Rubio en Barranquilla: Colombia ante el nuevo tablero geopolítico de Estados Unidos en el hemisferio

En Barranquilla, Rubio se reunirá en la tarde con De La Espriella. También participará en la firma de acuerdos sobre energía nuclear civil y minerales críticos y, tendrá un encuentro con empleados de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, según la agenda suministrada por el Gobierno colombiano - Foto: The White House

En Barranquilla, Rubio se reunirá en la tarde con De La Espriella. También participará en la firma de acuerdos sobre energía nuclear civil y minerales críticos y, tendrá un encuentro con empleados de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, según la agenda suministrada por el Gobierno colombiano - Foto: The White House

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llegará este martes 8 de septiembre a Barranquilla para reunirse con el presidente Abelardo De La Espriella, en el primer encuentro de alto nivel entre Washington y el nuevo Gobierno colombiano. La visita hace parte de una gira regional que llevará al funcionario también a Ecuador y Perú entre el 8 y el 10 de septiembre.

La agenda oficial divulgada por Estados Unidos presenta el viaje como un esfuerzo para fortalecer asociaciones consideradas estratégicas en la región. Washington ubica entre sus prioridades el apoyo a Colombia tras el terremoto, la lucha conjunta contra el narcoterrorismo y una mayor profundización de las relaciones comerciales.

El Departamento de Estado utiliza una expresión que ayuda a entender la visión de Washington: el narcoterrorismo, afirma, amenaza a “our hemisphere”, es decir, al hemisferio occidental. La fórmula no se limita a una relación bilateral y coloca la seguridad colombiana dentro de una concepción regional de los intereses estadounidenses.

En Barranquilla, Rubio se reunirá en la tarde con De La Espriella. También participará en la firma de acuerdos sobre energía nuclear civil y minerales críticos y, tendrá un encuentro con empleados de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, según la agenda suministrada por el Gobierno colombiano.

La presencia de los minerales críticos en la agenda introduce una dimensión geoeconómica que va más allá del comercio tradicional. Estos recursos son estratégicos para industrias tecnológicas, energéticas y de defensa y se han convertido en uno de los escenarios de competencia entre Estados Unidos y China.

Esa competencia ocurre mientras Washington enfrenta dificultades para garantizar el suministro de algunas materias primas esenciales. Empresas chinas han restringido recientemente algunos envíos de tierras raras hacia Estados Unidos en medio de las tensiones geopolíticas, lo que ha vuelto a poner en primer plano la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro.

En ese contexto, un acuerdo con Colombia sobre minerales críticos puede ser leído como una oportunidad para diversificar proveedores y atraer inversión estadounidense. Sin embargo, sería prematuro concluir que el Gobierno colombiano está convirtiendo esos recursos en un instrumento explícito de confrontación con Pekín.

La otra pieza estratégica de la agenda es la energía nuclear civil. La firma prevista abre la puerta a cooperación en un sector que puede involucrar investigación, regulación, formación, seguridad y tecnología, aunque el anuncio por sí mismo no significa que Colombia vaya a construir centrales nucleares.

Para De La Espriella, la visita representa además una oportunidad para consolidar la nueva orientación de la política exterior colombiana. La Cancillería presenta el encuentro como el comienzo de una nueva etapa de diálogo, coordinación y cooperación con Estados Unidos, con énfasis en seguridad, comercio y cooperación regional.

La dimensión económica será especialmente relevante. Colombia busca profundizar el comercio, atraer inversión y abrir nuevos mercados, mientras Washington y Bogotá tienen pendientes asuntos relacionados con las condiciones comerciales y los aranceles aplicados a productos colombianos.

El Gobierno colombiano también llega a la reunión con una necesidad concreta: conseguir respaldo internacional para la recuperación después del terremoto del 10 de agosto. La asistencia estadounidense figura expresamente entre los asuntos señalados por el Departamento de Estado para la visita.

Pero detrás de esa agenda bilateral aparece una cuestión regional más amplia: Venezuela. Colombia comparte con ese país una extensa frontera y sus problemas de seguridad, migración, narcotráfico y comercio tienen efectos directos sobre territorio colombiano.

La situación venezolana tiene además una dimensión completamente distinta a la que existía meses atrás. Estados Unidos ha asumido un papel central en el nuevo escenario venezolano después de la captura de Nicolás Maduro en enero y el establecimiento de un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, según reportes internacionales.

Washington también está impulsando acuerdos para recuperar la producción petrolera venezolana. El Gobierno estadounidense ha respaldado inversiones de empresas internacionales y acuerdos sobre campos petroleros, dentro de una estrategia que busca reactivar la industria energética del país.

Ese nuevo escenario convierte a Colombia en un país particularmente sensible para la estrategia estadounidense. La frontera, las rutas del narcotráfico, los flujos migratorios y la conexión entre el Caribe, los Andes y el Pacífico hacen que cualquier cambio en Venezuela tenga consecuencias potenciales para Colombia.

Aunque la declaración oficial estadounidense sobre la gira no menciona expresamente a Venezuela, medios colombianos han identificado la situación venezolana y la seguridad fronteriza como asuntos que probablemente estarán presentes en el intercambio entre Rubio y De La Espriella.

La expresión “our hemisphere” adquiere allí un significado político. Washington está planteando el combate contra el narcoterrorismo como una responsabilidad compartida de los países del hemisferio occidental y no exclusivamente como una operación de seguridad dentro de las fronteras estadounidenses o colombianas.

Para Colombia, aceptar ese marco puede significar un aumento de la cooperación en inteligencia, capacidades militares, control fronterizo y lucha contra organizaciones criminales. Al mismo tiempo, puede aumentar las expectativas estadounidenses sobre las decisiones de Bogotá frente a Venezuela y otros asuntos regionales.

El otro gran componente geopolítico es China. Durante los últimos años, Colombia amplió sus vínculos con Pekín y el Gobierno anterior avanzó en la incorporación del país a la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda. Ahora existen reportes según los cuales la nueva administración estaría dispuesta a revertir ese acercamiento.

Esa versión, sin embargo, requiere una precisión periodística: la supuesta salida de Colombia de la Nueva Ruta de la Seda ha sido atribuida a declaraciones del embajador estadounidense, pero la Cancillería colombiana no había hecho, al momento de estas publicaciones, un anuncio oficial que confirmara el retiro.

Si esa decisión llegara a confirmarse, tendría un peso mayor que el de un cambio comercial puntual. Significaría que Colombia estaría revisando su posición frente a uno de los principales instrumentos de expansión económica y de infraestructura de China en el mundo.

El asunto cobra todavía más relevancia porque la agenda con Rubio incorpora minerales críticos y energía. Son precisamente sectores en los que Estados Unidos y China compiten por asegurar tecnología, inversiones y cadenas de suministro. Por eso, el contenido concreto de los acuerdos será más revelador que las declaraciones generales de amistad bilateral.

La pregunta estratégica para Bogotá será entonces si pretende mantener relaciones simultáneas con Washington y Pekín o si la nueva administración está optando por un alineamiento mucho más definido con Estados Unidos. La primera opción permitiría diversificar socios; la segunda podría profundizar la integración de Colombia en la estrategia estadounidense para el hemisferio.

La visita también debe leerse en el contexto político regional. Rubio llega a Colombia después de que Washington haya reforzado sus vínculos con gobiernos latinoamericanos que comparten prioridades de seguridad y una relación más estrecha con la administración de Donald Trump. La gira por Colombia, Ecuador y Perú forma parte de ese esfuerzo de consolidación de alianzas.

Por eso, el encuentro de Barranquilla puede terminar siendo importante no solo por los acuerdos que se firmen, sino por las decisiones que vengan después. Seguridad, Venezuela, comercio, minerales críticos, energía y China conforman un mismo tablero en el que Colombia tendrá que definir hasta dónde profundiza su asociación con Washington sin perder capacidad de maniobra frente a las demás potencias. La verdadera dimensión de la visita de Rubio estará en determinar si Barranquilla fue el escenario de una cooperación bilateral reforzada o el punto de partida de un nuevo alineamiento geopolítico colombiano.

Etiquetado: