Salir del Grupo de La Haya: el giro diplomático que alejaría a Colombia de la presión internacional sobre Israel

El Grupo de La Haya surgió como una iniciativa de varios Estados para coordinar respuestas frente a la guerra en Gaza y promover el cumplimiento de las obligaciones derivadas del derecho internacional. Colombia se vinculó a ese espacio dentro de una política exterior que buscaba asumir una posición activa frente a las acciones de Israel en los territorios palestinos - Foto: Grupo de La Haya

El Grupo de La Haya surgió como una iniciativa de varios Estados para coordinar respuestas frente a la guerra en Gaza y promover el cumplimiento de las obligaciones derivadas del derecho internacional. Colombia se vinculó a ese espacio dentro de una política exterior que buscaba asumir una posición activa frente a las acciones de Israel en los territorios palestinos - Foto: Grupo de La Haya

La eventual decisión de Colombia de retirarse del Grupo de La Haya representaría uno de los cambios más significativos en la política exterior del Gobierno de Abelardo de la Espriella. Más que abandonar una instancia específica de coordinación internacional, la medida consolidaría un giro frente a la estrategia diplomática que Colombia había adoptado durante la administración de Gustavo Petro.

El Grupo de La Haya surgió como una iniciativa de varios Estados para coordinar respuestas frente a la guerra en Gaza y promover el cumplimiento de las obligaciones derivadas del derecho internacional. Colombia se vinculó a ese espacio dentro de una política exterior que buscaba asumir una posición activa frente a las acciones de Israel en los territorios palestinos.

Un eventual retiro tendría, por tanto, una primera consecuencia política: Colombia dejaría de participar en un mecanismo que buscaba coordinar medidas diplomáticas y políticas de presión sobre Israel. La decisión no modificaría por sí sola la situación del conflicto, pero sí transformaría la posición del país dentro del debate internacional.

El cambio sería coherente con varias decisiones adoptadas en las primeras semanas del nuevo Gobierno. La administración De la Espriella ha buscado reconstruir y fortalecer las relaciones con Israel y ha impulsado una política exterior más cercana a Estados Unidos.

Uno de los hechos que ilustra ese giro fue el reconocimiento colombiano de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, un territorio cuya situación continúa siendo objeto de controversia en el derecho internacional. La decisión marcó un cambio frente a la posición que Colombia había mantenido durante gobiernos anteriores.

La salida del Grupo de La Haya reforzaría así la percepción de una nueva alianza diplomática. Colombia pasaría de participar en espacios internacionales críticos de las actuaciones israelíes a privilegiar una relación política, económica y de seguridad más estrecha con Jerusalén.

Esa transformación también tendría consecuencias en la relación con los países árabes. El reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán ya generó cuestionamientos y reacciones en sectores diplomáticos de la región, y una nueva decisión favorable al acercamiento con Israel podría profundizar esas tensiones.

La relación con Palestina también podría verse afectada. El Gobierno anterior convirtió el respaldo a la causa palestina en uno de los componentes más visibles de su política exterior, mientras que la nueva administración parece dispuesta a reducir el protagonismo de Colombia en las iniciativas internacionales relacionadas con la presión sobre Israel.

La medida podría tener efectos sobre la posición de Colombia dentro del llamado Sur Global. Durante el Gobierno Petro, el país buscó fortalecer alianzas con Estados africanos, árabes y latinoamericanos alrededor de debates sobre Palestina, cambio climático y reformas al sistema internacional.

Al abandonar el Grupo de La Haya, Colombia perdería uno de los espacios desde los cuales intentó construir ese liderazgo. Para algunos sectores, esto significaría renunciar a una oportunidad de protagonismo diplomático; para el nuevo Gobierno, en cambio, podría representar la posibilidad de concentrar su política exterior en alianzas que considera estratégicas.

Otra consecuencia sería el debate sobre la autonomía diplomática. El Ejecutivo podría defender que el retiro permite revisar compromisos políticos asumidos por la administración anterior y recuperar una política exterior definida por los intereses del nuevo Gobierno.

Sin embargo, los críticos probablemente interpretarán el giro de otra manera. Para ellos, la salida del Grupo de La Haya, sumada al reconocimiento de los Altos del Golán y al acercamiento con Estados Unidos, podría reflejar un alineamiento político e ideológico con Washington y con el Gobierno israelí.

El cambio también pondría a prueba la continuidad de la política exterior colombiana. Los frecuentes cambios de posición entre gobiernos pueden ser interpretados como una expresión normal de las diferencias entre administraciones, pero también pueden generar interrogantes entre socios internacionales sobre la estabilidad de los compromisos de Colombia.

En términos prácticos, retirarse del Grupo de La Haya no implicaría que Colombia quedara automáticamente al margen del derecho internacional ni modificaría las obligaciones internacionales que el país mantiene en otros escenarios. La decisión tendría principalmente un alcance político y diplomático, aunque podría cambiar la forma en que Colombia participa en debates y acciones colectivas relacionadas con el conflicto en Gaza.

El mayor efecto, entonces, sería simbólico y estratégico. Colombia dejaría atrás una diplomacia que buscó convertir al país en una voz activa de presión internacional frente a Israel y avanzaría hacia una política exterior más centrada en la relación con Estados Unidos e Israel.

La eventual salida del Grupo de La Haya terminaría por confirmar que el cambio de Gobierno no solo ha significado una modificación en las prioridades internas. También estaría redefiniendo el lugar que Colombia busca ocupar en el mundo: menos identificada con el activismo del Sur Global y las coaliciones críticas de Israel, y más alineada con las prioridades estratégicas de Washington y Jerusalén.

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