Desde que asumió el poder, el presidente Abelardo De la Espriella ha convertido la entrega de obras en uno de los principales escenarios para mostrar resultados de su Gobierno. Carreteras, aeropuertos y escenarios deportivos aparecen en sus recorridos territoriales como evidencia de que, según su discurso, su administración está pasando de las palabras a los hechos.
El problema aparece cuando se revisa la historia contractual de algunas de esas obras. Varias de las que De la Espriella ha inaugurado desde el 7 de agosto de 2026 no comenzaron con su Gobierno: habían sido contratadas, financiadas o estaban en ejecución durante la administración de Gustavo Petro.
El caso más evidente es la conexión vial Varsovia–El Delirio, en Sucre. El 2 de octubre, De la Espriella puso en servicio los 3,2 kilómetros finales de esta carretera, con una inversión superior a $10.200 millones. En su discurso sostuvo que las obras de su Gobierno se terminan, se entregan y se ponen al servicio de la gente.
Sin embargo, el proceso contractual comenzó mucho antes de su llegada a la Casa de Nariño. La Gobernación de Sucre publicó en septiembre de 2024 la licitación LP-005-2024 para el mejoramiento en pavimento asfáltico de la vía, con un valor de $10.199 millones. El proceso quedó registrado en SECOP II y fue adjudicado durante el Gobierno Petro.
La diferencia no es solamente administrativa. En mayo de 2026, tres meses antes del cambio de Gobierno, la obra ya tenía un 92 % de ejecución, según información suministrada por la Gobernación de Sucre a El Meridiano. El medio encontró entonces un tramo pendiente de aproximadamente un kilómetro y dos de los 16 box culvert todavía en construcción.
Eso significa que cuando De la Espriella llegó a la Presidencia, la carretera estaba en su fase final. La administración que la inauguró fue la suya, pero la contratación y la mayor parte de la ejecución habían ocurrido durante el periodo anterior. La distancia entre ambos hechos es precisamente lo que permite diferenciar inaugurar una obra de haberla iniciado.
Un segundo caso es la vía de acceso al corregimiento de Ballestas, en Turbaná, Bolívar. El 18 de septiembre, De la Espriella participó en la entrega de los 2,34 kilómetros de pavimento rígido que conectan a la comunidad con la variante de Turbana. La inversión reportada fue de $11.513 millones provenientes de regalías.
Pero tampoco se trataba de una obra que comenzara con el nuevo Gobierno. En enero de 2026, todavía durante Petro, el alcalde de Turbaná reportaba que la vía entre la variante y Ballestas tenía 40 % de avance. El proyecto ya estaba, por tanto, en construcción meses antes de que De la Espriella asumiera.
En este caso la información disponible no permite afirmar todavía qué porcentaje exacto estaba ejecutado el 7 de agosto. Esa precisión requiere revisar las actas de obra, pagos e informes de interventoría. Pero sí permite establecer que el proyecto había sido contratado y se encontraba físicamente avanzado durante el Gobierno Petro.
El tercer caso es el estadio Luis Nieto Correa, en Montería. De la Espriella inauguró el escenario el 3 de octubre y destacó sus 10.000 metros cuadrados, el campo deportivo, las graderías, la caja de bateo, el gimnasio y otras instalaciones.
La primera piedra, sin embargo, fue puesta el 12 de julio de 2025, casi exactamente un año antes de la llegada de De la Espriella a la Presidencia. En aquel momento, la Gobernación de Córdoba informó que el proyecto tenía una inversión de $6.576 millones y que la construcción comenzaba oficialmente.
Aquí aparece además una pregunta que merece una revisión contractual más profunda. En la inauguración de octubre, Presidencia habló de una inversión superior a $8.600 millones, mientras que el proyecto había sido anunciado inicialmente por $6.576 millones. La diferencia supera los $2.000 millones y debe explicarse mediante las modificaciones, adiciones y contratos asociados antes de atribuirla a una causa concreta.
El cuarto caso es el aeropuerto José Celestino Mutis de Bahía Solano. La nueva terminal de pasajeros fue entregada el 25 de septiembre con una inversión reportada de $31.195 millones provenientes del Sistema General de Regalías.
La obra, sin embargo, tampoco nació con De la Espriella. La terminal corresponde a un proyecto que venía desarrollándose desde años anteriores y cuya construcción comenzó durante el Gobierno Petro. Además, la inauguración de la terminal no significó que todo el proyecto aeroportuario estuviera terminado: todavía quedaban pendientes obras del lado aire, incluida la intervención de la pista y otros componentes.
La propia documentación posterior muestra esa diferencia. Mientras la Gobernación del Chocó había terminado el denominado lado tierra, el Gobierno nacional de De la Espriella anunció que buscaría acelerar las obras pendientes del lado aire. Por eso, presentar la inauguración de septiembre como la terminación integral de la modernización del aeropuerto sería una simplificación.
El quinto caso es Los Garzones, en Montería, y posiblemente uno de los más reveladores porque existen documentos del propio Gobierno Petro que permiten reconstruir la cronología. La internacionalización del aeropuerto no apareció como iniciativa nueva después del 7 de agosto.
En julio de 2025, el Ministerio de Transporte informó que Los Garzones ya había sido modernizado con una inversión de $130.000 millones y que el Gobierno Petro avanzaba en la siguiente etapa: su internacionalización. El proyecto contemplaba adecuar la infraestructura existente para separar los flujos nacionales e internacionales y habilitar los controles de Migración, DIAN y otras autoridades.
La ANI fue todavía más específica. En noviembre de 2025 informó que estaba ejecutando, a través de la concesión Airplan, la fase 1 del proyecto de internacionalización de Los Garzones, con una inversión de $4.103 millones. Esa fase comprendía precisamente las adecuaciones necesarias para separar pasajeros y permitir la operación de las autoridades de control.
El informe de gestión de la ANI correspondiente a 2025 registra además que la fase I de internacionalización de Los Garzones se ejecutó durante ese año y que el proceso de internacionalización ya había entrado en una etapa decisiva.
La dimensión política del caso es todavía más clara al mirar las fechas. En noviembre de 2025 Migración Colombia creó oficialmente el puesto de control migratorio de Los Garzones, como resultado de un trabajo conjunto entre la Nación, la ANI, Aerocivil, la Gobernación de Córdoba y autoridades locales. En ese momento, el aeropuerto ya estaba encaminado a convertirse en terminal internacional.
Por eso, cuando De la Espriella presentó posteriormente la operación internacional de Los Garzones como uno de los resultados de su administración, no estaba inaugurando un proyecto concebido y ejecutado desde cero por su Gobierno. Su administración culminó y puso en escena un proceso institucional y de infraestructura que llevaba al menos un año avanzando.
Hay, sin embargo, una diferencia importante entre estos cinco casos. No todos pueden describirse como obras “100 % hechas por Petro”. En Varsovia–El Delirio, la contratación y buena parte de la ejecución ya estaban adelantadas; en Ballestas había un avance documentado del 40 % en enero; en el estadio de Montería la primera piedra fue puesta en 2025; en Bahía Solano la terminal venía de una ejecución anterior; y en Los Garzones la modernización y la internacionalización ya estaban en marcha durante Petro.
Tampoco significa que el Gobierno De la Espriella no haya realizado ninguna labor en estas infraestructuras. En varios casos tuvo que asumir la última etapa de ejecución, resolver pendientes, coordinar entidades, poner las obras en servicio o realizar actos de inauguración. La cuestión es distinta: el acto de entregar una obra no determina quién la contrató ni quién financió y ejecutó la mayor parte de su construcción.
La diferencia resulta especialmente importante porque el discurso presidencial ha presentado las obras como parte de una ruptura con la administración anterior. En septiembre, De la Espriella sostuvo que había recibido un país sin suficiente inversión pública y cuestionó que el endeudamiento del Gobierno Petro hubiera dejado pocas obras como resultado.
En sus actos territoriales, además, el Presidente ha utilizado las inauguraciones para reforzar la idea de que su administración representa una nueva etapa. En Sucre, por ejemplo, dijo que las obras de su Gobierno se terminan y se entregan “a tiempo” y vinculó la infraestructura con su proyecto político de la llamada Patria Milagro.
El contraste no implica que las obras deban atribuirse exclusivamente a Petro. Las carreteras fueron en varios casos proyectos departamentales financiados con regalías; el estadio fue impulsado por la Gobernación de Córdoba; y Bahía Solano tuvo una participación determinante de la administración departamental. Lo que sí permiten establecer los documentos es que el cambio de presidente no coincidió con el comienzo de estos proyectos.
La discusión, entonces, no debería ser quién aparece en la fotografía cortando la cinta, sino qué Gobierno contrató la obra, cuánto había avanzado al 7 de agosto de 2026, cuánto dinero se había ejecutado y cuánto faltaba para ponerla en funcionamiento. Esa es la diferencia entre una inauguración y una atribución de autoría.
Los cinco casos ofrecen un punto de partida para hacer precisamente esa medición. En Varsovia–El Delirio existe un dato especialmente contundente: 92 % de avance físico en mayo, frente a una inauguración presidencial en octubre. En Los Garzones, la propia ANI documentó inversiones y trabajos de internacionalización durante 2025. En Ballestas, la autoridad municipal reportaba 40 % de avance en enero. Y en Montería, la primera piedra del estadio fue puesta un año antes de su inauguración.
La fotografía de las cintas cortadas, las placas descubiertas y los discursos de inauguración muestra a un Gobierno entregando resultados, pero los contratos cuentan una historia más larga. En estos casos, buena parte de las decisiones, recursos y obras ya estaban en marcha antes del 7 de agosto. La pregunta que queda no es quién inauguró las obras, sino cuánto de ellas recibió De la Espriella ya financiado, contratado y casi terminado, y cuánto de los recursos y del trabajo necesarios para culminarlas corresponde realmente a su administración.






