El incendio que entró a Iguaque amenaza algo más que el bosque: el agua de varios municipios de Boyacá

La propia información de Parques Nacionales identifica al macizo de Iguaque como una zona fundamental para el abastecimiento de agua destinada al consumo humano y a las actividades agropecuarias de municipios ubicados en su periferia, entre ellos Villa de Leyva, Chíquiza, Sáchica y Arcabuco - Foto: X/@aleqp

La propia información de Parques Nacionales identifica al macizo de Iguaque como una zona fundamental para el abastecimiento de agua destinada al consumo humano y a las actividades agropecuarias de municipios ubicados en su periferia, entre ellos Villa de Leyva, Chíquiza, Sáchica y Arcabuco - Foto: X/@aleqp

El incendio forestal que comenzó el 19 de septiembre en el cerro San Marcos, en Villa de Leyva, dejó de ser una emergencia concentrada en una zona rural y se convirtió en una amenaza para uno de los ecosistemas estratégicos de Boyacá: el Santuario de Fauna y Flora Iguaque.

Parques Nacionales Naturales informó que el fuego ingresó al área protegida el 20 de septiembre. Para el 22 de septiembre, la entidad estimaba preliminarmente unas 1.200 hectáreas afectadas, de las cuales cerca del 60 % correspondía al santuario. Un reporte de la respuesta divulgado el 23 de septiembre elevó la estimación general a unas 1.300 hectáreas, también con aproximadamente 60 % dentro del área protegida.

Las cifras todavía no constituyen un balance definitivo. Las autoridades deben establecer con precisión qué superficie fue quemada, qué coberturas vegetales resultaron afectadas y cuál fue la intensidad del fuego en cada sector.

Pero la dimensión de la emergencia no puede medirse solamente en hectáreas. Iguaque es un área protegida de 6.889 hectáreas y sus ecosistemas cumplen una función de regulación hídrica en una región donde varias poblaciones dependen de las fuentes que nacen en el macizo.

La propia información de Parques Nacionales identifica al macizo de Iguaque como una zona fundamental para el abastecimiento de agua destinada al consumo humano y a las actividades agropecuarias de municipios ubicados en su periferia, entre ellos Villa de Leyva, Chíquiza, Sáchica y Arcabuco.

El sistema hídrico del santuario está compuesto por los ríos Cane-Iguaque, Pomeca y Chíquiza, además de numerosas quebradas y drenajes. Entre ellos aparecen San Pedro, La Hondura, Chaina, Mamarramos y La Colorada.

Algunas de esas quebradas forman pequeñas subcuencas que abastecen buena parte de la población rural de Villa de Leyva, Arcabuco y Chíquiza. Es precisamente esa relación entre montaña, vegetación y agua la que convierte el avance del incendio en un problema que puede trascender el área directamente alcanzada por las llamas.

El alcalde de Chíquiza, Edwin Almanza, advirtió que el incendio estaba afectando zonas boscosas de La Hondura y expresó preocupación por las cuencas y nacimientos de agua que alimentan a Villa de Leyva.

Esto no significa que el incendio haya dejado sin agua a esos municipios ni que exista, por ahora, una crisis de abastecimiento. La afectación de un ecosistema regulador y una interrupción inmediata del suministro son fenómenos diferentes.

El riesgo está en el funcionamiento posterior de las cuencas. Cuando se pierde cobertura vegetal en zonas de montaña, aumentan las posibilidades de escorrentía y erosión durante episodios de lluvia, mientras disminuye la capacidad del suelo y de la vegetación para regular el movimiento del agua.

También puede aumentar el arrastre de sedimentos hacia quebradas y sistemas de captación. La magnitud de esos efectos dependerá de la intensidad del incendio, las pendientes, los suelos afectados, el tipo de vegetación quemada y el comportamiento de las lluvias posteriores.

Por eso la emergencia ambiental no terminará necesariamente cuando desaparezcan las llamas. Una segunda etapa será determinar si las zonas afectadas pueden recuperarse naturalmente o requieren acciones de restauración y manejo.

La preocupación adquiere mayor dimensión porque el santuario protege ecosistemas de páramo, bosque altoandino y otros ambientes de montaña. Parques Nacionales ha señalado que estas coberturas cumplen funciones relacionadas con la regulación hídrica y la conservación de la biodiversidad.

El incendio, además, no está avanzando sobre un terreno homogéneo. Las autoridades y organismos de socorro han descrito sectores de bosque tupido y pendientes pronunciadas que dificultan el ingreso de brigadas y la construcción de líneas de control.

Un rescatista que participa en las labores explicó que en algunos puntos se requieren horas de desplazamiento a pie y que la pendiente hace especialmente difícil combatir directamente las llamas. Esa condición ha convertido la operación aérea en una herramienta fundamental.

La dificultad del terreno también explica por qué una medición desde el aire no equivale todavía a una evaluación ecológica completa. Saber cuántas hectáreas presentan señales de incendio es apenas el primer paso; falta determinar qué ecosistemas fueron afectados y con qué intensidad.

La respuesta oficial ha tenido que reforzarse. La UNGRD anunció 3.000 millones de pesos para financiar horas de vuelo adicionales y la Gobernación de Boyacá aportó otros 1.000 millones para fortalecer las operaciones aéreas. Para este 23 de septiembre se esperaba contar con seis helicópteros en las labores de extinción.

La UNGRD informó que el incendio alcanzaba un 78 % de control y que unas 1.340 hectáreas habían sido afectadas en la evaluación preliminar. El dato debe leerse como un indicador operativo y no como una medición del daño ambiental: controlar un porcentaje del incendio no significa que ese mismo porcentaje del ecosistema haya quedado a salvo.

La emergencia también ha puesto a prueba la capacidad de respuesta en un área protegida donde la intervención terrestre es compleja. El 22 de septiembre, la intensidad del fuego obligó incluso a retirar a bomberos de uno de los frentes para evitar que quedaran expuestos.

Mientras tanto, las autoridades todavía deben establecer el impacto sobre la fauna. El alcalde de Chíquiza señaló que no contaba con un reporte consolidado sobre animales afectados, lo que muestra otra de las dificultades para dimensionar el daño en tiempo real.

También permanece abierta la pregunta sobre el origen del incendio. El fuego comenzó fuera del área protegida, en el cerro San Marcos, y posteriormente avanzó hacia Chíquiza e Iguaque. Por el momento se desconoce que la causa haya sido determinada oficialmente.

La secuencia geográfica resulta particularmente relevante: Villa de Leyva fue el punto inicial; posteriormente el fuego se desplazó hacia Chíquiza y alcanzó el santuario. Sáchica también quedó involucrada en la emergencia y comunidades de ese municipio solicitaron apoyo aéreo, terrestre y técnico.

El caso muestra así cómo un incendio que comienza fuera de un área protegida puede terminar comprometiendo funciones ambientales que trascienden los límites administrativos. El fuego no reconoce las fronteras entre Villa de Leyva, Chíquiza y Sáchica ni las delimitaciones de un área protegida.

En Iguaque, esa conexión tiene una consecuencia concreta: la montaña no es solamente un espacio de conservación de flora y fauna, sino parte de un sistema que sostiene fuentes de agua utilizadas por comunidades y actividades productivas de varios municipios.

Por eso, cuando termine la emergencia, el balance tendrá que responder preguntas más amplias que el número de hectáreas quemadas. Será necesario establecer cuánto bosque, páramo y vegetación nativa se perdió; qué fuentes hídricas quedaron dentro del área afectada; qué consecuencias puede producir la erosión; qué especies resultaron desplazadas o murieron y qué medidas de restauración serán necesarias.

La verdadera dimensión del incendio de Iguaque, por tanto, todavía está por conocerse. Las llamas pueden apagarse en cuestión de días, pero la evaluación sobre lo ocurrido en uno de los sistemas ambientales que regula el agua de esta zona de Boyacá podría tomar meses. Y sus efectos ecológicos, dependiendo de la intensidad del daño, pueden prolongarse durante muchos años.

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