La patrona de Brasil, la Virgen de Aparecida se convierte en un campo de batalla electoral entre Lula y Flávio Bolsonaro

La controversia comenzó después de que Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal y principal rival del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, afirmara en un video de campaña que, si llegaba a la Presidencia, declararía que “Brasil es del Señor Jesucristo”. La frase fue interpretada en redes sociales como una eventual amenaza contra la condición de Aparecida como patrona nacional - Foto: Santuário Nacional de Aparecida

La controversia comenzó después de que Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal y principal rival del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, afirmara en un video de campaña que, si llegaba a la Presidencia, declararía que “Brasil es del Señor Jesucristo”. La frase fue interpretada en redes sociales como una eventual amenaza contra la condición de Aparecida como patrona nacional - Foto: Santuário Nacional de Aparecida

A dos días de la primera vuelta presidencial en Brasil, una figura religiosa se convirtió en uno de los inesperados protagonistas de la campaña: Nossa Senhora Aparecida, patrona del país y uno de los símbolos católicos más reconocidos de la sociedad brasileña.

La controversia comenzó después de que Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal y principal rival del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, afirmara en un video de campaña que, si llegaba a la Presidencia, declararía que “Brasil es del Señor Jesucristo”. La frase fue interpretada en redes sociales como una eventual amenaza contra la condición de Aparecida como patrona nacional.

Sin embargo, no existe una declaración pública conocida de Flávio Bolsonaro en la que anuncie que pretende retirar a Nossa Senhora Aparecida ese título. El propio candidato calificó la acusación como una mentira y explicó que su referencia a Jesús correspondía a un acto simbólico de carácter religioso.

La versión que vinculó directamente a Flávio con la supuesta eliminación del título de patrona tomó fuerza en redes sociales durante la última semana de septiembre. El Tribunal Superior Electoral, TSE, terminó interviniendo ante la circulación del contenido.

El origen de parte de la narrativa se relacionó con un proyecto presentado en 2007 por el entonces diputado Victório Galli, aliado político de Jair Bolsonaro, que planteaba retirar a Nossa Senhora Aparecida de esa condición. La iniciativa fue archivada al año siguiente y no constituye un proyecto presentado por Flávio Bolsonaro durante esta campaña.

La confusión se produjo en medio de un debate más amplio dentro del cristianismo brasileño sobre el peso de las tradiciones católicas y el crecimiento de las iglesias evangélicas. Según el censo de 2022, el 56,7 % de la población brasileña se identificó como católica y el 26,9 % como evangélica.

Esa composición religiosa convierte cualquier discusión sobre símbolos católicos en un asunto con potencial electoral. Lula es católico, mientras el bolsonarismo ha construido buena parte de su relación política con sectores evangélicos, aunque ambos candidatos han buscado ampliar su respaldo más allá de sus respectivas bases religiosas.

La controversia adquirió una dimensión judicial el 25 de septiembre, cuando el magistrado André Mendonça, del TSE, ordenó retirar publicaciones que presentaban como verdadera la versión de que Flávio pretendía quitarle a Nossa Senhora Aparecida el título de patrona de Brasil. Mendonça calificó esa información de manifiestamente falsa.

La decisión generó una disputa dentro de la propia Justicia Electoral sobre los límites de la intervención judicial frente a contenidos políticos difundidos en redes sociales. Hubo decisiones cruzadas de distintos magistrados antes de que el pleno del TSE abordara el caso.

El 30 de septiembre, el TSE mantuvo la orden de retirar las publicaciones que asociaban a Flávio con la supuesta intención de eliminar el título de patrona. Los magistrados, sin embargo, discutieron el alcance de la medida y diferenciaron entre contenidos inequívocamente falsos y publicaciones cuya relación con el candidato pudiera ser objeto de duda.

El episodio también provocó un enfrentamiento político entre Flávio Bolsonaro y la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, CNBB. El candidato cuestionó el papel de sectores católicos en la difusión de la controversia, mientras la Iglesia negó que existiera una operación institucional para favorecer a Lula.

Lula, entretanto, incorporó el asunto a sus discursos. En una de sus intervenciones afirmó que, mientras fuera presidente, nadie irrespetaría a Nossa Senhora Aparecida. También reivindicó el respeto por otras expresiones religiosas, incluidas las religiones de matriz africana.

La utilización política de la imagen de la Virgen no se limitó a los discursos. En los últimos días de campaña, Lula apareció públicamente acompañado de símbolos vinculados a Nossa Senhora, mientras el episodio era presentado como una discusión sobre el respeto a una tradición profundamente arraigada en Brasil.

Flávio Bolsonaro respondió que estaba siendo víctima de una campaña de desinformación. Su equipo llevó la disputa a la Justicia Electoral y sostuvo que la asociación entre su candidatura y una eventual retirada del título de patrona carecía de fundamento.

El episodio llegó además a las mediciones de intención de voto. Una encuesta de Quaest divulgada el 28 de septiembre registró que Lula pasó de 43 % a 48 % entre los electores católicos, mientras Flávio pasó de 27 % a 29 % en ese grupo.

En la misma medición, realizada entre el 24 y el 27 de septiembre a 2.004 electores, Lula pasó de 23 % a 27 % entre los evangélicos, mientras Flávio cayó de 49 % a 46 %. En el total de la muestra, Lula marcó 39 % y Flávio 34 % en primera vuelta.

Esos datos coincidieron temporalmente con la controversia sobre Nossa Senhora Aparecida, pero la encuesta también recogió otros acontecimientos de campaña ocurridos durante esos días. Por eso, los resultados no permiten establecer que los movimientos entre los grupos religiosos fueran consecuencia exclusiva de la polémica.

El Datafolha divulgado el 1 de octubre mostró otra fotografía del electorado. Lula tenía 50 % entre los católicos, frente a 32 % de Flávio, mientras el candidato del PL registraba 52 % entre los evangélicos, frente a 26 % del presidente.

En esa misma encuesta, realizada entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre a 2.506 personas, Lula aparecía con 42 % de las preferencias en el total de la muestra y Flávio con 38 %. La diferencia estaba dentro del margen de error nacional de dos puntos porcentuales.

La medición también mostró una marcada diferencia religiosa en un eventual segundo turno: Lula registraba 55 % entre los católicos y Flávio 38 %, mientras entre los evangélicos Flávio alcanzaba 62 % y Lula 32 %. Estos son resultados de una encuesta, no una proyección del resultado electoral.

La controversia, por tanto, se instaló sobre una división religiosa que ya estaba presente en el comportamiento electoral brasileño. El episodio de Aparecida no creó esa diferencia, pero la convirtió en un asunto visible durante los últimos días de la campaña.

También introdujo una dimensión cultural y simbólica. Nossa Senhora Aparecida no es solamente una figura de devoción católica: su imagen está asociada a la identidad nacional brasileña y representa además a una Virgen negra, un elemento que añade otra capa histórica y social a la disputa por su significado público.

Para el bolsonarismo, el episodio representa una acusación que Flávio considera falsa y que, según su campaña, fue utilizada para asociarlo con una amenaza contra el catolicismo. Para el entorno de Lula, en cambio, la discusión permitió colocar en el centro de la campaña la defensa de una tradición religiosa ampliamente extendida en el país.

La intervención del TSE añadió otro elemento a la controversia: la tensión entre combatir la desinformación electoral y preservar la libertad de expresión durante una campaña presidencial. Las decisiones de los magistrados mostraron que incluso dentro del tribunal existieron diferencias sobre el alcance que debía tener la retirada de contenidos.

Así, a las puertas de la votación del 4 de octubre, Nossa Senhora Aparecida terminó convertida en un símbolo de una disputa que trasciende la religión. La controversia puso frente a frente identidad nacional, catolicismo, expansión evangélica, desinformación y límites de la intervención judicial, mientras las encuestas mostraban diferencias claras entre los dos candidatos dentro de los principales grupos religiosos.

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