Petro devolvió la espada de Bolívar y cerró su gobierno con un mensaje sobre memoria y poder

Para Petro, la espada nunca fue un objeto ornamental. En repetidas ocasiones afirmó que representaba la lucha por la libertad, la emancipación de los pueblos y la construcción de una democracia basada en la justicia social. En su interpretación, el legado bolivariano no se limita a la independencia política, sino que también implica combatir las desigualdades económicas y ampliar los derechos ciudadanos - Foto: Presidencia

Para Petro, la espada nunca fue un objeto ornamental. En repetidas ocasiones afirmó que representaba la lucha por la libertad, la emancipación de los pueblos y la construcción de una democracia basada en la justicia social. En su interpretación, el legado bolivariano no se limita a la independencia política, sino que también implica combatir las desigualdades económicas y ampliar los derechos ciudadanos - Foto: Presidencia

La espada de Simón Bolívar regresó oficialmente a la Casa Museo Quinta de Bolívar en Bogotá, poniendo fin a uno de los símbolos más representativos del gobierno de Gustavo Petro. La ceremonia, realizada a pocos días de concluir su mandato, estuvo acompañada por un recorrido solemne desde la Casa de Nariño y por un discurso en el que el presidente reivindicó el significado histórico y político que le atribuyó al arma durante sus cuatro años en el poder.

La espada permaneció en la Casa de Nariño desde agosto de 2022, cuando Petro ordenó que fuera trasladada para acompañar su posesión presidencial. Aquella decisión marcó el inicio de su gobierno y se convirtió en uno de los episodios más recordados de ese día, luego de que insistiera en que la ceremonia no comenzaría hasta que el arma llegara al acto protocolario.

Desde entonces, la espada dejó de ser únicamente una pieza de museo para convertirse en un elemento permanente de la escenografía presidencial. En múltiples ceremonias oficiales, discursos y encuentros internacionales apareció como un símbolo de la continuidad del proyecto republicano iniciado por Simón Bolívar y como una representación de la búsqueda de transformaciones sociales.

Para Petro, la espada nunca fue un objeto ornamental. En repetidas ocasiones afirmó que representaba la lucha por la libertad, la emancipación de los pueblos y la construcción de una democracia basada en la justicia social. En su interpretación, el legado bolivariano no se limita a la independencia política, sino que también implica combatir las desigualdades económicas y ampliar los derechos ciudadanos.

Durante el acto de devolución, el mandatario explicó que la espada debía regresar a la Quinta de Bolívar porque ese es el lugar al que pertenece como patrimonio histórico de todos los colombianos. No obstante, insistió en que el significado que adquirió durante su administración trasciende el sitio físico donde permanezca resguardada.

En su intervención volvió a pronunciar una frase que había repetido en varias oportunidades: “esa espada no se puede enfundar hasta que haya justicia en Colombia”. Con esa expresión quiso señalar que el proyecto de transformación social que asocia con Bolívar continúa siendo, a su juicio, una tarea pendiente para el país.

Petro también sostuvo que la espada representa la defensa de la República y de las libertades públicas. En ese contexto afirmó que el símbolo bolivariano no puede utilizarse para justificar proyectos autoritarios ni para restringir derechos, sino que debe recordar permanentemente el compromiso con la democracia y la soberanía nacional.

El mandatario aprovechó igualmente la ceremonia para marcar diferencias con el gobierno entrante. Sin mencionar directamente al presidente electo Abelardo de la Espriella, señaló que la espada “no puede estar al servicio del fascismo”, una afirmación que fue interpretada como una crítica política formulada en medio del proceso de transición presidencial.

El acto también sirvió para reiterar otra de sus posiciones institucionales. Petro insistió en que la posesión de un presidente elegido democráticamente debe realizarse ante las instituciones civiles y no en una guarnición militar, al tiempo que anunció que mientras ejerciera la Presidencia no autorizaría la preparación de una ceremonia de investidura en instalaciones castrenses.

La devolución de la espada hizo parte de una decisión más amplia del mandatario de entregar varios objetos históricos que habían acompañado su gobierno. Entre ellos también figuraron la sotana de Camilo Torres y otros elementos que, según explicó, debían regresar a instituciones museísticas para garantizar su conservación y acceso público.

La espada de Bolívar posee además una historia propia que explica buena parte de su carga simbólica. Fue robada en 1974 por el movimiento guerrillero M-19 bajo la consigna “Bolívar, tu espada vuelve a la lucha”, convirtiéndose durante décadas en uno de los emblemas más conocidos de esa organización insurgente. Tras la desmovilización del grupo en 1990, el arma fue entregada al Estado colombiano y pasó a integrar el patrimonio histórico nacional.

Ese antecedente ha dado lugar a interpretaciones contrapuestas. Para algunos sectores políticos, la decisión de Petro de mantener la espada en la Casa de Nariño reavivó una conexión simbólica con el M-19, organización de la que hizo parte en su juventud. El expresidente, por el contrario, siempre sostuvo que su intención fue reivindicar exclusivamente el legado republicano de Bolívar y no el pasado insurgente asociado al robo de la espada.

El regreso del arma a la Quinta de Bolívar también marca el cierre de un ciclo político. Durante cuatro años fue utilizada por Petro como una representación permanente de su proyecto de gobierno y de su interpretación del pensamiento bolivariano, convirtiéndose probablemente en el símbolo material más reconocible de su administración.

Con la devolución de la espada al museo, el objeto recupera su condición de patrimonio histórico accesible al público. Sin embargo, el intenso debate que generó durante el cuatrienio demuestra que, más de dos siglos después de la independencia, la figura de Simón Bolívar continúa siendo objeto de disputas políticas e ideológicas sobre el rumbo del país.

Así, la ceremonia trascendió el simple traslado de una pieza histórica. Para Gustavo Petro fue un acto de despedida en el que buscó reafirmar que la espada simboliza la lucha permanente por la justicia, la libertad y la soberanía. Para sus críticos, en cambio, constituyó el último episodio de una utilización política de uno de los símbolos más importantes de la historia republicana de Colombia.

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