Estados Unidos vuelve a salir del Consejo de Derechos Humanos de la ONU

La salida fue formalizada entre el 17 y el 18 de septiembre de 2026, después de que la administración de Donald Trump anunciara en 2025 que Estados Unidos no buscaría continuar participando en el organismo - Foto: X/@WhiteHouse

La salida fue formalizada entre el 17 y el 18 de septiembre de 2026, después de que la administración de Donald Trump anunciara en 2025 que Estados Unidos no buscaría continuar participando en el organismo - Foto: X/@WhiteHouse

Estados Unidos oficializó su salida del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en una decisión que vuelve a marcar un distanciamiento de Washington frente a uno de los principales organismos multilaterales dedicados a la protección de los derechos humanos.

La salida fue formalizada entre el 17 y el 18 de septiembre de 2026, después de que la administración de Donald Trump anunciara en 2025 que Estados Unidos no buscaría continuar participando en el organismo.

No se trata, sin embargo, de la primera ruptura de Washington con el Consejo. Durante el primer gobierno de Trump, Estados Unidos abandonó el organismo en 2018, en medio de fuertes críticas de la Casa Blanca contra su funcionamiento.

La decisión de 2018 fue revertida durante la administración de Joe Biden. En 2021, Estados Unidos volvió a incorporarse al Consejo, restableciendo su participación después de tres años de ausencia.

El nuevo retiro devuelve la política estadounidense hacia el Consejo a la posición adoptada durante el primer mandato de Trump. La diferencia es que esta vez la decisión se produce después de un nuevo periodo de participación que duró varios años.

La Casa Blanca y el Departamento de Estado justificaron la salida con críticas al funcionamiento del organismo. Según el Gobierno estadounidense, el Consejo mantiene una actuación que Washington considera sesgada frente a determinados países.

Entre los principales cuestionamientos aparece el tratamiento que recibe Israel. La administración Trump acusa al Consejo de mantener una postura particularmente crítica frente a ese país y de aplicar un criterio que considera desigual.

Washington también sostiene que el organismo es indulgente con gobiernos señalados por violaciones de los derechos humanos, mientras mantiene una actitud que considera hostil hacia Estados Unidos y sus aliados.

La expresión “hipocresía” ha sido utilizada nuevamente por la administración estadounidense para describir lo que considera una contradicción entre los objetivos declarados del Consejo y la manera en que este aborda las situaciones de derechos humanos en diferentes países.

Estas afirmaciones corresponden a la posición oficial del Gobierno estadounidense y constituyen la justificación política de la retirada. No deben confundirse con una conclusión independiente sobre el funcionamiento del Consejo.

El Consejo de Derechos Humanos es un órgano intergubernamental de Naciones Unidas encargado de promover y proteger los derechos humanos en todo el mundo. Su composición incluye representantes de distintos Estados miembros de la ONU.

La salida estadounidense tampoco equivale a un retiro de Naciones Unidas. Washington mantiene su condición de miembro de la ONU y continúa participando en otros organismos y mecanismos del sistema multilateral.

La distinción es relevante porque el anuncio podría interpretarse de manera más amplia de lo que realmente significa. La decisión afecta la participación estadounidense en el Consejo de Derechos Humanos, no la pertenencia de Estados Unidos a Naciones Unidas.

El nuevo retiro también pone de manifiesto la diferencia entre las políticas exteriores de Trump y Biden frente a los mecanismos multilaterales de derechos humanos. Mientras Trump ha optado por abandonar el organismo, Biden había decidido reincorporar a Estados Unidos.

La sucesión de decisiones también muestra cómo un cambio de administración puede modificar rápidamente la relación de Washington con instituciones internacionales. La participación estadounidense pasó de la salida en 2018 al regreso en 2021 y nuevamente al retiro en 2026.

Israel ocupa un lugar central en esta disputa. Las críticas estadounidenses al Consejo están vinculadas, entre otros asuntos, con el tratamiento de las actuaciones israelíes y con la percepción de Washington de que el país recibe un escrutinio desproporcionado.

La controversia también refleja una discusión más amplia sobre el papel que Estados Unidos debe desempeñar dentro de los organismos multilaterales. Para la administración Trump, la participación en el Consejo no compensa lo que considera fallas estructurales y sesgos del organismo.

Para Naciones Unidas, la salida significa que Estados Unidos deja de participar directamente en las deliberaciones del Consejo en calidad de miembro. Eso modifica la presencia estadounidense dentro de ese escenario específico, aunque no elimina su participación en el sistema de la ONU.

La decisión deja además abierta una pregunta sobre la duración de esta nueva política. La experiencia reciente demuestra que la posición estadounidense puede cambiar con el relevo presidencial: Trump retiró al país, Biden lo reincorporó y Trump volvió a sacarlo.

Así, la salida de septiembre de 2026 no solo constituye una nueva ruptura entre Washington y el Consejo de Derechos Humanos. También confirma la dificultad de mantener una política estadounidense estable frente a ese organismo y abre otro capítulo en la disputa sobre el papel de Estados Unidos en el sistema internacional de derechos humanos.

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