de Bosa, a defender la memoria de los procesos de paz y las luchas sociales que, según su postura, han contribuido a la construcción de la democracia colombiana. La convocatoria se suma a otras manifestaciones públicas que han reivindicado el legado de Pizarro y cuestionado la posibilidad de retirar su nombre de la institución educativa.
El debate plantea una discusión sobre los criterios con los que se nombran los colegios públicos y el papel de la memoria histórica en los espacios educativos. También enfrenta dos aproximaciones: una que prioriza evitar homenajes institucionales a antiguos integrantes de organizaciones armadas y otra que defiende la posibilidad de reconocer procesos de desmovilización y reconciliación como parte de la historia política del país.
La velatón en Bosa, por tanto, trasciende el acto simbólico de encender velas en memoria de Carlos Pizarro. La jornada se convierte en un escenario de discusión sobre el significado de los procesos de paz, la representación del pasado en las instituciones públicas y las disputas políticas en torno a la memoria del conflicto armado colombiano.





