La posesión de Abelardo de la Espriella tuvo como escenario principal la Arena USC de Cali, una ceremonia que rompió con varios elementos de la tradición de las investiduras presidenciales y que estuvo marcada por un fuerte contenido político, religioso y militar.
Entre los asistentes estuvieron los expresidentes Álvaro Uribe Vélez, Iván Duque y Andrés Pastrana. La presencia de Uribe tuvo especial relevancia porque previamente se había dicho que no asistiría. En cambio, el expresidente César Gaviria no acudió. También estuvo la viuda del expresidente Carlos Lemos Simmonds.
La llegada de los invitados estuvo acompañada por una especie de alfombra roja, mientras que De la Espriella recibió, además de la banda presidencial, un bastón de mando. El objeto, según el registro de la ceremonia, tenía como antecedente el utilizado por Julio César Turbay y fue entregado posteriormente por el mandatario a su hija Francesca.
La ceremonia tuvo también una marcada dimensión religiosa. En el escenario se ubicó una imagen de la Virgen de Fátima y posteriormente se desarrolló un segmento de invocaciones y alabanzas en el que participaron el gran rabino de la Comunidad Hebrea Sefaradí en Colombia, David Michaan; el pastor Eduardo Cañas de la Iglesia Manantial de Vida Eterna, reconocida por su oposición a la denominada “ideología de género”; el arzobispo de Cartagena Francisco Javier Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia; y el obispo castrense José Roberto Ospina Leongómez. La cantante Maia, que había interpretado el himno nacional al comienzo, cantó también Hallelujah, de Leonard Cohen.
El segmento religioso terminó incluyendo una oración del rabino Michaan, quien cerró su intervención con las expresiones “Viva Colombia y Viva Israel”, seguida de la participación del pastor Cañas y de otras autoridades religiosas. Mientras se desarrollaba este acto, De la Espriella se trasladó a la sede de la Tercera Brigada del Ejército en Cali.
Después del discurso presidencial, en esa sede militar se realizó el reconocimiento de tropas. El momento tuvo un carácter excepcional dentro del cronograma: según la referencia recogida para la ceremonia, este reconocimiento tradicionalmente se realizaba varios días después de la posesión y no el mismo día.
En la Arena USC, los asistentes siguieron el discurso presidencial mediante pantallas, en lugar de escucharlo directamente en el mismo espacio. La fórmula se apartó del formato tradicional de una posesión en la que el presidente se dirige presencialmente al Congreso. El discurso, además, fue especialmente extenso y superó los 56 minutos que había durado el discurso de posesión de Gustavo Petro.
De la Espriella comenzó su intervención con una invocación a Jesucristo y presentó desde el comienzo una concepción del Gobierno estrechamente vinculada con Dios, la patria y el pueblo. Dijo que esos tres elementos le habían otorgado el lugar que ocupaba y sostuvo que era necesario estar “de rodillas ante Dios” para cumplir los objetivos de su administración.
El mandatario habló de la unidad nacional y aseguró que gobernaría para todos. Recordó a Joaquín de Cayzedo y Cuero y reivindicó su papel en la independencia. También afirmó que el 21 de junio había ganado la democracia y pidió que no se pusiera en duda el sistema democrático, al considerar que este había garantizado tanto su elección como la del Gobierno saliente.
Uno de los conceptos centrales fue el de una nueva “Regeneración”, en referencia al proceso político asociado a Rafael Núñez. De la Espriella señaló que esa nueva etapa tendría como eje la descentralización, además de una regeneración moral, administrativa y económica. Su apuesta económica estaría sustentada en el fortalecimiento de la empresa privada y la inversión.
La seguridad ocupó una parte especialmente amplia de la intervención. El presidente anunció una lucha sin tregua contra el delito y el narcotráfico, ordenó a la Fuerza Pública combatir a las organizaciones criminales y habló de la construcción de megacárceles, aunque en el discurso no precisó de dónde saldrían los recursos para financiarlas.
En ese mismo capítulo, anunció que su Gobierno utilizaría fumigación con sustancias que no contravengan las decisiones de la Corte Constitucional, revisaría el funcionamiento de la JEP, a la que calificó de indulgente, y garantizaría respaldo jurídico a los integrantes de la Fuerza Pública. También afirmó que las organizaciones criminales tendrían la posibilidad de desmovilizarse, pero advirtió que, de no hacerlo, enfrentarían la fuerza del Estado. Su frase fue contundente: “el tigre ha llegado y muerde si debe defender al pueblo colombiano”.
El presidente vinculó además su discurso sobre la seguridad con el asesinato de Miguel Uribe Turbay y con una crítica al Gobierno saliente, al que calificó reiteradamente como un “régimen”. En una referencia a Álvaro Gómez Hurtado y al M-19, sostuvo que la violencia no podía utilizarse para defender ideas y presentó la moralización de la política como una de las tareas pendientes del país.
En materia económica, anunció un decreto para congelar el gasto público, aunque aseguró que mantendría los programas sociales dirigidos a los sectores más pobres. También planteó eliminar el impuesto al patrimonio, formalizar a trabajadores informales y facilitar su acceso al crédito. Presentó la inversión como uno de los pilares de su proyecto denominado “Patria Milagro” y aseguró que su Gobierno buscaría recuperar la reputación internacional del país.
Los hidrocarburos tuvieron un lugar destacado. De la Espriella defendió la explotación de los recursos naturales, habló de las reservas de petróleo y gas y anunció un fracking “responsable y sostenible”, con altos estándares técnicos. También advirtió sobre una eventual crisis energética, que atribuyó a decisiones del Gobierno Petro y al impacto del fenómeno de El Niño, y planteó fortalecer la generación térmica.
El presidente también presentó una agenda tecnológica. Dijo que Colombia debe incorporarse a la cuarta revolución industrial, con inteligencia artificial, ciencia de datos, robótica y desarrollo de software. Su apuesta, dijo, no consiste solamente en consumir tecnología sino en crearla, con jóvenes convertidos en desarrolladores y protagonistas de esa transformación.
En el plano cultural, habló de una “batalla cultural” y defendió el rescate de la familia, el mérito, el amor por la patria, la creencia en Dios y el respeto por la ley. Afirmó que la fortaleza de la familia es la fortaleza de Colombia y prometió medidas severas contra la violencia contra mujeres y niños, incluida su propuesta de cadena perpetua para esos delitos.
La justicia social apareció como la otra cara de la “Patria Milagro”. De la Espriella afirmó que su principal angustia eran los pobres y que estos serían los principales beneficiarios de su proyecto. Sin embargo, las referencias a los pueblos ancestrales, la desigualdad y las comunidades históricamente marginadas fueron mucho menos extensas que las dedicadas a seguridad, economía, tecnología y familia.
En política exterior anunció que Colombia buscaría reactivar relaciones diplomáticas con todos los países, sin ideologizar sus vínculos internacionales. También planteó acercarse a las “naciones libres del mundo”, eliminar barreras arancelarias y suscribir el denominado Escudo de las Américas como uno de sus primeros actos. El discurso incluyó así un giro frente a la política exterior del Gobierno anterior, particularmente en la relación con Israel.
De la Espriella prometió además respetar el equilibrio de poderes y aseguró que no interferiría con las altas cortes ni con el poder judicial. Dijo que no impulsaría reformas constitucionales y que gobernaría únicamente durante los cuatro años de su mandato. También prometió utilizar inteligencia artificial para detectar patrones de corrupción y recurrir a la cooperación judicial internacional para perseguir a los corruptos.
El discurso terminó retomando el tono religioso que había atravesado buena parte de la ceremonia. De la Espriella pidió una bendición para los “hijos de Dios”, pidió que Dios guiara sus decisiones y volvió a unir en su retórica los conceptos de Dios y patria. Finalmente cerró con “Firme por la patria” y la expresión “¡Viva Cristo Rey!”.
Después de la ceremonia, la jornada continuó en la sede de la Tercera Brigada, donde el nuevo mandatario realizó el reconocimiento de tropas antes de participar en el consejo de seguridad. La secuencia resumió buena parte de las prioridades que había expuesto en su discurso: autoridad, Fuerza Pública, lucha contra el narcotráfico y recuperación del control territorial.
Así, la posesión de De la Espriella en Cali no fue solamente el acto formal de transmisión del poder. La ceremonia combinó religión, símbolos patrióticos, Fuerza Pública, seguridad, libre mercado, tecnología y una fuerte crítica al Gobierno Petro, mientras el nuevo presidente presentó la “Patria Milagro” como el proyecto con el que pretende transformar al país durante los próximos cuatro años.





