Jaime Gilinski, presidente del Grupo Gilinski, apareció este viernes junto a Delcy Rodríguez durante el acto en Caracas en el que Venezuela formalizó con GeoPark un acuerdo para desarrollar el bloque petrolero Bare durante 25 años. El encuentro puso en primer plano la incursión de uno de los principales conglomerados empresariales colombianos en la nueva etapa de apertura del sector energético venezolano.
La reunión tuvo lugar después de que PDVSA y GeoPark suscribieran el contrato mediante el cual la compañía colombiana participará en el desarrollo del campo ubicado en la Faja Petrolífera del Orinoco, una de las principales regiones productoras de hidrocarburos de Venezuela.
El acuerdo tiene una duración de 25 años y contempla la recuperación y redesarrollo de un activo de crudo pesado que ya cuenta con infraestructura y antecedentes de producción. GeoPark plantea incrementar la inversión, rehabilitar instalaciones y acelerar la producción del bloque.
La presencia de Gilinski no fue circunstancial desde el punto de vista empresarial. GeoPark señaló en la información presentada ante las autoridades estadounidenses que la oportunidad de Bare fue liderada por el Grupo Gilinski y que su presencia estratégica en Venezuela fue fundamental para asegurar el marco contractual con PDVSA.
La operación también representa un cambio relevante para GeoPark. La compañía, que cotiza en la Bolsa de Nueva York, anunció que el Grupo Gilinski se convertirá en su accionista controlador como consecuencia de la estructura acordada para la operación venezolana.
Según GeoPark, la estructura contempla que el grupo adquiera indirectamente el control de la petrolera mediante una operación en la que recibirá acciones de GeoPark. El acuerdo fue diseñado, según la empresa, para preservar la liquidez y la fortaleza financiera de la compañía mientras avanza el proyecto Bare.
Bajo el Contrato de Participación Productiva, GeoPark será el operador y tendrá una participación económica neta del 65 %. La compañía también asumirá el 100 % de las inversiones de capital contempladas en los programas de trabajo aprobados.
El acuerdo concede además a GeoPark derechos para comercializar directamente los hidrocarburos, acceder a infraestructura considerada crítica y contar con mecanismos contractuales para enfrentar eventuales interrupciones operativas y cambios en las condiciones económicas.
La entrada a Venezuela no se produce en un vacío político. Ocurre mientras el Gobierno de Delcy Rodríguez impulsa una reapertura del sector petrolero a capital privado e internacional, después de años de deterioro de la producción y de restricciones derivadas de las sanciones estadounidenses.
En los últimos días, varias compañías internacionales han avanzado en acuerdos con Venezuela. Reuters reportó que empresas como Chevron, Eni, ONGC, GE Vernova y GeoPark estaban negociando proyectos con Caracas dentro de la transformación del marco petrolero venezolano.
La nueva etapa energética también está vinculada con el acercamiento entre Washington y Caracas. Estados Unidos y Venezuela alcanzaron un acuerdo para desarrollar un conjunto de campos petroleros, mientras empresas internacionales buscan aprovechar las nuevas condiciones para invertir en el país.
En ese contexto, la operación de GeoPark coloca a un grupo empresarial colombiano dentro de una transformación de enorme importancia para la economía venezolana. Gilinski no entra solamente a un campo petrolero individual: lo hace cuando Caracas intenta reconstruir su industria mediante inversión, tecnología y capital privado.
Para Gilinski, además, la operación amplía la dimensión regional de su apuesta energética. El Grupo adquirió una participación estratégica en GeoPark en 2026 y, con la operación venezolana, pasa a tener una posición de control sobre una compañía que mantiene actividades en otros mercados latinoamericanos.
La transacción tiene también una dimensión financiera. GeoPark informó que dispone de aproximadamente 700 millones de dólares de liquidez y fuentes de financiación comprometidas o negociadas, incluidos unos 310 millones de dólares en efectivo, recursos que servirán para respaldar el desarrollo progresivo del proyecto Bare junto con sus actividades en Colombia y Vaca Muerta.
Gilinski presentó la operación como una apuesta de largo plazo por Venezuela y por la capacidad técnica de GeoPark para desarrollar el campo de manera responsable. Durante el acto de firma destacó la expectativa de trabajar junto a PDVSA y convirtió el acuerdo en una señal pública de confianza en el futuro del país.
Rodríguez, por su parte, aprovechó el encuentro para enviar un mensaje a los empresarios colombianos. La mandataria destacó las oportunidades que, según su Gobierno, se están abriendo con la recuperación de la industria petrolera venezolana y llamó a los empresarios del país vecino a invertir.
La escena adquiere relevancia para Colombia porque el negocio se produce entre un conglomerado empresarial colombiano y el Gobierno venezolano, en un momento en que Bogotá y Caracas atraviesan una nueva etapa de relaciones políticas, comerciales y energéticas.
Sin embargo, hasta ahora no existe evidencia pública suficiente para afirmar que el presidente colombiano Abelardo de la Espriella haya intervenido en la negociación entre Gilinski, GeoPark, PDVSA y Rodríguez. La coincidencia entre la política energética del nuevo Gobierno colombiano y la expansión venezolana del grupo empresarial no permite establecer por sí sola una intermediación política.
Tampoco corresponde afirmar que el negocio sea una consecuencia directa de la política estadounidense. Lo que sí puede establecerse es que el acuerdo de GeoPark forma parte de una ola de inversiones y contratos que se produce después del cambio político venezolano y de la nueva relación energética entre Caracas y Washington.
La reunión entre Jaime Gilinski y Delcy Rodríguez, por tanto, simboliza algo más amplio que una fotografía empresarial: muestra la llegada de capital colombiano a uno de los primeros grandes negocios petroleros de la Venezuela reconfigurada. El desarrollo de Bare, la transformación de GeoPark en una compañía controlada por Gilinski y la apertura venezolana al capital internacional convierten esta operación en un asunto que seguirá teniendo implicaciones económicas y geopolíticas para la región.






