Las Damas de Blanco de Kennedy: las mujeres que hicieron del Monumento a las Banderas una causa

El vínculo también quedó incorporado al programa Adopta un Monumento del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). El Concejo de Bogotá ha reconocido que el colectivo se convirtió en un actor comunitario relacionado con la protección y apropiación social del monumento - Foto: IDPC

El vínculo también quedó incorporado al programa Adopta un Monumento del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). El Concejo de Bogotá ha reconocido que el colectivo se convirtió en un actor comunitario relacionado con la protección y apropiación social del monumento - Foto: IDPC

En Kennedy, un grupo de mujeres mayores convirtió un monumento de 1948 en el escenario de una causa que combina memoria, patrimonio, derechos de las mujeres y participación comunitaria. Son las llamadas Damas de Blanco o Madrinas de Banderas, un colectivo que desde hace más de una década mantiene una relación particular con el Monumento a las Banderas.

El colectivo nació en 2011, cuando Kennedy conmemoraba sus 50 años. Rosalba Rodríguez, quien desde entonces se convirtió en una de sus principales dirigentes, propuso que un grupo de mujeres mayores adoptara simbólicamente el monumento y asumiera una tarea de apropiación y defensa del espacio.

La idea terminó vinculando a 21 mujeres con las astas del monumento. Cada una asumió simbólicamente la representación de un país y comenzó a participar en actividades relacionadas con la memoria del lugar, las banderas y la reivindicación de los derechos de las mujeres mayores.

El nombre de Madrinas de Banderas refleja precisamente esa relación. Las integrantes no son funcionarias encargadas de la vigilancia o conservación física del monumento, sino ciudadanas que construyeron una forma de apropiación comunitaria alrededor de este bien patrimonial.

El vínculo también quedó incorporado al programa Adopta un Monumento del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). El Concejo de Bogotá ha reconocido que el colectivo se convirtió en un actor comunitario relacionado con la protección y apropiación social del monumento.

La historia del lugar ayuda a entender por qué estas mujeres consideran que las esculturas representan algo más que una pieza ornamental. El Monumento a las Banderas fue construido en 1948 para la IX Conferencia Panamericana y está compuesto por 120 esculturas femeninas distribuidas alrededor de 20 columnas.

Las esculturas incorporan distintos atributos simbólicos. Entre ellos aparecen representaciones relacionadas con la justicia, la educación, la sabiduría, el alimento, el desarrollo y la ciencia. Para las Damas de Blanco, esas figuras permiten construir una lectura sobre las diferentes dimensiones de la vida y las luchas de las mujeres.

Esa interpretación llevó al colectivo a relacionar la defensa del monumento con una reivindicación más amplia. Rodríguez ha planteado que las mujeres mayores han sufrido distintas formas de violencia y exclusión y que el trabajo alrededor de las esculturas permite convertir esas experiencias en participación social y en una forma de acompañamiento entre ellas.

La defensa del monumento también se convirtió en una causa concreta. Durante años, las esculturas sufrieron deterioro, grafitis, rayones y daños físicos. En 2019 se documentó que el conjunto estaba seriamente afectado y requería una intervención de restauración.

Las Damas de Blanco participaron en la presión ciudadana para recuperar el lugar. La restauración realizada posteriormente permitió recuperar buena parte del aspecto del monumento, y desde entonces el colectivo ha insistido en la necesidad de mantenerlo protegido.

Pero la defensa patrimonial abrió otro conflicto. La plazoleta también es utilizada por colectivos juveniles y culturales para conciertos, encuentros, expresiones artísticas y manifestaciones políticas. Para estos grupos, Banderas es además un espacio público de reunión y expresión en Kennedy.

La diferencia de perspectivas ha producido tensiones sobre qué significa apropiarse de un monumento. Mientras las Damas de Blanco enfatizan la conservación, el respeto por las esculturas y la memoria, algunos colectivos juveniles defienden el derecho a utilizar el espacio como escenario de expresiones culturales y políticas contemporáneas.

El debate tiene además una dimensión generacional. Las mujeres del colectivo han cuestionado comportamientos que consideran agresiones contra las esculturas y han denunciado daños que, según sus testimonios, incluyen lanzamiento de objetos y otras formas de vandalismo. Los jóvenes, por su parte, han reivindicado el carácter público y cultural de la plazoleta.

La discusión llegó también al Concejo de Bogotá. En 2026 fueron radicados proyectos de acuerdo destinados a establecer lineamientos para la preservación, conservación, uso y puesta en valor del Monumento a las Banderas como símbolo de integración americana y patrimonio cultural del Distrito.

Así, las Damas de Blanco han dejado de ser solamente un grupo de mujeres que acompaña un monumento. Su historia representa una disputa más amplia sobre la manera en que una comunidad puede apropiarse de un bien patrimonial y sobre quién define los límites entre conservación, uso del espacio público y expresión cultural.

Su presencia también ha puesto en primer plano a un grupo que suele tener menor visibilidad en las discusiones urbanas: las mujeres mayores. Para Rodríguez, la defensa de Banderas está relacionada con la posibilidad de que ellas sigan participando, organizándose y siendo reconocidas como actoras sociales después de décadas de trabajo familiar y comunitario.

El caso de Kennedy muestra, además, que el patrimonio no es un concepto estático. Un monumento puede ser simultáneamente una obra artística, un lugar de memoria, un escenario comunitario y un espacio de conflicto. Las Damas de Blanco han elegido defender una de esas dimensiones, pero su presencia ha obligado a las instituciones y a otros usuarios a discutir cómo pueden coexistir las distintas formas de apropiación.

Más de una década después de su nacimiento, las Madrinas de Banderas continúan vinculadas al monumento. Su causa combina la protección de las 120 esculturas, la defensa de la participación de las mujeres mayores y una determinada interpretación de lo que debe significar este espacio para Kennedy.

La historia de las Damas de Blanco, por eso, no termina en las esculturas blancas que custodian simbólicamente. También habla de una generación de mujeres que encontró en un monumento público una forma de organización, visibilidad y reivindicación. Y de una ciudad que todavía debe resolver cómo proteger su patrimonio sin convertirlo en un espacio ajeno a la comunidad que lo rodea.

Etiquetado: