NAZA: 24 testimonios sobre la maquinaria de inteligencia de Israel en Gaza

El documental, dirigido por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, recibió el Premio Especial del Jurado de la Mostra, después de provocar una ovación cercana a los 25 minutos - Foto: Naza Film

El documental, dirigido por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, recibió el Premio Especial del Jurado de la Mostra, después de provocar una ovación cercana a los 25 minutos - Foto: Naza Film

El estreno de NAZA en el Festival de Venecia convirtió en una película de alcance internacional una investigación periodística que llevaba años examinando desde dentro los mecanismos utilizados por Israel para identificar objetivos durante la guerra de Gaza. El documental, dirigido por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, recibió el Premio Especial del Jurado de la Mostra, después de provocar una ovación cercana a los 25 minutos.

La película no surgió de una investigación cinematográfica aislada. Su origen está en una serie de trabajos publicados desde 2023 por +972 Magazine, Local Call y The Guardian, algunos de ellos escritos o investigados por Abraham. Esos reportajes comenzaron a reconstruir, a partir de testimonios de integrantes de las Fuerzas de Defensa de Israel y de la inteligencia militar, cómo había cambiado el proceso de selección de objetivos después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Uno de los trabajos centrales fue la investigación publicada en abril de 2024 sobre Lavender, un sistema desarrollado por la inteligencia militar israelí que, según seis fuentes entrevistadas entonces, podía identificar miles de personas consideradas potencialmente vinculadas con Hamás o la Yihad Islámica Palestina. Los testimonios indicaron que, en determinado momento de la guerra, el sistema había generado una base de hasta 37.000 posibles objetivos humanos.

La investigación también describió la existencia de otros sistemas. Gospel era utilizado para recomendar edificios y estructuras que podían convertirse en objetivos, mientras Lavender estaba orientado a identificar personas. Los testimonios publicados entonces señalaban que ambos sistemas formaban parte de un proceso mucho más amplio de producción acelerada de objetivos.

Ese hallazgo era especialmente relevante porque cuestionaba la imagen de una guerra en la que cada objetivo era necesariamente seleccionado mediante un proceso individual y exhaustivo. Los antiguos integrantes de inteligencia entrevistados por +972 y The Guardian describieron un sistema en el que los algoritmos podían acelerar enormemente la producción de objetivos y en el que la intervención humana, según algunos de ellos, podía reducirse a validar recomendaciones ya generadas.

Uno de los aspectos más controvertidos de aquella investigación fue el denominado “margen de daño colateral”. Las fuentes dijeron que existían autorizaciones previas sobre el número de civiles que podían morir en determinados ataques contra objetivos considerados de diferente importancia. En algunos casos, los entrevistados hablaron de 15 o 20 civiles permitidos en ataques contra objetivos de bajo rango; para objetivos de mayor jerarquía, las cifras podían ser superiores.

Israel rechazó entonces esa interpretación. Las Fuerzas de Defensa de Israel sostuvieron que sus operaciones respetaban las reglas de proporcionalidad del derecho internacional y describieron Lavender como una herramienta de análisis y cruce de información, no como un sistema autónomo encargado de decidir quién debía morir.

NAZA retoma esas investigaciones y amplía considerablemente el número de fuentes. Los directores aseguran haber reunido los testimonios de 24 integrantes de los servicios de inteligencia y del aparato militar israelí. Algunos participaron en labores relacionadas con vigilancia, identificación de objetivos y operaciones de ataque. Otros describen desde dentro prácticas que, según los realizadores, permiten reconstruir el funcionamiento de un sistema más amplio.

Pero sus identidades no han sido reveladas. Las entrevistas fueron realizadas de noche, en azoteas de Tel Aviv, y las voces y apariencias fueron modificadas digitalmente para impedir que las fuentes pudieran ser identificadas. Los directores explicaron que mantener el anonimato era una condición indispensable para que antiguos integrantes del aparato militar y de inteligencia pudieran hablar.

Por eso no es correcto presentar a los “24 testimonios” como una lista de 24 militares identificables. Lo que existe públicamente es una descripción de sus funciones y experiencias, pero no sus nombres. La película los presenta como oficiales, soldados e integrantes de unidades de inteligencia que participaron, directa o indirectamente, en los procesos investigados.

El valor periodístico de esas fuentes reside precisamente en que los directores intentaron no convertirlas solamente en declaraciones políticas. Abraham y Szor les pidieron explicar qué habían hecho, cómo funcionaban los sistemas y qué instrucciones recibían. Según Abraham, algunas personas hablaron con arrepentimiento; otras mostraron indiferencia e incluso orgullo por las tareas que habían desempeñado.

Entre las prácticas descritas aparece nuevamente el uso de inteligencia artificial y sistemas automatizados para identificar posibles objetivos. Los testimonios recogidos por la película sostienen que esas herramientas podían analizar grandes cantidades de información y localizar personas consideradas vinculadas con organizaciones armadas, incluso cuando se encontraban en sus propias viviendas.

La película introduce además una acusación particularmente grave: que los sistemas de vigilancia podían permitir conocer la ubicación de una persona y, mediante la intervención de sus comunicaciones, identificar incluso que se encontraba en su vivienda con familiares. Según los testimonios presentados en NAZA, algunos ataques se realizaban deliberadamente durante la noche, cuando el objetivo estaba en casa.

Otros testimonios describen la destrucción de barrios pese a que la inteligencia militar conocía que todavía había civiles dentro de las viviendas. También aparecen relatos sobre viviendas incendiadas y sobre muertes de civiles en lugares de distribución de alimentos. La película pretende así conectar distintos episodios con una misma lógica operacional, en lugar de presentarlos como incidentes independientes.

Ese es precisamente uno de los argumentos centrales de NAZA. Sus realizadores no sostienen que estén documentando únicamente abusos cometidos por soldados individuales. Su objetivo, explicaron, es reconstruir las órdenes, políticas, prácticas, lenguaje y mecanismos institucionales que hacen posibles determinadas operaciones. La película intenta pasar, por tanto, del comportamiento individual a la estructura que lo permite.

La elección del título también forma parte de esa tesis. NAZA deriva de un término utilizado dentro del ámbito militar israelí para referirse al número esperado de civiles que podrían morir como daño colateral durante una operación. El concepto transforma una cuestión humana en una variable operacional: cuántas muertes civiles se consideran previsibles o tolerables antes de ejecutar un ataque.

El documental, sin embargo, no presenta imágenes gráficas de las víctimas como eje narrativo. Su estrategia es distinta: coloca a los propios integrantes del sistema frente a la cámara, aunque ocultos en sombras y con sus identidades modificadas, mientras Tel Aviv aparece iluminada al fondo. Esa distancia visual entre la normalidad de la ciudad y la destrucción de Gaza constituye uno de los recursos centrales de la película.

La investigación tiene además una continuidad directa con No Other Land, el documental dirigido por Abraham, Szor, Basel Adra y Hamdan Ballal que ganó el Óscar a mejor documental en 2025. Mientras aquella película documentaba durante años la destrucción y expulsión de comunidades palestinas en Cisjordania, NAZA intenta mirar hacia el interior de la maquinaria militar que opera sobre Gaza.

La respuesta oficial israelí a NAZA ha sido contundente. Las Fuerzas de Defensa de Israel rechazaron las acusaciones y cuestionaron la posibilidad de verificar las declaraciones de fuentes anónimas. El Ejército también negó que la inteligencia artificial determine por sí misma los objetivos y sostuvo que la selección y aprobación de ataques corresponde a personal humano.

El Ejército cuestionó además que pudiera establecerse quiénes son realmente los entrevistados y qué participación tuvieron en las operaciones que describen. Su posición es que las afirmaciones de los protagonistas no demuestran por sí mismas que las prácticas denunciadas constituyan una política oficial. También sostiene que sus soldados tienen la obligación de reportar posibles violaciones para que sean investigadas.

Hay, por tanto, una disputa que la película no resuelve judicialmente. Por un lado están testimonios anónimos de personas que aseguran haber participado en sistemas de inteligencia y describen prácticas concretas. Por otro, está la negación institucional del Ejército, que cuestiona tanto la identidad de las fuentes como la interpretación que los cineastas hacen de sus testimonios. Periodísticamente, esas dos posiciones deben mantenerse diferenciadas de cualquier conclusión judicial sobre responsabilidades individuales o estatales.

La recepción internacional de NAZA añadió otra dimensión al debate. Su estreno en Venecia produjo una ovación de aproximadamente 25 minutos y terminó con el Premio Especial del Jurado, convirtiéndola en una de las películas políticamente más relevantes de la edición. Fue además el único documental incluido en la competencia principal.

Venecia no será, sin embargo, el final de su recorrido. El Festival de San Sebastián incorporó NAZA a Perlak, sección que reúne películas de especial relevancia internacional, y su estreno allí está previsto dentro de la edición que se celebra entre el 18 y el 26 de septiembre.

Después llegará Estados Unidos. NAZA tendrá su estreno norteamericano en el New York Film Festival, dentro de la sección Main Slate, con funciones programadas durante la edición que se desarrollará del 25 de septiembre al 12 de octubre.

Esto obliga a hacer una precisión sobre su recepción. Ya puede hablarse de una recepción extraordinariamente fuerte en Venecia, tanto por la ovación como por el premio del jurado y la cantidad de críticas publicadas. Pero todavía no es posible evaluar la reacción de San Sebastián y Nueva York como si ya hubieran ocurrido: esas presentaciones están por venir. Lo que sí puede afirmarse es que la selección en ambos festivales confirma que la película salió rápidamente del ámbito del debate político israelí-palestino para entrar en el circuito internacional de cine de autor y documental.

La importancia de NAZA, finalmente, no está únicamente en las revelaciones nuevas que pueda contener. Una parte importante de sus elementos centrales ya había sido publicada por +972, Local Call y The Guardian. Su aporte consiste en reunir durante 80 minutos a dos docenas de fuentes internas y convertir investigaciones dispersas sobre algoritmos, vigilancia, selección de objetivos y daño civil en una explicación audiovisual de cómo podría funcionar un sistema completo.

Ahí está también su principal desafío periodístico: la película puede otorgar una dimensión humana y política a investigaciones previas, pero sus afirmaciones más graves siguen dependiendo, en buena medida, de testimonios anónimos que no pueden ser contrastados públicamente mediante la identificación de quienes los entregaron. El hecho de que algunas de esas investigaciones hayan sido publicadas previamente y que el Ejército haya respondido a ellas permite una verificación cruzada, pero no convierte automáticamente cada afirmación del documental en un hecho judicialmente probado.

La trayectoria de NAZA deja así una pregunta que trasciende el festival. Si las denuncias de los 24 integrantes de inteligencia son correctas, el problema que describe la película no sería simplemente qué hizo un soldado determinado, sino cómo una estructura militar altamente tecnológica puede convertir decisiones sobre vidas humanas en procesos de producción de objetivos, cálculos de daño y operaciones remotas. Y si las autoridades israelíes consideran que esas acusaciones son falsas o están distorsionadas, el siguiente interrogante es igualmente importante: qué evidencia pueden presentar para demostrar cómo funcionan realmente esos sistemas.

La discusión, por tanto, ya no ocurre únicamente en Gaza ni en los tribunales o en los organismos internacionales. También está ocurriendo en las salas de cine. Y NAZA, después de recibir el Premio Especial del Jurado en Venecia, ha conseguido algo que las investigaciones periodísticas que la precedieron no podían lograr por sí solas: llevar al centro de uno de los festivales cinematográficos más importantes del mundo la discusión sobre quién selecciona los objetivos, qué información utiliza, cuánto daño civil considera aceptable y quién responde cuando una decisión tomada a distancia termina con la vida de una familia completa.

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