Colombia e Israel restablecieron en septiembre de 2026 la exención recíproca de visado para los titulares de pasaportes ordinarios que viajen con fines turísticos. La decisión permite a los ciudadanos colombianos e israelíes, ingresar al otro sin tramitar previamente una visa y permanecer hasta 90 días dentro de un periodo de 12 meses.
La medida fue formalizada mediante la Resolución 12189 de 2026 y hace parte del proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Bogotá y Jerusalén. Según la Cancillería colombiana, el propósito es facilitar la movilidad, promover el turismo y ampliar los intercambios entre ambas sociedades.
El anuncio, sin embargo, ocurre en un momento especialmente complejo para los viajes relacionados con Israel. La guerra iniciada después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 modificó las condiciones de seguridad de buena parte de la región y profundizó las tensiones políticas alrededor de Israel, Palestina y la situación de Jerusalén.
Para un colombiano que viaje a Israel, el acceso sin visa elimina una barrera administrativa, pero no elimina las condiciones de seguridad que deben tenerse en cuenta al desplazarse por el país. La exención migratoria tampoco equivale a una garantía de ingreso: los viajeros continúan sujetos a los procedimientos y controles establecidos por las autoridades israelíes.
Jerusalén constituye uno de los escenarios más sensibles. La Ciudad Vieja concentra algunos de los lugares más importantes del cristianismo, el judaísmo y el islam y, al mismo tiempo, se encuentra atravesada por tensiones religiosas y políticas que se han agudizado durante los últimos años.
Una de las preocupaciones documentadas recientemente es el incremento del acoso contra cristianos. El Rossing Center for Education and Dialogue, una organización israelí que monitorea estos episodios, documentó 155 incidentes contra cristianos e instituciones cristianas en Israel y Jerusalén Este durante 2025, frente a 111 registrados el año anterior.
Los incidentes incluyen agresiones físicas, vandalismo, daños o profanaciones de lugares religiosos, insultos y escupitajos contra miembros del clero y otras personas identificadas como cristianas. La existencia de estos registros no permite afirmar que los turistas extranjeros estén en riesgo permanente, pero sí evidencia un problema de convivencia religiosa que puede afectar a visitantes que recorren los lugares sagrados.
La situación continuó durante 2026. Datos presentados en junio por el Religious Freedom Data Center indicaban que ya se habían documentado más de 88 incidentes contra cristianos durante el año, con una concentración particularmente alta en Jerusalén. El organismo advertía que el ritmo registrado podía superar el total contabilizado en 2025.
Uno de los episodios más graves ocurrió en abril, cuando una monja católica fue atacada violentamente mientras caminaba con su hábito por la Ciudad Vieja de Jerusalén. En agosto, un tribunal determinó que un hombre judío procedente de un asentamiento de Cisjordania había cometido la agresión, pero aceptó una defensa basada en su estado de salud mental y ordenó su hospitalización.
El episodio generó preocupación entre las comunidades cristianas porque el ataque se produjo en un espacio frecuentado diariamente por peregrinos y turistas. AP reportó posteriormente que algunos cristianos residentes y religiosos habían comenzado a modificar sus rutinas por temor al acoso, mientras activistas israelíes reclamaban mayores medidas de protección.
El problema, por tanto, no se limita a la seguridad convencional asociada con un conflicto armado. También involucra la posibilidad de enfrentar hostigamiento por motivos religiosos o identitarios en espacios que precisamente constituyen algunos de los principales atractivos turísticos de Israel.
La otra cara del fenómeno se encuentra fuera de Israel. En Tailandia, durante los últimos meses, aumentaron las denuncias y controversias relacionadas con el comportamiento de determinados turistas israelíes. El Gobierno tailandés llegó a pedir a Israel que sus ciudadanos respetaran las leyes y las costumbres locales.
La situación alcanzó un punto particularmente visible el 10 de septiembre, cuando cientos de personas se manifestaron frente a la embajada israelí en Bangkok para reclamar que los visitantes extranjeros respetaran las normas y la cultura tailandesas. Aunque las protestas también respondían a conductas atribuidas a turistas de otras nacionalidades, los israelíes se convirtieron en uno de sus principales focos.
Uno de los casos que alimentó esa controversia fue el de un turista israelí que fue condenado y posteriormente deportado después de amenazar al propietario de un zoológico que había exhibido una bandera palestina. El episodio convirtió un desacuerdo político en un conflicto con las autoridades locales y reforzó el debate sobre el comportamiento de algunos visitantes israelíes.
La propia representación diplomática israelí respondió a las críticas. La embajadora Alona Fisher-Kamm se reunió con el canciller tailandés y propuso trabajar en una guía de “qué hacer y qué no hacer” para los turistas israelíes, mientras la representación diplomática se comprometió a promover entre sus ciudadanos el respeto por las normas locales.
Estos episodios no permiten atribuir un comportamiento determinado a los israelíes como colectivo. Sí muestran, en cambio, que algunos destinos han comenzado a enfrentar públicamente problemas relacionados con grupos de visitantes israelíes y que esos conflictos pueden adquirir una dimensión diplomática cuando involucran símbolos políticos, religión, normas culturales o actuaciones consideradas abusivas.
La comparación resulta relevante para Colombia porque la eliminación de la visa incrementa la facilidad de circulación en ambos sentidos. Para los colombianos, significa una reducción de los trámites para viajar a Israel; para Israel, supone recuperar el acceso turístico sin visa a Colombia bajo las condiciones acordadas bilateralmente.
La decisión también llega en un momento de deterioro de las relaciones de Israel con algunos de sus tradicionales aliados. En septiembre, Reino Unido, Francia y Canadá anunciaron restricciones comerciales relacionadas con productos provenientes de asentamientos israelíes, mientras Israel respondió, entre otras medidas, con el cierre anunciado del consulado británico en Jerusalén Este y restricciones de entrada contra algunos ciudadanos británicos.
El contexto internacional hace que la exención de visa tenga una dimensión que va más allá del turismo. Facilitar la movilidad entre dos sociedades significa también aumentar los contactos entre personas en un momento de fuertes sensibilidades políticas y religiosas, por lo que las autoridades deberán atender no solamente los controles migratorios, sino también la información al viajero y la prevención de conflictos.
Para Colombia, el reto será particularmente delicado si aumentan los flujos de visitantes israelíes. La experiencia reciente de Tailandia demuestra que las controversias originadas por el comportamiento de una parte de los turistas pueden transformarse rápidamente en un asunto público y diplomático. La experiencia de Jerusalén, por su parte, muestra que los visitantes extranjeros también pueden encontrarse con ambientes de tensión religiosa que requieren precauciones específicas.
La exención bilateral, en consecuencia, abre una puerta para el turismo y el intercambio entre Colombia e Israel, pero lo hace en un escenario internacional distinto al que existía antes de 2025. El desafío será que una mayor movilidad no termine trasladando al ámbito turístico las tensiones políticas, religiosas y sociales que actualmente rodean a Israel y a sus ciudadanos en distintos lugares del mundo.






