La elección de Honorio Henríquez, senador del Centro Democrático, como presidente del Senado para la legislatura 2026-2027 dejó uno de los hechos políticos más inesperados del inicio del nuevo Congreso. Con 56 votos, el congresista uribista derrotó a Alfredo Deluque, candidato respaldado por el presidente electo Abelardo de la Espriella, en una votación que reconfiguró el mapa de alianzas legislativas antes de la posesión del nuevo Gobierno.
Más allá del resultado, la elección evidenció las dificultades que enfrenta Abelardo de la Espriella para consolidar mayorías parlamentarias. Aunque el mandatario electo había encomendado a su ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, la construcción de consensos alrededor de la candidatura de Deluque, la estrategia terminó enfrentándose a la decisión del Centro Democrático de defender la aspiración de uno de sus propios dirigentes históricos.
La tensión entre el Gobierno entrante y el uribismo se había intensificado durante los días previos a la votación. Rodrigo Lara sostuvo que respaldar a Honorio Henríquez suponía construir una alianza con el Pacto Histórico y defendió la candidatura de Deluque como una alternativa de mayor consenso. Desde el Centro Democrático, sin embargo, respondieron que el partido, al ser una de las principales fuerzas del nuevo Congreso, tenía legitimidad para reclamar la Presidencia del Senado.
La controversia terminó profundizando un distanciamiento político entre Abelardo de la Espriella y el partido fundado por Álvaro Uribe Vélez. Aunque ambos sectores comparten posiciones en temas como la seguridad, el fortalecimiento de la Fuerza Pública y el impulso al sector empresarial, la disputa por la conducción del Congreso dejó en evidencia diferencias sobre la distribución del poder político dentro de la nueva coalición de gobierno.
El desenlace también estuvo marcado por una alianza inédita en la política colombiana. Senadores del Pacto Histórico decidieron respaldar la candidatura de Honorio Henríquez, permitiendo que el congresista del Centro Democrático alcanzara la mayoría necesaria para imponerse sobre el candidato del Ejecutivo entrante. La convergencia sorprendió por reunir, al menos para esta votación, a dos sectores que durante más de una década han protagonizado algunos de los enfrentamientos políticos más intensos del país.
Desde el Pacto Histórico, varios dirigentes explicaron posteriormente que el respaldo a Henríquez no representaba una alianza programática con el uribismo, sino una decisión política para impedir que prosperara la candidatura promovida por Abelardo de la Espriella. “Nuestro voto fue contra Abelardo”, resumieron voceros de la colectividad tras conocerse el resultado.
La votación también reflejó la fragmentación del nuevo Congreso. Durante los días previos, tanto el Centro Democrático como el sector cercano al presidente electo buscaron acercamientos con distintas bancadas para asegurar los votos necesarios, lo que convirtió al Pacto Histórico en un actor decisivo para inclinar la balanza. Al final los resultados terminaron con 56 votos para Henríquez y 47 para Deluque.
En su primer discurso como presidente del Senado, Honorio Henríquez afirmó que ejercerá la dirección de la corporación ofreciendo garantías a todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso. El senador aseguró que promoverá un debate respetuoso de la pluralidad y del equilibrio entre oficialismo y oposición, en un momento en que el Legislativo se prepara para discutir las primeras iniciativas del nuevo gobierno.
Para Abelardo de la Espriella, el episodio constituye un primer llamado de atención sobre los retos de gobernabilidad que enfrentará desde el 7 de agosto. La derrota de su candidato en la elección de la mesa directiva demuestra que las mayorías legislativas no están consolidadas y que deberá negociar con un Congreso en el que incluso partidos cercanos a su agenda han mostrado capacidad para actuar con independencia.
La elección de Honorio Henríquez deja así una de las primeras imágenes políticas del nuevo periodo legislativo: un Centro Democrático que logró preservar uno de los principales cargos del Congreso, un Pacto Histórico que actuó como fuerza decisiva en la votación y un gobierno entrante que sufrió su primer revés parlamentario antes incluso de asumir formalmente el poder. Más allá del nombre del nuevo presidente del Senado, el resultado anticipa un cuatrienio en el que las alianzas podrían ser más cambiantes y menos previsibles que en legislaturas anteriores.






