María Fernanda Cabal formaliza su salida del Centro Democrático y prepara un nuevo partido de derecha

El proyecto de Cabal intentaría ocupar un espacio diferente: una derecha más claramente ideológica y conservadora, con énfasis en seguridad, defensa de la propiedad privada, autoridad y oposición a la izquierda. Su principal ventaja sería el reconocimiento nacional de Cabal y la existencia de una base electoral que ya ha demostrado respaldarla; su principal desafío sería transformar ese respaldo personal en una estructura partidista con presencia territorial - Foto: Archivo/Ronald Cano

El proyecto de Cabal intentaría ocupar un espacio diferente: una derecha más claramente ideológica y conservadora, con énfasis en seguridad, defensa de la propiedad privada, autoridad y oposición a la izquierda. Su principal ventaja sería el reconocimiento nacional de Cabal y la existencia de una base electoral que ya ha demostrado respaldarla; su principal desafío sería transformar ese respaldo personal en una estructura partidista con presencia territorial - Foto: Archivo/Ronald Cano

La senadora María Fernanda Cabal formalizó el 8 de agosto de 2026 su solicitud de escisión del Centro Democrático, con lo que dio un nuevo paso hacia la creación de una organización política propia. La decisión marca el punto culminante de una ruptura que comenzó meses atrás y que podría modificar el mapa de la derecha colombiana de cara a las elecciones regionales de 2027.

El primer gran capítulo de la crisis ocurrió a comienzos de 2026, cuando Cabal y su esposo, José Félix Lafaurie, cuestionaron el proceso interno mediante el cual el Centro Democrático escogió a Paloma Valencia como candidata presidencial. Ambos sostuvieron que existieron irregularidades en el mecanismo utilizado para definir la candidatura y plantearon la posibilidad de abandonar la colectividad mediante una escisión.

La disputa no fue solamente por una candidatura. Cabal venía expresando diferencias con la orientación que había tomado el Centro Democrático y defendiendo una posición más dura en asuntos como seguridad, orden público y oposición a la izquierda. La elección de Valencia terminó convirtiéndose en el detonante de un desacuerdo que llevaba tiempo acumulándose dentro del partido.

En enero, Cabal y Lafaurie comunicaron formalmente a la dirección del Centro Democrático que no querían continuar en la colectividad y plantearon la escisión como mecanismo para separarse. La figura era distinta de una simple renuncia individual, pues buscaba permitir la construcción de una nueva organización política alrededor de quienes compartían sus posiciones.

La reacción dentro del Centro Democrático fue de rechazo a la ruptura. Sectores de la colectividad defendieron la legitimidad del proceso que había escogido a Paloma Valencia y esperaban que las distintas corrientes del partido terminaran respaldando la candidatura presidencial. La posibilidad de que Cabal construyera una fuerza independiente comenzó, desde entonces, a ser vista como una amenaza para la unidad electoral de la derecha.

Durante los meses siguientes, sin embargo, la salida no se concretó inmediatamente. El calendario electoral y las disputas internas mantuvieron el asunto en suspenso, mientras Cabal continuaba defendiendo la necesidad de preservar una identidad política diferenciada. La discusión dejó de ser únicamente sobre quién debía representar al Centro Democrático y pasó a centrarse en qué debía significar la derecha colombiana después del uribismo tradicional.

El escenario político cambió radicalmente con las elecciones presidenciales de 2026. Abelardo de la Espriella llegó a la Presidencia y su movimiento, Defensores de la Patria, consiguió posteriormente reconocimiento como partido político por parte del Consejo Nacional Electoral. Esto creó un nuevo actor dentro del espectro de la derecha, diferente tanto del Centro Democrático como del proyecto que ahora impulsa Cabal.

En ese contexto, Cabal retomó formalmente el proyecto de escisión. El 8 de agosto confirmó que había presentado la solicitud para separarse del Centro Democrático, argumentando que la colectividad se había alejado de las ideas que le dieron origen. Para la dirigente, el problema dejó de ser una diferencia personal o electoral y pasó a ser una discusión sobre la identidad misma del partido.

La nueva organización todavía no tiene un nombre definitivo. En una reciente entrevista con la periodista Claudia Palacios, Cabal explicó que el nombre está siendo definido mediante encuestas entre los integrantes del proyecto. Entre las alternativas sometidas a consideración, “Democracia y Libertad” es actualmente la que tendría mayor respaldo, aunque todavía no se presenta como una denominación definitiva.

La eventual creación de este partido abriría una nueva competencia por el electorado de derecha. El Centro Democrático conservaría su estructura, su identidad uribista y una organización territorial construida durante más de una década, mientras Defensores de la Patria tendría como principal activo el haber llegado al poder nacional de la mano de De la Espriella.

El proyecto de Cabal intentaría ocupar un espacio diferente: una derecha más claramente ideológica y conservadora, con énfasis en seguridad, defensa de la propiedad privada, autoridad y oposición a la izquierda. Su principal ventaja sería el reconocimiento nacional de Cabal y la existencia de una base electoral que ya ha demostrado respaldarla; su principal desafío sería transformar ese respaldo personal en una estructura partidista con presencia territorial.

La competencia será especialmente relevante en las elecciones regionales de 2027. Alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas serán el primer gran escenario en el que estas fuerzas podrán medir cuánto de su electorado es realmente transferible a una organización distinta. La dispersión de candidaturas de derecha podría permitir que sectores minoritarios ganen influencia en determinadas regiones, pero también podría dividir el voto y facilitar triunfos de candidatos de otros sectores políticos.

El Centro Democrático tendrá que decidir entonces cómo diferenciarse de dos competidores que pueden disputarle votantes. Si Cabal logra atraer al electorado más ideologizado del uribismo y Defensores de la Patria consolida la popularidad de De la Espriella desde el Gobierno, el partido fundado por Álvaro Uribe podría perder parte del espacio que históricamente ocupó como principal referente de la derecha colombiana.

Para Defensores de la Patria, la aparición de un partido de Cabal también representa una dificultad. Aunque cuenta con el enorme activo político de tener al presidente de la República como principal figura, una parte de su electorado podría coincidir con el segmento conservador y de derecha que Cabal pretende organizar. La competencia podría ser especialmente intensa en territorios donde el uribismo ya tiene estructuras consolidadas.

Sin embargo, la fragmentación no necesariamente significaría una derrota automática para la derecha. Tres partidos pueden competir por separado en 2027 y posteriormente establecer alianzas, coaliciones o acuerdos para determinadas alcaldías y gobernaciones. La posibilidad de negociar candidaturas conjuntas podría permitirles mantener la diversidad ideológica sin convertir la división en una pérdida electoral irreversible.

El verdadero desafío para Cabal será demostrar que su ruptura puede convertirse en una fuerza política sostenible y no solamente en una disidencia del Centro Democrático. Si logra obtener personería, consolidar el nombre de “Democracia y Libertad” o la denominación que finalmente elijan sus integrantes, organizar cuadros regionales y presentar candidaturas competitivas, habrá conseguido transformar una disputa interna del uribismo en un nuevo partido de derecha.

La solicitud formal del 8 de agosto abre, por tanto, una nueva etapa. Lo que comenzó como una confrontación por la candidatura presidencial del Centro Democrático puede terminar convirtiéndose en una reconfiguración de la derecha colombiana. Con el Centro Democrático, Defensores de la Patria y el eventual partido de Cabal disputándose espacios similares, las elecciones regionales de 2027 serán la primera prueba para determinar si esta fragmentación debilita al sector o, por el contrario, permite que distintas corrientes de la derecha amplíen su presencia territorial.

Etiquetado: