La posesión de Abelardo de la Espriella este 7 de agosto en Cali tendrá una nutrida representación internacional y una composición que refleja buena parte de las alianzas políticas que el nuevo presidente buscó construir durante la campaña. A la presencia confirmada del rey Felipe VI de España y de varios mandatarios latinoamericanos se suma ahora la del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien viajará a Colombia para asistir a la ceremonia.
Entre los jefes de Estado confirmados están Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; Laura Fernández, de Costa Rica; José Raúl Mulino, de Panamá; José Antonio Kast, de Chile; Nasry Asfura, de Honduras, Luis Abinader, de República Dominicana y Gilmar Pizas, primer ministro de Curazao, quien también representará a Países Bajo. A ellos se suma Felipe VI, cuya presencia constituye la representación europea de mayor nivel en la ceremonia.
La llegada de Infantino añade un componente diferente al listado estrictamente político. El presidente de la FIFA ha confirmado su viaje a Colombia y asistirá a la investidura en Cali. Su presencia también tiene un componente personal e institucional: Infantino mantiene desde hace años una relación cercana con Colombia y con el fútbol nacional y en 2022 recibió la Orden de Boyacá por su contribución al desarrollo del fútbol en el país.
La representación estadounidense, en cambio, será menos política de lo que podría sugerir la estrecha relación que De la Espriella ha planteado con Washington. No estará el secretario de Estado Marco Rubio ni ningún funcionario de alto nivel del Gobierno de Donald Trump. La delegación estará fundamentalmente vinculada con la cooperación y la lucha contra las drogas, lo que constituye un mensaje diferente al que habría producido la presencia de una figura del gabinete estadounidense.
Tampoco estará Bernie Moreno, senador republicano de origen colombiano que había sido mencionado inicialmente como integrante de la delegación estadounidense. De hecho, una información publicada semanas atrás por la propia campaña de De la Espriella daba por confirmada su asistencia, por lo que su ausencia representa un cambio respecto de las primeras previsiones.
La ausencia de Moreno resulta llamativa porque el senador había tenido un papel visible durante la campaña y después de la elección. Tras la victoria de De la Espriella, Moreno aseguró que Estados Unidos estaba dispuesto a trabajar con el nuevo Gobierno colombiano y destacó la relación que esperaba entre Trump y el presidente entrante. La composición final de la delegación estadounidense, por tanto, rebaja el peso político de Washington en la ceremonia, aunque no necesariamente el de la relación bilateral.
Otro de los capítulos diplomáticos de la posesión ha sido el impasse con Rusia. Moscú había sido incluido inicialmente entre los países invitados, mientras que once países europeos y asiáticos quedaron por fuera de la primera ronda de invitaciones. La situación generó malestar diplomático porque entre los excluidos estaban países como Ucrania, Chipre y Eslovenia, además de otros Estados europeos y un país asiático.
El Gobierno entrante terminó enviando las invitaciones a esos 11 países, diez europeos y uno asiático, pero el episodio dejó una primera controversia diplomática antes incluso de que De la Espriella asumiera el poder. La explicación ofrecida por el equipo entrante apuntó a dificultades relacionadas con la acreditación de embajadores durante la transición, mientras desde el ámbito diplomático se advirtió que la diferencia de trato podía ser interpretada como una señal política.
El episodio resulta particularmente sensible por las relaciones de Colombia con Europa y por asuntos concretos como la cooperación y el régimen de viajes al espacio Schengen. Que Rusia apareciera inicialmente entre los invitados mientras varios países europeos quedaban excluidos provocó preguntas sobre los criterios utilizados para elaborar la lista. Las invitaciones posteriores buscaron corregir el problema, pero no eliminaron completamente el ruido diplomático generado.
También llama la atención la ausencia de Keiko Fujimori, quien acaba de asumir la Presidencia del Perú. La nueva mandataria peruana no estará en Cali, pese a que De la Espriella sí había enviado una delegación de alto nivel a su propia investidura en Lima: el vicepresidente electo José Manuel Restrepo, el canciller designado Omar Bula y el entonces designado ministro de Comercio Mauricio Gómez Amín. Para el caso peruano, será el vicepresidente quien atienda a la posesión en una caso similar al de El Salvador, pues Nayib Bukele enviará a se segundo al mando a la ceremonia.
En el terreno de la derecha internacional, Agustín Laje asistirá a la posesión, en la noche del 6 de agosto compartió con influenciadores de derecha colombiana. Caso contrario ocurre con Santiago Abascal, líder de Vox: De la Espriella sí mantuvo contactos con él y con Isabel Díaz Ayuso durante la campaña, pero no se han confirmado entre los asistentes.
En cuanto a la política colombiana, Álvaro Uribe sí figura entre los expresidentes invitados, al igual que César Gaviria, Andrés Pastrana e Iván Duque. En contraste, Juan Manuel Santos y Ernesto Samper quedaron fuera de la lista; Samper incluso confirmó públicamente que no había recibido invitación y reaccionó con ironía a la decisión. A pesar de esto Uribe ha manifestado que por sus procesos legales y razones de seguridad, no asistirá a la ceremonia, lo que ha generado suspicacias en medio de la pugna entre su partido y Defensores de la Patria por el liderazgo de la derecha.
La situación de Paloma Valencia es distinta. La senadora y excandidata presidencial apoyó a De la Espriella después de quedar eliminada en la primera vuelta, pero aún así no fue invitada. Algo similar ocurre con Alejandro Ramelli, presidente de la JEP, con quien además, De La Espriella se ha negado a hablar.
La fotografía internacional de la posesión termina siendo, así, bastante particular: diez jefes de Estado o de Gobierno, el rey de España, Gianni Infantino y diversas delegaciones, pero sin Petro, sin Iván Cepeda, sin los expresidentes Santos y Samper, sin Marco Rubio y sin una figura de primer nivel de la administración Trump. La ceremonia refleja el giro político de Colombia hacia gobiernos conservadores de la región, pero también las primeras dificultades de una política exterior que todavía está definiendo sus prioridades y sus alianzas.
Y hay un elemento simbólico adicional: la ceremonia se realizará por primera vez fuera de Bogotá, en Cali, una ciudad que De la Espriella escogió para marcar distancia con el formato tradicional de las posesiones presidenciales. El sitio elegido para la posesión será la arena USC de la Universidad Santiago de Cali. También hay que indicar que Luis Felipe Yagüé, el vendedor de panela a quien sus compradores le cuestionaron su apoyo a De La Espriella, sería quien le impondría la banda presidencial.
La presencia de líderes latinoamericanos de derecha, Felipe VI e Infantino convierte el acto en una suerte de fotografía inicial del nuevo Gobierno; las ausencias y el episodio de las invitaciones, en cambio, muestran que la diplomacia de la administración entrante comienza con señales tanto de acercamiento como de controversia.






