La llegada de Sergio Esteban Vélez Peláez a la dirección del Instituto Caro y Cuervo ocurre después de varios años en los que la institución amplió su trabajo sobre la diversidad lingüística de Colombia. Vélez asumió el cargo el 7 de septiembre de 2026, según su hoja de vida oficial.
El relevo tiene una particularidad: el Caro y Cuervo no es solamente una institución dedicada al estudio y la promoción del español. En sus programas recientes también aparecen la documentación de lenguas indígenas, el trabajo con comunidades, las lenguas criollas y acciones dirigidas al pueblo Rrom.
Uno de los proyectos de mayor dimensión fue el Programa de Documentación de Lenguas Nativas. Para 2025, el Instituto se propuso registrar audiovisualmente diez lenguas indígenas: cacua, kankuamo, mapayerri, nukak, kamëntsá, inga, nasa yuwe, namtrik, muruy y miraña.
El propósito no era únicamente producir investigaciones académicas. El programa buscaba construir un acervo lingüístico y cultural para preservar y consultar registros de lenguas amenazadas, incorporando voces, relatos, cantos, conocimientos y prácticas de las comunidades.
El modelo de trabajo también tenía una característica relevante: varios de los responsables de la documentación eran integrantes de los propios pueblos. Entre ellos estuvieron Elio Miraña, Mónica Jansasoy, María Antonia Narváez, Luz Dary Flórez, Marina López, Andersson Causaya, Leonel Cabiyarí, Jesús López y Leonel Vega, con acompañamiento de las investigadoras Yaty Urquijo y Katherine Bolaños.
El proyecto pretendía así desplazar parcialmente el centro de la documentación lingüística. En lugar de que los registros fueran producidos exclusivamente por investigadores externos, los propios hablantes participaron como documentadores y definieron contenidos y formas de acceso.
Esa última cuestión adquiere especial importancia. El Repositorio de Lenguas Nativas de Colombia, presentado por el Ministerio de las Culturas en 2026, estableció diferentes niveles de acceso a los materiales, definidos por las propias comunidades para proteger información cuyo uso o circulación consideran restringidos.
La primera fase del repositorio incorporó materiales correspondientes a quince lenguas nativas. La meta institucional es que la plataforma pueda crecer progresivamente hasta abarcar las 65 lenguas indígenas del país, además de las dos lenguas criollas y el romaní.
El proyecto también tiene una dimensión de memoria. Los registros no se limitan a vocabularios o estructuras gramaticales. Incluyen relatos, cantos, saberes ancestrales y testimonios de personas mayores, convirtiendo la documentación lingüística en una forma de preservar parte del conocimiento de las comunidades.
El caso del pueblo miraña muestra esa dimensión. El propio Instituto ha documentado testimonios relacionados con la historia del pueblo, la fiebre del caucho, la transmisión de saberes y la memoria de sus mayores, dentro del programa de documentación de 2025.
La documentación también se relacionó con procesos de formación. El Instituto desarrolló actividades para fortalecer las capacidades de integrantes de comunidades en documentación audiovisual y manejo de herramientas destinadas a registrar y preservar sus propias lenguas.
Esta política no comenzó en 2025. El Instituto tiene una trayectoria mucho más larga de investigación sobre lenguas indígenas y había incorporado esa actividad a sus líneas académicas. En los documentos institucionales recientes, la documentación de lenguas nativas aparece como parte de su misión de salvaguarda del patrimonio lingüístico colombiano.
En 2024 y 2025 esa agenda se extendió también mediante educación continua. El informe sectorial del Ministerio de las Culturas registra cursos, diplomados y talleres sobre lenguas nativas, documentación audiovisual y otros campos lingüísticos, además de actividades territoriales de edición comunitaria y recuperación de memoria cultural.
En 2025, esa estrategia territorial pasó a denominarse “Territorio de palabras”. Uno de sus talleres se realizó en San Basilio de Palenque y reunió a 15 participantes afrocolombianos que produjeron la publicación Palenque. Realidades y Estereotipos.
El trabajo con comunidades afro no se reducía a ese taller. El Caro y Cuervo había desarrollado una tradición académica alrededor de las literaturas afrocolombianas y afrodiaspóricas mediante la Cátedra de Herencia Africana y las líneas de investigación de su Maestría en Literatura y Cultura.
Esa tradición también alcanzaba las lenguas criollas. Documentos académicos del Instituto registran investigaciones y conferencias sobre lenguas y literaturas criollas hispanófonas, incluido el criollo sanandresano y sus vínculos con la historia cultural de las comunidades raizales.
La agenda afro y raizal, sin embargo, tenía una escala presupuestal diferente a la del programa de documentación de lenguas indígenas. No aparece en los documentos revisados una apropiación independiente comparable a los recursos destinados a aquel programa.
También existían mecanismos de estímulo para la diversidad lingüística. El Caro y Cuervo había creado una beca para promover proyectos de divulgación de las lenguas y culturas de Colombia y un reconocimiento específico a personas o cabildos que contribuyeran a la salvaguardia de las lenguas nativas.
En 2026 esa política llegó de manera explícita al pueblo Rrom. El Instituto abrió una convocatoria para divulgar la lengua shib romaní mediante la creación de una cartilla destinada a niños entre siete y doce años.
La beca tenía un estímulo de 20 millones de pesos y estaba dirigida a personas, colectivos, Kumpañy u organizaciones pertenecientes al pueblo Rrom. El proyecto debía contribuir a la enseñanza, fortalecimiento y reconocimiento de la lengua y la cultura romanés.
El hecho de que la convocatoria exigiera aval de la comunidad también muestra un criterio de participación que aparece en otras iniciativas del Instituto: la institución no se limita a estudiar las lenguas, sino que busca que las comunidades intervengan en la definición y ejecución de los proyectos.
En el caso indígena, la dimensión financiera fue considerablemente mayor. El programa de documentación de diez lenguas de 2025 fue presentado por el Ministerio como una iniciativa específica del Caro y Cuervo para preservar lenguas en riesgo, mientras que posteriormente el Instituto reportó la ampliación de sus materiales mediante el repositorio nacional.
Esto significa que Vélez recibe una institución en la que conviven dos tradiciones. Por una parte, el Caro y Cuervo conserva su papel histórico en el estudio del español, la filología y la literatura hispánica; por otra, mantiene una agenda institucional de documentación, protección y divulgación de la diversidad lingüística del país.
La llegada de un director con una trayectoria vinculada a la literatura hispánica hace especialmente relevante observar cómo se articularán esas dos dimensiones. Su formación y experiencia cultural no implican por sí mismas un cambio de orientación, pero permiten plantear una pregunta sobre las prioridades que tendrá la nueva dirección.
La respuesta podrá medirse menos por los discursos que por decisiones concretas: el presupuesto destinado a documentación lingüística, la continuidad del repositorio, las convocatorias para comunidades indígenas y Rrom, los programas relacionados con las lenguas criollas y el trabajo académico sobre literaturas afro e indígenas. Esos indicadores permitirán establecer si la nueva dirección mantiene, amplía o modifica una política de diversidad lingüística que ya tenía proyectos, recursos y estructuras antes de la llegada de Vélez.






