Oficina de Vocería Oficial: ¿Se acerca al modelo de Adorni en Argentina?

El anuncio de esta Oficina de Vocería no solo redefine la estrategia de comunicaciones del próximo gobierno, sino que también convierte a Miller Soto en una de las figuras políticas más visibles de la administración entrante. Abogado y uno de los hombres de confianza de De la Espriella durante la campaña, Soto tendrá ahora la responsabilidad de fijar la posición oficial del Gobierno frente a las principales controversias nacionales - Foto: X/@millersoto

El anuncio de esta Oficina de Vocería no solo redefine la estrategia de comunicaciones del próximo gobierno, sino que también convierte a Miller Soto en una de las figuras políticas más visibles de la administración entrante. Abogado y uno de los hombres de confianza de De la Espriella durante la campaña, Soto tendrá ahora la responsabilidad de fijar la posición oficial del Gobierno frente a las principales controversias nacionales - Foto: X/@millersoto

La decisión del presidente electo Abelardo de la Espriella de crear una Oficina de Vocería Oficial del Gobierno marca uno de los cambios más profundos en la manera como la Casa de Nariño se relacionará con los medios de comunicación y con la opinión pública. A partir del 7 de agosto, Miller Soto Solano y Carolina Gómez Sánchez serán los únicos autorizados para comunicar las posiciones oficiales del Ejecutivo, una apuesta por centralizar el mensaje gubernamental que rompe con la práctica tradicional de que cada ministro sea el principal vocero de su cartera.

El anuncio de esta Oficina de Vocería no solo redefine la estrategia de comunicaciones del próximo gobierno, sino que también convierte a Miller Soto en una de las figuras políticas más visibles de la administración entrante. Abogado y uno de los hombres de confianza de De la Espriella durante la campaña, Soto tendrá ahora la responsabilidad de fijar la posición oficial del Gobierno frente a las principales controversias nacionales.

Su nombramiento, sin embargo, llega acompañado de un antecedente que lo convirtió en una figura ampliamente conocida durante la contienda presidencial: la sección denominada “Los Nunca”, una serie de intervenciones en las que respondía diariamente a afirmaciones que, según la campaña, eran falsas o tergiversaban las propuestas del entonces candidato Abelardo de la Espriella. Con un formato de rápida difusión en redes sociales, Soto se encargó de desmentir rumores, aclarar programas de gobierno y confrontar narrativas impulsadas por los adversarios políticos.

Esa experiencia explica en buena medida el perfil del cargo que ahora asumirá. Más que un jefe de prensa tradicional, Soto fue durante la campaña el principal escudero comunicativo del candidato, una función que ahora parece trasladarse al ejercicio del poder. Su desafío ya no será defender una candidatura, sino comunicar decisiones de Estado que deberán responder a criterios de institucionalidad y no únicamente de estrategia política.

El esquema anunciado por De la Espriella encuentra su paralelo más cercano en Argentina. Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, Manuel Adorni se convirtió en la voz oficial de la Casa Rosada, ofreciendo conferencias de prensa periódicas, fijando la posición del Ejecutivo y respondiendo a las controversias políticas del día. Con el paso de los meses, Adorni dejó de ser únicamente un portavoz para convertirse en uno de los funcionarios con mayor peso dentro del gobierno argentino.

La similitud no pasa desapercibida. Así como Adorni concentra buena parte de la comunicación política del gobierno de Milei, la nueva Oficina de Vocería Oficial pretende canalizar las decisiones y anuncios del Ejecutivo colombiano a través de una instancia única. La diferencia es que De la Espriella optó por un modelo de dos voceros, en el que Miller Soto compartirá funciones con la periodista Carolina Gómez Sánchez, aunque todavía no se conocen los alcances específicos que tendrá cada uno.

La creación de esta oficina también abre un interrogante administrativo. Hasta ahora, la Presidencia de la República ha contado con una Secretaría u Oficina de Prensa encargada de coordinar la relación con los medios y difundir la actividad institucional. La nueva dependencia parece ubicarse por encima de esa estructura en materia de comunicación política, pero el Gobierno aún no ha explicado cómo se distribuirán las competencias ni si habrá una reorganización interna o la creación de nuevos cargos.

Precisamente ahí surge una de las primeras críticas de la oposición y de algunos analistas: ¿es compatible la creación de una nueva oficina con el discurso de austeridad que ha defendido el presidente electo? Durante la campaña, De la Espriella prometió reducir el tamaño del Estado, eliminar gastos considerados innecesarios y racionalizar la burocracia. Por ello, cualquier incremento en la estructura administrativa de la Presidencia será observado con especial atención.

La respuesta dependerá de cómo se formalice la medida. Si la Oficina de Vocería Oficial reemplaza funciones ya existentes o redistribuye personal dentro del Departamento Administrativo de la Presidencia, el Gobierno podrá argumentar que no está ampliando el aparato estatal. Si, por el contrario, implica nuevos cargos, asesores y presupuesto adicional, el debate sobre la coherencia entre la política de austeridad y la expansión de la estructura presidencial será inevitable.

Más allá de la discusión presupuestal, la apuesta de De la Espriella refleja una tendencia observada en otros gobiernos: centralizar la comunicación para evitar mensajes contradictorios y mantener un relato único desde la Presidencia. Ese modelo puede ofrecer mayor disciplina comunicativa, pero también concentra el manejo de la información en un número reducido de funcionarios y limita el margen de autonomía de los ministros para fijar públicamente la narrativa de sus sectores.

Más allá del diseño institucional de la nueva vocería, el nombramiento de Miller Soto también refleja una paradoja política. Durante la campaña fue una de las voces encargadas de desmontar, a través de la serie “Los Nunca”, las críticas y cuestionamientos contra Abelardo de la Espriella, convirtiéndose en uno de los principales defensores del discurso de cambio del hoy presidente electo. Sin embargo, su trayectoria profesional muestra un recorrido ampliamente ligado al sector público, con pasos por el Ministerio del Interior, la Defensoría del Pueblo, la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada y la Alcaldía de Barranquilla. Ese doble perfil —el del abogado con experiencia en el Estado y el del estratega que defendió la narrativa de campaña— será ahora el que acompañe la transformación del modelo de comunicación de la Presidencia y la tarea de explicar, desde el poder, las decisiones del nuevo Gobierno.

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