Estados Unidos lanzó el jueves 26 de junio una nueva operación militar contra objetivos iraníes, en lo que constituye el primer ataque estadounidense desde la firma del memorando de entendimiento que había establecido una tregua temporal entre Washington y Teherán hace apenas dos semanas. La ofensiva fue ordenada por el presidente Donald Trump como respuesta a un ataque con drones atribuido a Irán contra un buque mercante que transitaba por el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo.
De acuerdo con el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), los bombardeos estuvieron dirigidos contra depósitos de misiles, almacenes de drones y sistemas de radar costeros ubicados en el sur de Irán y en la isla de Qeshm, una posición estratégica cercana al estrecho de Ormuz. Washington afirmó que los objetivos seleccionados estaban directamente relacionados con las operaciones militares iraníes que habrían facilitado el ataque contra la embarcación comercial.
El detonante de la nueva escalada fue el ataque con un dron suicida contra el carguero de bandera singapurense Ever Lovely, ocurrido durante la madrugada del jueves. Según las autoridades estadounidenses, tres drones fueron interceptados por sistemas defensivos navales, pero un cuarto aparato logró impactar la cubierta superior del buque, provocando daños estructurales, aunque sin causar víctimas mortales entre la tripulación.
El presidente Donald Trump calificó el incidente como una “violación flagrante” del acuerdo alcanzado con Irán el pasado 14 de junio y sostuvo que Estados Unidos respondería “con fuerza” ante cualquier incumplimiento de los compromisos adquiridos por Teherán. La Casa Blanca insistió en que la operación militar buscó preservar la libertad de navegación y restablecer la credibilidad del acuerdo de tregua.
El acuerdo suscrito entre Washington y Teherán, conocido como el Memorando de Islamabad, había sido mediado por Pakistán y establecía el cese inmediato de las hostilidades, la reapertura progresiva del estrecho de Ormuz y el inicio de negociaciones para un tratado definitivo en un plazo máximo de 60 días. El pacto también contemplaba la suspensión de nuevas sanciones estadounidenses y el mantenimiento del statu quo respecto al programa nuclear iraní durante el período de negociaciones.
Entre los compromisos asumidos por Irán figuraban la garantía de libre navegación comercial por el golfo Pérsico, la continuidad del cese al fuego y el inicio de conversaciones sobre su programa nuclear. Por su parte, Estados Unidos se comprometió a levantar gradualmente el bloqueo naval impuesto a puertos iraníes y a facilitar ciertas operaciones financieras y petroleras.
El conflicto actual tiene su origen en la ofensiva militar iniciada por Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares iraníes. Durante las operaciones desarrolladas entre marzo y junio, fuerzas estadounidenses atacaron infraestructuras asociadas al programa nuclear iraní, incluidas las instalaciones de Fordow, Natanz e Isfahán, bajo el argumento de impedir que Teherán desarrollara armas nucleares.
Las autoridades iraníes reaccionaron al ataque del jueves acusando a Washington de violar el espíritu y la letra del acuerdo firmado hace dos semanas. La Guardia Revolucionaria afirmó que las acciones realizadas contra el tráfico marítimo formaban parte de medidas de “gestión de seguridad” en el estrecho de Ormuz y advirtió que cualquier nueva agresión estadounidense recibirá una respuesta más contundente.
A pesar de la nueva escalada militar, funcionarios estadounidenses e iraníes han evitado declarar oficialmente roto el acuerdo de tregua. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, afirmó que Washington continúa comprometido con el proceso diplomático, aunque advirtió que cualquier violación será respondida militarmente. Paralelamente, diplomáticos de ambos países mantienen contactos indirectos en Suiza y Pakistán para evitar el colapso definitivo de las negociaciones.
El ataque estadounidense del 26 de junio pone en evidencia la fragilidad del proceso de paz alcanzado entre Washington y Teherán. Aunque el acuerdo continúa formalmente vigente, la reanudación de las hostilidades ha generado preocupación internacional sobre la posibilidad de una nueva escalada regional y sobre el futuro de las negociaciones destinadas a alcanzar un pacto definitivo sobre seguridad, navegación y programa nuclear iraní.






