Jazz al Parque cerró su edición 29 con más de 34.000 asistentes y una mirada latinoamericana

El festival contó con seis invitados internacionales, tres propuestas nacionales y ocho proyectos distritales. México, Cuba, Uruguay, Brasil, Colombia y Estados Unidos estuvieron representados en una programación atravesada por sonidos como el samba, el funk, el afrobeat y las músicas de raíz - Foto: Idartes

El festival contó con seis invitados internacionales, tres propuestas nacionales y ocho proyectos distritales. México, Cuba, Uruguay, Brasil, Colombia y Estados Unidos estuvieron representados en una programación atravesada por sonidos como el samba, el funk, el afrobeat y las músicas de raíz - Foto: Idartes

Jazz al Parque cerró su edición número 29 con más de 34.000 asistentes durante dos jornadas en el Parque El Country de Bogotá, en una programación que puso en diálogo el jazz con distintas expresiones de las músicas latinoamericanas.

El festival contó con seis invitados internacionales, tres propuestas nacionales y ocho proyectos distritales. México, Cuba, Uruguay, Brasil, Colombia y Estados Unidos estuvieron representados en una programación atravesada por sonidos como el samba, el funk, el afrobeat y las músicas de raíz.

La jornada del sábado comenzó con la participación de proyectos distritales. Uno de ellos fue fatsO, el proyecto liderado por Daniel Restrepo, que combina rock, jazz, música afroamericana y sonidos de la tradición colombiana.

Para fatsO, el regreso al festival tuvo además un significado particular. En 2013, el músico había presentado allí su primer álbum y volvió años después con una trayectoria que también lo ha llevado a escenarios y circuitos internacionales de jazz en Europa y Estados Unidos.

La programación continuó con Madera Jazz, agrupación procedente de Medellín que explora el jazz contemporáneo desde influencias latinoamericanas. Su presentación marcó su primera participación en Jazz al Parque y representó la presencia de nuevas generaciones del jazz colombiano.

Desde Uruguay llegó Facundo Balta, conocido artísticamente como BALTA. Su propuesta conecta bossa nova, trap, vals, bolero, R&B y candombe, con una raíz afrouruguaya que convive con la improvisación y los sonidos urbanos.

BALTA también presentó parte de su producción reciente. En abril había publicado Ayer dijiste mañana, un álbum de 12 canciones en el que participan Rubén Rada y Jorge Drexler.

Otro de los momentos centrales del sábado estuvo a cargo de Ricardo Gallo Cuarteto, que celebró dos décadas de trayectoria. La conmemoración coincidió con los 20 años de Los cerros testigos, álbum publicado en 2006 y estrechamente relacionado con la trayectoria del compositor y pianista en Bogotá.

La agrupación llegó además con una formación renovada y con Danzando sobre el polvo, un nuevo álbum que muestra la continuidad de una búsqueda basada en la improvisación y la exploración musical.

El cierre del sábado estuvo a cargo de Arturo O’Farrill, pianista y compositor vinculado a la tradición del jazz afrocubano. Hijo del músico Chico O’Farrill, ha desarrollado una trayectoria en la que las raíces afrocubanas dialogan con el jazz desarrollado en Estados Unidos.

El domingo abrió espacio a otras propuestas de la escena bogotana, entre ellas la de Libardo Cardozo, guitarrista, compositor y director musical cuya búsqueda se mueve entre el jazz contemporáneo, la improvisación y la composición.

También participaron Masato y Maljazzviajante, dos agrupaciones creadas en 2023. La primera trabaja desde la improvisación y la relación entre jazz y músicas latinoamericanas, mientras la segunda explora un cruce entre jazz, música clásica e improvisación generativa.

La programación colombiana incluyó además a Domingo Sánchez y Territorio Gauta. El músico e investigador barranquillero ha trabajado sobre las tradiciones del Caribe colombiano y su relación con el jazz, además de desarrollar un instrumento propio a partir de elementos de la flauta traversa y la gaita.

Brasil estuvo representado por Uli Costa – AfroSambaJazz, proyecto que parte de la canción brasileña, las afro-sambas y el samba jazz de las décadas de 1960 y 1970. Su propuesta relacionó la ancestralidad afrobrasileña con la riqueza armónica y la improvisación.

Desde Aguascalientes, México, llegó Tlapalería Don Chuy, agrupación que define su propuesta como una “afro-mexi-fiesta”. Su música combina ritmos latinos con jazz, funk y afrobeat, y llevó al festival una experiencia marcada también por el baile.

Uno de los conciertos de mayor energía del domingo fue el de Cimafunk, proyecto del músico cubano Erik Alejandro Iglesias Rodríguez. Su propuesta mezcla ritmos afrocubanos, funk y sonidos contemporáneos y establece una relación directa con el público.

Cimafunk se presentó por primera vez en Colombia junto con La Tribu. El concierto puso en escena una combinación de ritmo, funk y raíces afrocubanas que conectó las tradiciones musicales de la isla con lenguajes contemporáneos.

El festival también se extendió más allá de los escenarios. La Zona de Arte y Emprendimiento reunió 29 iniciativas: 19 seleccionadas mediante Invitación Cultural y 10 vinculadas a la estrategia Hecho en Bogotá, con propuestas de ilustración, diseño, fotografía, moda, joyería, artesanía, publicaciones, papelería y discos.

A estas actividades se sumaron espacios relacionados con literatura, Arte a la KY y procesos sociales y comunitarios como Manos que construyen paz, IDIPRON, la Ruta de Fortalecimiento Artesanal y El Castillo de las Artes. EcoFestivales incorporó además acciones de separación de residuos, consumo responsable y cuidado del espacio público.

El balance de la edición 29 quedó así asociado no solo a los más de 34.000 asistentes, sino también a la diversidad de formas de participar en el festival. Familias, parejas, grupos de amigos, niños y personas de distintas generaciones compartieron el Parque El Country alrededor de una programación que encontró en las músicas latinoamericanas una de sus principales rutas de exploración.

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