La extrema derecha alemana obtuvo este domingo una victoria histórica en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt. Alternativa para Alemania (AfD) alcanzó el 43,8 % de los votos y consiguió 39 de los 83 escaños del Parlamento regional, quedando a solo tres de la mayoría absoluta.
El resultado convierte a la AfD en la primera fuerza de ultraderecha de un estado federado alemán en una elección desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero todavía no le garantiza el Gobierno. Para controlar por sí sola el Ejecutivo regional necesita 42 escaños.
La magnitud del resultado también está en el salto respecto de 2021, cuando la AfD obtuvo el 20,8 % de los votos y 23 escaños. Cinco años después, duplicó aproximadamente su representación parlamentaria y desplazó con claridad a las fuerzas tradicionales.
El principal derrotado fue la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que pasó de 40 escaños a 15 y obtuvo el 17,2 % de los votos. El resultado supone un fuerte golpe para el partido del canciller Friedrich Merz y para su estrategia de contener electoralmente a la extrema derecha desde el centro-derecha.
La CDU no solo perdió terreno frente a AfD, sino que dejó de ser la fuerza dominante que había sido durante décadas en el estado. El retroceso se produjo mientras la AfD avanzaba en prácticamente todo el territorio y conseguía una parte importante de sus apoyos en zonas rurales y entre sectores preocupados por la inmigración y la situación económica.
El resultado también tiene una dimensión nacional. Merz reconoció que la derrota había sacudido a la CDU y volvió a descartar cualquier cooperación con AfD. El canciller enfrenta ahora el problema de que el principal partido de la oposición de extrema derecha está demostrando que puede convertir su respaldo electoral en una mayoría parlamentaria territorial.
La figura que encabeza este avance es Ulrich Siegmund, candidato de AfD para convertirse en ministro-presidente de Sajonia-Anhalt. Tiene 35 años, nació en Havelberg y es diputado regional desde 2016; desde 2022 comparte el liderazgo de la bancada de AfD en el Parlamento estatal.
Siegmund comenzó su trayectoria política en la CDU antes de incorporarse a AfD en 2014. Durante la campaña construyó una imagen pública alejada de la estética más agresiva de otros dirigentes de la formación, con una fuerte presencia en redes sociales y una comunicación dirigida especialmente a públicos jóvenes.
Esa imagen no significa que su programa sea moderado. La plataforma regional de AfD plantea restricciones severas a la inmigración, deportaciones aceleradas, cambios en educación y cultura, limitaciones a determinadas expresiones religiosas y una profunda transformación del sistema de radiodifusión pública.
La formación también propone una política familiar basada en incentivos para aumentar la natalidad alemana, cuestiona la utilización de inmigración extranjera como respuesta al envejecimiento poblacional y plantea restricciones a determinados tratamientos relacionados con la identidad de género en menores.
Siegmund, además, participó en 2023 en una reunión en Potsdam en la que estuvieron presentes representantes de AfD, activistas de extrema derecha y el austriaco Martin Sellner. En aquel encuentro se discutieron conceptos de “remigración” y medidas para expulsar o presionar a personas extranjeras. Siegmund ha negado haber respaldado posiciones extremistas.
El camino de Siegmund hacia la jefatura regional, sin embargo, no está despejado. Los 39 diputados de AfD no alcanzan por sí mismos los 42 votos necesarios para una mayoría parlamentaria ordinaria. La pregunta ahora es de dónde podrían salir los votos adicionales para elegirlo y sostener un Gobierno.
El principal obstáculo es el llamado Brandmauer, término alemán que literalmente significa “muro de contención” y que describe el compromiso de los principales partidos de evitar coaliciones o acuerdos de gobierno con AfD. No se trata de una ley, sino de una regla política que ha funcionado como barrera contra la llegada de la extrema derecha a los gobiernos.
La CDU mantiene esa posición. Merz volvió a afirmar después de las elecciones que su partido no cooperará con AfD, pese a que la aritmética parlamentaria en Sajonia-Anhalt podría hacer cada vez más difícil construir gobiernos estables sin algún tipo de interacción con la primera fuerza.
La situación es diferente con el partido Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que consiguió cinco escaños. La formación ha rechazado aplicar el Brandmauer de la misma manera que los partidos tradicionales y sostiene que AfD debe ser considerada en las negociaciones para formar Gobierno.
El BSW comparte con AfD algunas posiciones, especialmente su oposición a una política migratoria amplia, sus críticas a las élites políticas y su rechazo al actual enfoque alemán frente a Rusia. Sin embargo, las dos formaciones mantienen diferencias importantes en materia económica y en otros asuntos de política pública.
El papel del BSW podría ser decisivo incluso sin entrar formalmente en una coalición. En el tercer intento para elegir al ministro-presidente, la normativa de Sajonia-Anhalt permite que sea elegido quien obtenga la mayoría de los votos emitidos, en lugar de la mayoría absoluta de todos los diputados.
El líder regional del BSW, Thomas Schulze, ha señalado que su partido podría abstenerse en esa tercera votación si Siegmund se presenta, una decisión que potencialmente facilitaría su elección. Esto no equivale todavía a un acuerdo de Gobierno, pero convierte al BSW en una pieza relevante para el desenlace.
Siegmund, por su parte, había sostenido antes de las elecciones que no quería convertirse en ministro-presidente mediante una simple abstención de otros partidos, sino que pretendía conseguir una mayoría política para gobernar. Después del resultado, AfD comenzó a presionar a sectores conservadores para que respaldaran su intento de llegar al poder.
Si no se consigue una mayoría en los primeros intentos, el procedimiento constitucional contempla nuevas etapas y, finalmente, una votación en la que basta la mayoría simple de los votos emitidos. El proceso puede prolongarse y abrir un escenario de negociaciones, abstenciones, gobiernos minoritarios o incluso nuevas elecciones si el Parlamento decide disolverse bajo las condiciones previstas.
La disputa tiene una dimensión que va más allá de la formación de un Gobierno regional. Si AfD consigue llevar a Siegmund a la jefatura de Sajonia-Anhalt, será la primera vez que la formación encabece un Ejecutivo de un estado federado alemán desde su fundación en 2013 y la primera llegada de un partido de extrema derecha al Gobierno de un Land de la República Federal desde 1945.
El antecedente más cercano fue Turingia en 2024, cuando AfD quedó como primera fuerza con 32,8 % de los votos, pero no pudo formar Gobierno debido al aislamiento político impuesto por los demás partidos. Sajonia-Anhalt plantea ahora un desafío mayor porque la formación consiguió 43,8 % y está a solo tres escaños de una mayoría propia.
El resultado también ha reabierto el debate sobre la relación entre AfD y la historia del nacionalismo alemán. La comparación con el nazismo debe manejarse con precisión: AfD no es el NSDAP y la Alemania actual no es la República de Weimar. Sin embargo, existen elementos ideológicos, discursos y episodios dentro de AfD que han provocado comparaciones históricas.
La propia Oficina Federal para la Protección de la Constitución llegó en mayo de 2025 a clasificar a la AfD nacional como una formación “claramente extremista de derecha”, aunque esa clasificación fue recurrida por el partido y posteriormente quedó temporalmente suspendida mientras avanzaba el proceso judicial. Por tanto, esa calificación no debe presentarse como una sentencia judicial definitiva sobre la naturaleza de toda la formación.
Uno de los casos más conocidos es Björn Höcke, dirigente de AfD en Turingia, quien ha sido condenado por utilizar el lema “Alles für Deutschland”, asociado a las SA nazis. También ha generado controversia por sus declaraciones sobre la memoria histórica alemana y por cuestionar la forma en que el país afronta el recuerdo del nazismo.
Otro punto de conexión se produjo con la reunión de Potsdam de 2023, en la que participaron políticos de AfD y representantes de la extrema derecha extraparlamentaria. Allí se discutieron planes de “remigración” que incluían la expulsión de grandes grupos de inmigrantes. La existencia de la reunión está documentada, aunque algunas de las interpretaciones sobre sus objetivos concretos han sido objeto de disputas judiciales y políticas.
La coincidencia histórica, por tanto, no está en que AfD sea una réplica del partido de Adolf Hitler, sino en que comparte con distintas corrientes de la extrema derecha histórica elementos como el nacionalismo excluyente, la defensa de una concepción étnica de la nación y una fuerte oposición a la inmigración. En algunos sectores también existe una disputa abierta con la cultura alemana de memoria sobre el nazismo.
Pero las diferencias son igualmente importantes. La Alemania contemporánea tiene una Constitución democrática, federalismo, tribunales independientes, elecciones competitivas, una sociedad civil consolidada y mecanismos institucionales diseñados después de 1945 para impedir la concentración del poder que caracterizó al régimen nazi. El éxito electoral de AfD no implica, por sí mismo, el retorno del nazismo.
La cuestión que ahora enfrenta Alemania es diferente: si el Brandmauer podrá seguir impidiendo que una fuerza que se ha convertido en primera opción electoral en un estado llegue al Gobierno. En Sajonia-Anhalt, la respuesta dependerá de las decisiones de CDU, BSW y de los demás partidos, pero también de la capacidad de AfD para transformar su victoria electoral en una mayoría parlamentaria funcional.
La victoria de AfD representa así un cambio de escala en la política alemana. El partido ya no solo disputa elecciones nacionales, obtiene alcaldías o encabeza votaciones regionales sin gobernar: ahora está a tres escaños de controlar un Parlamento estatal. El desenlace de Sajonia-Anhalt determinará si el Brandmauer continúa siendo una barrera efectiva o si empieza a convertirse en el último obstáculo antes de la entrada de la extrema derecha en el poder regional alemán.






