Una visita a las obras de la Primera Línea del Metro de Bogotá terminó convirtiéndose en un enfrentamiento público entre el exalcalde Enrique Peñalosa y el embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang.
El episodio comenzó el 18 de septiembre, cuando la Embajada china organizó un recorrido por los frentes de construcción de la Línea 1, al que fueron invitados representantes de medios de comunicación y dirigentes políticos.
Entre los asistentes estuvo la exalcaldesa Claudia López, cuya presencia adquirió especial relevancia debido a la prolongada disputa política que sostuvo con Peñalosa alrededor del proyecto durante su administración.
Peñalosa, quien también había sido invitado, decidió no asistir. Posteriormente cuestionó públicamente que fuera el embajador de China quien organizara una actividad para mostrar los avances de una infraestructura que pertenece a Bogotá.
En sus mensajes en redes sociales, el exalcalde sostuvo que la ciudad contrató el Metro en condiciones comerciales y que el Gobierno chino no es propietario de la infraestructura ni realizó un aporte que permita presentar la obra como un regalo de China.
Para sustentar su argumento, Peñalosa comparó la actividad con una eventual visita de un embajador extranjero a un avión Boeing adquirido por Avianca o a aeronaves Tucano compradas por Colombia.
Su planteamiento buscaba establecer una diferencia entre el país de origen de una empresa contratista y el Estado colombiano, que es la entidad que contrató el proyecto.
Peñalosa también cuestionó que la Embajada china invitara a dirigentes políticos colombianos a la actividad. Según su posición, quien debería convocar este tipo de recorridos es la administración distrital.
Zhu Jingyang respondió el 19 de septiembre y rechazó que la Embajada hubiera presentado el Metro como una obra perteneciente a China o como un regalo del Gobierno de ese país.
El embajador señaló que la contratación fue adelantada comercialmente por Bogotá y que la titularidad del proyecto no estaba en discusión. Sin embargo, sostuvo que la estructura contractual de la Primera Línea hacía insuficiente la comparación con la compra de un producto terminado.
La precisión contractual es relevante. La Empresa Metro de Bogotá adjudicó en 2019 el contrato de concesión a la sociedad Metro Línea 1 S.A.S., integrada por China Harbour Engineering Company Limited, con una participación del 85 %, y Xi’an Rail Transportation Group Company Limited, con el 15 %.
La concesionaria no recibió solamente la responsabilidad de construir la infraestructura. De acuerdo con la información de la Empresa Metro de Bogotá, tiene a su cargo la inversión, financiación, diseño, construcción, suministro, puesta en marcha, operación y mantenimiento de la Primera Línea.
El contrato de concesión 163 de 2019 contempla además que Metro Línea 1 opere y mantenga la Primera Línea durante 20 años, después de su construcción y puesta en funcionamiento.
Ese elemento constituye el principal argumento contractual de Zhu. El diplomático sostiene que la empresa china no está actuando únicamente como una compañía que entrega una obra a cambio de un precio, sino dentro de un esquema de concesión en el que también participa financieramente.
“La empresa china no solo construye, también invierte”, fue precisamente una de las ideas centrales utilizadas por Zhu para responder a Peñalosa.
La discusión, por tanto, contiene una diferencia entre dos planos. En el primero está la propiedad pública del proyecto, que el propio embajador reconoce como perteneciente a Bogotá. En el segundo está la participación de una compañía china en la financiación, construcción y posterior operación de la infraestructura.
Zhu añadió otro elemento a la controversia: aseguró que antes del recorrido habló personalmente con el alcalde Carlos Fernando Galán y que contó con su consentimiento para realizar la actividad.
Esa afirmación introduce a la Alcaldía de Bogotá en una discusión que inicialmente parecía limitada al exalcalde y al representante diplomático. También modifica parcialmente el cuestionamiento de Peñalosa sobre quién estaba autorizado para convocar la visita.
Si la actividad contó con el consentimiento señalado por Zhu, el debate deja de ser únicamente si la Embajada podía organizar el recorrido y pasa a concentrarse también en el carácter que se quiso dar a esa actividad y en el papel público que asumió la representación diplomática.
La presencia de Claudia López agregó otra capa política al episodio. Peñalosa recordó sus enfrentamientos con la entonces alcaldesa por el proyecto y cuestionó que ahora participara en una actividad en la que se mostraban los avances de la obra.
López, por su parte, publicó imágenes y mensajes positivos sobre el avance del Metro después de participar en el recorrido. Su presencia permitió que una discusión sobre relaciones diplomáticas y contratación pública volviera a conectarse con la vieja disputa política por la construcción del sistema.
El intercambio también ocurre mientras las compañías chinas buscan ampliar su participación en proyectos ferroviarios colombianos. La Primera Línea del Metro se ha convertido en una de las principales vitrinas de esas empresas en el país y en una referencia para otros proyectos de infraestructura.
De ahí que la actividad tenga una dimensión que trasciende el recorrido de una obra. Para la diplomacia china, mostrar los avances de un proyecto ejecutado por una empresa de su país también permite exhibir su capacidad empresarial y tecnológica y promover nuevas oportunidades de cooperación e inversión.
Para Peñalosa, en cambio, el riesgo está en que esa exposición termine confundiendo el papel de una empresa contratista y concesionaria con el del Estado chino. Su crítica apunta precisamente a separar la participación empresarial de China de la titularidad pública del Metro.
El cruce deja así una discusión abierta sobre la creciente presencia económica china en Colombia: el Metro es un proyecto de Bogotá, pero su construcción, financiación, operación y mantenimiento fueron entregados mediante una concesión a una sociedad integrada mayoritariamente por empresas chinas. La controversia entre Peñalosa y Zhu ha puesto esa relación en el centro del debate público.






