La Organización de las Naciones Unidas inició la fase decisiva para elegir al sucesor de António Guterres, cuyo segundo mandato como secretario general terminará el 31 de diciembre de 2026. El proceso entró en una nueva etapa con el inicio de las consultas internas del Consejo de Seguridad para evaluar a los candidatos que aspiran a dirigir el organismo multilateral desde 2027.
El primer paso será una serie de votaciones informales y secretas conocidas como “straw polls”, en las que los 15 miembros del Consejo de Seguridad medirán el respaldo que tiene cada aspirante. Estas consultas permiten identificar apoyos, rechazos y posibles obstáculos, aunque no constituyen una elección definitiva.
La elección del secretario general de la ONU tiene un mecanismo particular: el Consejo de Seguridad debe recomendar un candidato a la Asamblea General, pero la decisión final depende de los cinco miembros permanentes con poder de veto —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido—. Un aspirante necesita evitar el rechazo de cualquiera de estas potencias para avanzar.
Para esta elección se registraron siete candidatos oficiales provenientes de América Latina, África y Asia. Entre ellos están el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica; la chilena Michelle Bachelet, expresidenta de Chile; la costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo; y la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, expresidenta de la Asamblea General de la ONU.
También compiten la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, el senegalés Macky Sall y el ugandés Olara Otunnu, quien se incorporó recientemente a la carrera. Otunnu fue subsecretario general de Naciones Unidas y representante especial para los niños y los conflictos armados.
La contienda tiene además un componente histórico: varios países han planteado la posibilidad de que, por primera vez desde la creación de Naciones Unidas en 1945, una mujer ocupe la Secretaría General. Entre las candidatas con mayores posibilidades están Bachelet y Grynspan, aunque la decisión dependerá de los equilibrios políticos entre las grandes potencias.
La región de América Latina y el Caribe tiene una posición relevante en esta elección. Aunque no existe una regla formal de rotación regional, existe la expectativa diplomática de que después de líderes provenientes de Europa, Asia y África pueda llegar nuevamente un representante latinoamericano al máximo cargo de la ONU.
El proceso ocurre en un momento complejo para Naciones Unidas, marcado por conflictos armados, tensiones entre potencias, crisis humanitarias, cambio climático y debates sobre la capacidad del organismo para responder a los desafíos globales. El nuevo secretario general deberá asumir el liderazgo de una institución que enfrenta cuestionamientos sobre su capacidad de mediación internacional.
António Guterres dejará el cargo después de dos mandatos de cinco años. Durante su gestión, iniciada en 2017, la ONU enfrentó acontecimientos como la pandemia de covid-19, la guerra en Ucrania, las crisis humanitarias en Medio Oriente y África, y el aumento de las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos, China y Rusia.
La elección continuará durante los próximos meses con nuevas rondas de consultas y negociaciones diplomáticas. Una vez que el Consejo de Seguridad alcance un consenso, presentará una recomendación a la Asamblea General, que deberá aprobar formalmente al nuevo secretario general, quien está previsto que asuma el cargo el 1 de enero de 2027.






