La muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, dejó de ser solamente uno de los golpes más publicitados de la política de seguridad del Gobierno de Abelardo de la Espriella y comenzó a convertirse en un caso que plantea preguntas sobre la forma en que se ejecutó el operativo.
‘Bendito Menor’, señalado como uno de los principales cabecillas de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, murió durante la madrugada del 4 de septiembre en una vivienda de Riohacha, junto con Rosa Angélica Tarazona, alias ‘La Bebecita’, y dos hombres que las autoridades identificaron como integrantes de su esquema de seguridad.
La versión oficial sostiene que la Fuerza Pública llegó hasta el inmueble después de establecer la ubicación del objetivo y que, durante la intervención, se produjo un enfrentamiento que terminó con cuatro personas muertas.
El relato difundido por las autoridades y por medios que reconstruyeron el procedimiento señala que más de 30 uniformados participaron en el despliegue, con apoyo aéreo y unidades especializadas.
Sin embargo, alrededor de esa versión han comenzado a aparecer preguntas que todavía no tienen una respuesta pública concluyente y que deberían ser esclarecidas con evidencia forense, documentos operacionales y testimonios.
Una de las primeras dudas tiene que ver con el objetivo mismo de la operación. Algunas reconstrucciones periodísticas señalan expresamente que la misión era ingresar a la vivienda y capturar a ‘Bendito Menor’, pero el resultado terminó siendo la muerte de las cuatro personas que estaban en el lugar.
La diferencia no es menor. En una operación cuyo propósito es capturar a un objetivo, la muerte de este durante la intervención puede ocurrir como consecuencia de una resistencia armada, pero también obliga a establecer qué alternativas fueron consideradas y cómo se tomó la decisión de utilizar la fuerza.
En este caso, además, circulan versiones según las cuales la operación no habría tenido como prioridad efectiva la captura, sino la eliminación de ‘Bendito Menor’. Esa afirmación no está acreditada públicamente, pero constituye una de las preguntas centrales que debería poder responder la documentación operacional.
También se ha planteado una hipótesis todavía más delicada: que ‘Bendito Menor’ pudo haber sido asesinado por integrantes de su propia organización antes o durante la incursión de la Fuerza Pública.
Esa posibilidad tampoco está demostrada y no debería presentarse como un hecho. Pero su existencia como versión obliga a preguntarse si las necropsias y los estudios balísticos permiten determinar quién efectuó los disparos que causaron la muerte de cada una de las víctimas.
La hipótesis adquiere relevancia porque el operativo estuvo precedido por una maniobra de inteligencia destinada a confirmar la presencia de ‘Bendito Menor’ en Riohacha.
Según Noticias Caracol, una fuente humana permitió ubicarlo y los investigadores utilizaron además una estrategia de engaño: hicieron circular un rumor sobre su supuesta muerte, lo que provocó una reacción de la organización y ayudó a confirmar su ubicación.
Ese procedimiento de inteligencia, si la reconstrucción es correcta, demuestra que las autoridades tenían un interés específico en localizar al cabecilla y habían dedicado recursos importantes a establecer dónde se encontraba.
Precisamente por eso resulta pertinente conocer qué orden recibió el grupo que finalmente ingresó a la vivienda: si debía capturarlo, si estaba autorizado para utilizar fuerza letal ante una agresión y bajo qué circunstancias debía intentar detenerlo con vida.
Otra de las preguntas tiene que ver con las condiciones en las que fueron sorprendidos los ocupantes.
Una publicación de El Pilón, basada en información atribuida a LA FM, afirmó que ‘Bendito Menor’ y ‘La Bebecita’ fueron sorprendidos mientras dormían.
El País también publicó una columna que describió a la pareja como asesinada mientras dormía, aunque esa formulación corresponde al análisis del columnista y no constituye una conclusión oficial ni una prueba forense.
Si efectivamente algunos de los ocupantes estaban dormidos cuando comenzó la incursión, la investigación debería establecer cuánto tiempo transcurrió entre el ingreso de los agentes y los primeros disparos, qué capacidad de reacción tuvieron los ocupantes y en qué circunstancias murió cada uno.
Aquí aparece uno de los cuestionamientos más sensibles: la versión según la cual al menos una de las personas que estaba dentro de la vivienda se encontraba desarmada.
De confirmarse que una de las víctimas no portaba un arma y que además estaba en una situación de indefensión cuando recibió los disparos, el caso adquiriría una dimensión distinta, porque habría que determinar si existió una amenaza que justificara el uso de fuerza letal contra esa persona.
Pero tampoco en este punto basta con una versión o con las imágenes preliminares del lugar. La ausencia de un arma junto a un cuerpo no demuestra necesariamente que esa persona no hubiera disparado antes o que no representara una amenaza en el momento en que recibió los disparos.
Para resolver esa pregunta serán fundamentales las necropsias y los análisis de balística. Las trayectorias, las distancias de disparo, las heridas de entrada y salida y la ubicación de los cuerpos pueden ayudar a reconstruir la secuencia de los hechos.
También deberían establecerse las armas encontradas en la vivienda, quién las portaba, si fueron disparadas y si los proyectiles recuperados en los cuerpos o en las paredes corresponden a esas armas.
La escena del operativo dejó registros fotográficos y videos que posteriormente circularon en redes sociales, mientras las autoridades realizaron las diligencias de inspección con acompañamiento de la Fiscalía.
Esos elementos podrían ser determinantes para contrastar la versión de un enfrentamiento con la distribución real de los cuerpos, las armas, los impactos y los movimientos dentro de la vivienda.
Hay, además, una pregunta sobre la presentación pública del resultado. El presidente De la Espriella viajó a Riohacha y anunció personalmente la muerte de ‘Bendito Menor’, mientras los cuatro cuerpos permanecían en el lugar donde fueron trasladados después de la operación.
La decisión de convertir el operativo en una demostración pública de la nueva política de seguridad no prueba ninguna irregularidad, pero sí hace especialmente importante que la investigación posterior sea independiente de la necesidad política de presentar el resultado como un éxito.
El Gobierno tiene derecho a destacar la caída de un cabecilla señalado de graves delitos. Lo que no puede sustituirse con una narrativa política es la reconstrucción objetiva de cómo murió cada una de las personas que estaban en la vivienda.
Por eso, las tres hipótesis que circulan deben mantenerse separadas: que hubo un enfrentamiento y las cuatro personas murieron durante el intercambio; que la operación estaba orientada a matar y no a capturar a ‘Bendito Menor’; o que alguna de las víctimas pudo haber sido asesinada por sus propios compañeros o por los agentes cuando ya se encontraba en situación de indefensión.
Por ahora, ninguna de las dos últimas hipótesis está suficientemente probada para presentarla como conclusión. Pero tampoco deberían descartarse sin una investigación que permita contrastarlas con evidencia material.
El caso exige, por tanto, algo más que el parte operacional: conocer la orden de misión, las comunicaciones de los equipos, los informes de inteligencia, las armas incautadas, las pruebas de residuos de disparo, las necropsias y la reconstrucción balística.
Solo con esos elementos será posible determinar si las cuatro muertes fueron consecuencia de un enfrentamiento armado, si alguna ocurrió cuando la víctima ya estaba sometida o indefensa, o si existe una explicación diferente para lo sucedido dentro de la vivienda.
La operación contra ‘Bendito Menor’ puede terminar siendo recordada como un exitoso golpe de inteligencia contra una estructura criminal. Pero también puede convertirse en una prueba para establecer hasta dónde puede llegar el Estado cuando enfrenta a un objetivo de alto valor.
La diferencia entre capturar y matar no es semántica. En un Estado de derecho, determina las obligaciones de quienes ejecutan una operación y exige que el uso de la fuerza pueda ser explicado y probado.
Por eso, la pregunta que queda abierta en Riohacha no es solamente cómo encontraron a ‘Bendito Menor’, sino qué ocurrió exactamente después de que lo encontraron. Esa respuesta deberá surgir de la evidencia y no de las versiones enfrentadas alrededor del operativo.





