Petro denuncia un fraude algorítmico y desconoce al gobierno entrante: qué tan viables son sus acusaciones y qué tendría que ocurrir para cambiar el resultado electoral

Petro aseguró que la firma israelí Black Cube habría suministrado algoritmos y apoyo tecnológico para ejecutar el supuesto fraude. Black Cube existe y es una empresa privada de inteligencia fundada por exintegrantes de los servicios de inteligencia israelíes, conocida por participar en investigaciones corporativas y operaciones encubiertas en distintos países - Foto: Presidencia de Colombia

Petro aseguró que la firma israelí Black Cube habría suministrado algoritmos y apoyo tecnológico para ejecutar el supuesto fraude. Black Cube existe y es una empresa privada de inteligencia fundada por exintegrantes de los servicios de inteligencia israelíes, conocida por participar en investigaciones corporativas y operaciones encubiertas en distintos países - Foto: Presidencia de Colombia

El presidente Gustavo Petro elevó este domingo la confrontación política al desconocer la legitimidad del gobierno entrante de Abelardo de la Espriella y denunciar la existencia de un supuesto fraude electoral ejecutado mediante algoritmos informáticos. En un extenso mensaje publicado en su cuenta de X, el mandatario aseguró que el verdadero ganador de la segunda vuelta fue Iván Cepeda y convocó a movilizaciones ciudadanas para el próximo 20 de julio.

En su pronunciamiento, Petro afirmó que el Gobierno dispone de información según la cual un servidor ubicado en Los Ángeles, California, habría sido utilizado para alterar los escrutinios mediante algoritmos que modificaron sustancialmente la votación. Según su versión, esos programas habrían utilizado el censo de ciudadanos que históricamente no votan para reemplazar sus sufragios por votos emitidos varias veces o por personas distintas a los electores registrados.

El mandatario también sostuvo que las presuntas irregularidades ocurrieron en mesas de votación instaladas en Estados Unidos y España, donde, según dijo, se registró una amplia ventaja para De la Espriella. Asimismo, aseguró que maniobras similares habrían ocurrido en Antioquia, Medellín, Norte de Santander y varios puestos de votación del norte de Bogotá, afirmando incluso que uno de sus hijos encontró que otra persona ya había votado utilizando su nombre.

Dentro de las acusaciones aparecen dos nombres que han generado especial atención. Petro aseguró que la firma israelí Black Cube habría suministrado algoritmos y apoyo tecnológico para ejecutar el supuesto fraude. Black Cube existe y es una empresa privada de inteligencia fundada por exintegrantes de los servicios de inteligencia israelíes, conocida por participar en investigaciones corporativas y operaciones encubiertas en distintos países. Sin embargo, hasta el momento no existe evidencia pública que demuestre su participación en el proceso electoral colombiano.

El presidente también señaló a una supuesta empresa denominada Balart, a la que atribuyó labores de lobby para mejorar la imagen internacional de Abelardo de la Espriella y conseguir respaldo político del presidente estadounidense Donald Trump. No obstante, hasta ahora no se conocen registros públicos, contratos o documentos que permitan identificar con claridad la empresa mencionada ni corroborar las actividades descritas por el mandatario.

Desde un punto de vista técnico, algunos de los mecanismos descritos por Petro no son imposibles. Expertos en seguridad informática coinciden en que cualquier infraestructura tecnológica puede presentar vulnerabilidades y que existen antecedentes internacionales de intentos de interferencia en procesos electorales. Del mismo modo, la ausencia de validación biométrica universal en todas las mesas de votación colombianas hace que la suplantación de identidad sea un riesgo reconocido por las autoridades electorales desde hace varios años.

Sin embargo, una cosa es la existencia de vulnerabilidades y otra muy distinta demostrar que estas fueron explotadas para modificar el resultado de una elección presidencial. En el caso colombiano, el proceso electoral cuenta con múltiples controles, entre ellos formularios físicos E-14, escrutinios sucesivos, comisiones escrutadoras, testigos de campaña y observación nacional e internacional. Alterar cientos de miles de votos sin dejar evidencia documental o estadística representa un desafío técnico y logístico de enorme magnitud.

Precisamente por ello, especialistas en derecho electoral advierten que las afirmaciones realizadas por el presidente requieren un estándar probatorio excepcionalmente alto. No bastaría con señalar la existencia de un servidor, un algoritmo o una empresa extranjera. Sería necesario aportar registros informáticos, auditorías independientes, análisis forenses, trazabilidad de las modificaciones denunciadas y pruebas que permitan demostrar no solo que existió una manipulación, sino que esta alteró efectivamente el resultado de la elección.

Si el Gobierno considera que dispone de esa evidencia, el camino institucional está claramente definido. La información debería ser puesta a disposición de la Fiscalía General de la Nación, del Consejo Nacional Electoral y de las autoridades judiciales competentes para que adelanten investigaciones penales, administrativas y electorales. Paralelamente tendrían que practicarse peritajes independientes que validen la autenticidad y el alcance de las pruebas técnicas.

En el ámbito electoral, una eventual impugnación del resultado no podría resolverse mediante pronunciamientos políticos ni movilizaciones ciudadanas. Correspondería a la jurisdicción contencioso-administrativa determinar si existen fundamentos para anular total o parcialmente la elección presidencial y establecer las consecuencias jurídicas de una decisión de esa naturaleza.

El escenario más extremo surgiría si las autoridades judiciales concluyeran que sí existió un fraude de magnitud suficiente para cambiar al ganador de la elección. En ese caso podrían anularse los resultados y abrirse una de las mayores crisis constitucionales de la historia reciente del país. Sin embargo, ello no significaría automáticamente que Iván Cepeda asumiera la Presidencia.

La razón es que la legislación colombiana no prevé que el segundo candidato se convierta de inmediato en presidente cuando se anula una elección. Antes habría que establecer con certeza cuál fue el resultado legítimo de los comicios. Si el fraude permitiera reconstruir la votación real, un tribunal podría adoptar decisiones con base en esa evidencia. Si, por el contrario, las irregularidades impidieran conocer quién obtuvo realmente la mayoría, podrían abrirse escenarios como la repetición de la elección.

Si un fallo de esa naturaleza llegara cuando Abelardo de la Espriella ya hubiera asumido la Presidencia, el país enfrentaría una situación sin precedentes recientes. La eventual nulidad de la elección obligaría a aplicar las reglas constitucionales sobre la sucesión presidencial y a definir judicialmente la forma de restablecer la legitimidad democrática, un asunto que dependería del contenido exacto de la sentencia y de las pruebas recaudadas.

Mientras tanto, las denuncias de Petro permanecen en el terreno de las afirmaciones políticas. Hasta la fecha, las autoridades electorales mantienen el reconocimiento oficial de la elección de Abelardo de la Espriella, no se han presentado públicamente pruebas concluyentes que respalden las acusaciones formuladas por el mandatario y ninguna autoridad judicial ha determinado que el resultado presidencial haya sido alterado mediante un fraude algorítmico. La discusión, por ahora, sigue librándose entre el discurso político y las exigencias probatorias del Estado de derecho.

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