En Cúcuta hay una paradoja difícil de ignorar: mientras sus gimnastas han llevado el nombre de Norte de Santander a los principales escenarios deportivos del mundo, el lugar donde muchos de ellos se formaron y todavía entrenan arrastra limitaciones que contrastan con ese nivel de competencia.
El Coliseo Menor Eustorgio Colmenares Baptista es la casa de una escuela que durante décadas ha producido deportistas de alto rendimiento. Allí entrenaron generaciones dirigidas por el entrenador Jairo Ruiz Casas y allí crecieron dos de los nombres más importantes de la gimnasia colombiana: Jossimar Calvo y Ángel Barajas.
El resultado más extraordinario de ese proceso llegó el 5 de agosto de 2024. Ángel Barajas, con apenas 17 años, obtuvo la medalla de plata en la barra fija de los Juegos Olímpicos de París y se convirtió en el primer gimnasta colombiano en conseguir una medalla olímpica en esta disciplina.
La medalla no apareció de repente. Barajas llegó a París después de años de entrenamiento en Cúcuta y de una formación que lo llevó desde las categorías juveniles hasta la élite mundial. Su rutina en la final de barra fija alcanzó una calificación de 14,533 puntos, la misma obtenida por el japonés Shinnosuke Oka, quien se quedó con el oro por la valoración de ejecución.
Antes de Barajas estuvo Jossimar Calvo, otra figura surgida del mismo proceso. Nacido en Cúcuta, comenzó en la gimnasia a los cinco años y construyó una trayectoria que incluyó medallas en campeonatos mundiales, panamericanos, suramericanos y centroamericanos, además de su participación en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
Calvo también fue una referencia para la generación que llegó después. En los Juegos Panamericanos consiguió oros y otras medallas, y en 2016 se convirtió en uno de los pocos gimnastas colombianos que habían llegado hasta entonces a unos Juegos Olímpicos. Su carrera ayudó a consolidar una cadena de formación que después tendría en Barajas su resultado más visible.
Ahora la historia tiene un giro. Calvo dejó progresivamente el papel de competidor para asumir funciones de formación y dirección técnica. En 2026 acompaña a una nueva generación de gimnastas nortesantandereanos, entre ellos Barajas, Yan Dairon Zabala y Jorman Álvarez.
En septiembre de 2026, los tres hacen parte del equipo colombiano que participa en los Juegos Suramericanos de Santa Fe, Argentina, bajo la dirección de Calvo. Para el antiguo campeón, competir ahora desde fuera de los aparatos representa una nueva etapa de un proceso que él mismo vivió como deportista.
El contraste comienza cuando se mira el lugar donde ese proceso se desarrolla. El Eustorgio Colmenares tiene más de tres décadas de construido y durante años acumuló problemas de infraestructura. En una visita técnica realizada por el Ministerio del Deporte en 2022 se encontraron deterioro de la cubierta, pisos, baños y zonas médicas, además de deficiencias de accesibilidad.
El mismo Ministerio identificó otro problema: varias disciplinas utilizaban simultáneamente el escenario. Gimnasia, judo, tenis de mesa, boccia y otras actividades debían compartir un espacio que no había sido concebido para responder a todas esas necesidades de manera especializada.
La cubierta finalmente fue intervenida. La Alcaldía de Cúcuta reportó una inversión superior a $4.000 millones para reemplazar una estructura que llevaba once años sin adecuaciones y señaló que la nueva cubierta debía mejorar las condiciones térmicas y acústicas del escenario.
Los deportistas regresaron al coliseo en 2024 y la renovación resolvió una parte de los problemas. La propia Liga de Gimnasia reconoció entonces una mejoría en las condiciones del escenario, particularmente frente a las filtraciones y la temperatura. Por eso no sería exacto describir en 2026 al Eustorgio como si siguiera exactamente en el estado anterior a esa inversión.
Pero una cubierta nueva no convirtió al coliseo en un centro exclusivo de gimnasia. El problema del espacio permanece. Deportistas y dirigentes han señalado que la instalación se quedó pequeña y que compartirla con otras disciplinas dificulta el desarrollo simultáneo de los entrenamientos.
La gimnasia artística necesita algo más que un techo y un piso. Los deportistas requieren zonas diferenciadas para los distintos aparatos, áreas de calentamiento y preparación física, superficies de seguridad, espacios de recuperación y equipos especializados. Cuando varias disciplinas deben convivir, la disponibilidad del espacio se convierte en parte de la preparación deportiva.
La propia trayectoria reciente de Barajas muestra el límite de esa infraestructura. Antes de los Juegos Olímpicos de París, el gimnasta tuvo que trasladarse a Medellín para completar su preparación. En Cúcuta, mientras tanto, otros deportistas seguían trabajando en el Eustorgio Colmenares.
No fue la primera vez que una obra sobre el escenario obligó a buscar alternativas. Durante el cambio de cubierta, gimnasia y judo reclamaron una reubicación que permitiera mantener la continuidad de los entrenamientos y evitar que una intervención de infraestructura terminara afectando la preparación de los deportistas.
La situación llegó incluso a un incidente que afectó directamente la dotación de gimnasia. En diciembre de 2023, durante los trabajos de la cubierta, una chispa de soldadura provocó un incendio que alcanzó implementos deportivos. Según la Liga, se perdieron 17 colchonetas, bandas asimétricas y unos 14.000 cubos de espuma, además de otros elementos.
La reposición de esos equipos se convirtió en otro problema. En 2024, el presidente de la Liga, Jairo Cadena, denunció que la aseguradora no respondía por las pérdidas y señaló que el caso había llegado a una reclamación judicial. La situación mostraba que incluso una obra destinada a mejorar el escenario podía generar nuevos obstáculos para el entrenamiento.
A las dificultades de espacio y dotación se sumó este año una preocupación diferente: la seguridad. El 16 de septiembre de 2026, un simulacro realizado en inmediaciones de la Sijín de la Policía Metropolitana de Cúcuta provocó un fuerte estruendo cerca del coliseo.
Según Jairo Cadena, los entrenadores y responsables de los menores no habían sido informados previamente de que se trataba de un simulacro. El dirigente afirmó que los niños entraron en pánico y pidió que las autoridades comuniquen este tipo de ejercicios cuando puedan afectar a quienes utilizan el escenario.
Cadena también solicitó reforzar la vigilancia en los alrededores del coliseo. Según su versión, actualmente habría una sola vigilante para un área cercana a tres hectáreas. La Liga planteó controles de ingreso y mecanismos de identificación y aseguró que ha buscado apoyo de la Cruz Roja para capacitar a entrenadores y deportistas en protocolos de evacuación y respuesta ante emergencias.
Esta denuncia debe diferenciarse de un diagnóstico oficial: no aparece, hasta ahora, una evaluación independiente que establezca que la seguridad del escenario sea objetivamente insuficiente. Lo que sí está documentado es que la Liga considera necesario reforzarla y que en septiembre de 2026 volvió a reclamar protocolos más claros.
La paradoja se vuelve más evidente cuando se observa el nivel de preparación que requiere esta generación. En febrero de 2026, Barajas, Zabala y Álvarez llegaron a la Copa Mundo de Cottbus después de haber trabajado durante los tres meses anteriores en el Eustorgio Colmenares. El grupo se desplazó después a otras paradas internacionales del circuito.
En abril, Barajas ya acumulaba diez medallas en Copas del Mundo, mientras continuaba compitiendo junto a otros cucuteños en el circuito internacional. El entrenador Jairo Ruiz destacó entonces que las dos semanas previas de trabajo en Cúcuta habían permitido desarrollar plenamente los entrenamientos y mantener al equipo sin lesiones.
Esto demuestra que el Eustorgio no es un lugar donde resulte imposible entrenar gimnasia de alto rendimiento. De hecho, allí se preparan deportistas que compiten por Colombia en Copas del Mundo. La discusión es distinta: si el escenario está a la altura de las exigencias permanentes de un programa que ya demostró capacidad para producir medallistas olímpicos.
Y ahí aparece una segunda paradoja. El Estado sí destina recursos para la gimnasia nortesantandereana. Hay entrenadores, asistentes, concentraciones y apoyos para competencias. El problema, por tanto, no puede explicarse simplemente como ausencia de financiación o abandono institucional.
Lo que queda en evidencia es una brecha entre la inversión en el proceso deportivo y la especialización de la infraestructura. Se puede financiar una competencia internacional y, al mismo tiempo, mantener una escuela de alto rendimiento dentro de un escenario compartido que sus propios usuarios consideran insuficiente.
Esa brecha no es menor. La escuela de Cúcuta ha demostrado que puede formar deportistas capaces de competir contra los mejores del mundo. Jossimar Calvo abrió el camino olímpico y Ángel Barajas lo llevó hasta una medalla de plata. Detrás de ellos existe una generación que ya compite internacionalmente y que aspira a mantener el ciclo hasta Los Ángeles 2028 y más allá.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en encontrar al próximo Ángel Barajas. Consiste en determinar si Norte de Santander está dispuesto a construir las condiciones materiales para que el siguiente campeón no dependa exclusivamente de la disciplina individual, del esfuerzo familiar y de la capacidad de sus entrenadores para resolver carencias.
La historia de la gimnasia nortesantandereana demuestra que el talento existe y que los resultados también. Lo que permanece abierto es otra pregunta: ¿cuánto tiempo puede una escuela que produce medallistas olímpicos seguir dependiendo de un escenario compartido y con limitaciones de espacio, dotación y seguridad?
La respuesta no está en la medalla de París ni en las nuevas generaciones que viajan a competir por el mundo. Está en las condiciones cotidianas en las que esos deportistas regresan a entrenar después de cada competencia. Allí, lejos de los podios, se mide realmente cuánto está dispuesto el departamento a invertir en la escuela que convirtió a Cúcuta en uno de los grandes semilleros de la gimnasia colombiana.






