Keiko Fujimori asumió el 28 de julio de 2026 la Presidencia de Perú para el periodo 2026-2031, en una ceremonia realizada en el Congreso de la República. Su llegada al poder marcó el retorno del fujimorismo a la Casa de Pizarro después de casi tres décadas y convirtió a Fujimori en la primera mujer elegida por voto popular para ejercer la Presidencia peruana.
La investidura se produjo después de una elección cerrada, en la que Fujimori derrotó al candidato de izquierda Roberto Sánchez por una diferencia de 49.641 votos. La estrecha victoria reflejó la polarización política que atraviesa Perú y anticipó un gobierno que deberá buscar acuerdos en un Congreso bicameral en el que Fuerza Popular tendrá la bancada más numerosa, aunque sin una mayoría propia.
Durante la ceremonia, Fujimori juró como presidenta constitucional y recibió la banda presidencial antes de pronunciar su primer mensaje a la nación. En su discurso prometió gobernar con determinación y empatía, planteó la necesidad de recuperar la estabilidad institucional y defendió medidas orientadas a fortalecer la disciplina fiscal, mejorar el clima de negocios y responder a las demandas sociales.
La posesión tuvo un fuerte componente simbólico por el regreso de la familia Fujimori al poder. Keiko es hija del expresidente Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000 y cuyo mandato quedó marcado por una profunda transformación económica, pero también por el autoritarismo, las violaciones de derechos humanos y los casos de corrupción que llevaron a su condena. La nueva presidenta llega, además, después de cuatro intentos por alcanzar el cargo.
Su triunfo se inscribe en una tendencia regional de fortalecimiento de gobiernos y movimientos de derecha. En los últimos años, varios países latinoamericanos han elegido mandatarios que han construido sus campañas alrededor de discursos de seguridad, reducción del tamaño del Estado, defensa de valores conservadores y mayor cercanía política y económica con Estados Unidos. El ascenso de Fujimori amplía esa tendencia en Sudamérica.
El avance de la derecha también responde al desgaste de varios gobiernos progresistas y a la preocupación ciudadana por el aumento de la criminalidad, la debilidad económica y la inestabilidad política. En Perú, la inseguridad y la sucesión de gobiernos y crisis institucionales se convirtieron en temas centrales de la campaña, lo que favoreció propuestas que prometían mayor autoridad y un cambio en la conducción del Estado.
La ceremonia contó con una amplia presencia internacional. Entre los mandatarios asistentes estuvieron Javier Milei, de Argentina; José Antonio Kast, de Chile; Daniel Noboa, de Ecuador; José Raúl Mulino, de Panamá; Santiago Peña, de Paraguay; Rodrigo Paz, de Bolivia; Yamandú Orsi, de Uruguay; y Nasry Asfura, de Honduras. La participación de estos líderes evidenció el interés regional por el nuevo gobierno peruano.
También asistió el rey Felipe VI de España, mientras que Estados Unidos estuvo representado por el vicesecretario de Estado, Christopher Landau, quien acudió en nombre del presidente Donald Trump. La agenda internacional incluyó además delegaciones de China, Japón, Corea del Sur y otros países, así como representantes de organismos multilaterales.
La presencia de Milei, Kast y Noboa dio a la investidura una imagen asociada al fortalecimiento de la derecha y la ultraderecha regional. Al mismo tiempo, la ausencia de algunos mandatarios progresistas, como Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, fue interpretada como una muestra de las divisiones políticas que atraviesan América Latina y de las diferencias ideológicas alrededor del nuevo gobierno peruano.
Fujimori inicia su mandato con el desafío de convertir su victoria electoral en estabilidad política. Perú ha tenido diez presidentes desde 2016 y mantiene una historia reciente de confrontaciones entre el Ejecutivo y el Congreso. Su gobierno será observado por la capacidad para enfrentar la inseguridad, sostener la economía y construir acuerdos, pero también por el impacto que pueda tener el regreso del fujimorismo y su alineamiento con los nuevos liderazgos conservadores de América Latina.






