El ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, provocó una nueva ola de condenas internacionales después de defender públicamente que Israel mate entre 30 y 40 personas cada noche en Gaza. Sus declaraciones fueron realizadas en un pódcast junto al exrehén israelí Rom Braslavski y difundidas el domingo.
Ben Gvir cuestionó la reducción de los ataques israelíes en la Franja y sostuvo que deberían retomarse los asesinatos selectivos de manera sistemática. Según las versiones difundidas de la entrevista, planteó como objetivo nocturno eliminar entre 30 y 40 personas, aunque en algunos reportes aparece la cifra de hasta 50.
La controversia aumentó porque el ministro no condicionó sus declaraciones únicamente a personas que representaran una amenaza inmediata. De acuerdo con la transcripción difundida, defendió que también fueran eliminados individuos que, según su criterio, “no merecen vivir”.
Ben Gvir también volvió a defender la expansión de los asentamientos israelíes en Gaza y la salida de palestinos de la Franja. Durante la entrevista afirmó que considera todo Gaza como territorio israelí y expresó su deseo de que se produzca la mayor “emigración” posible de palestinos.
Las declaraciones tienen especial repercusión porque Ben Gvir no es un dirigente marginal, sino integrante del gabinete de seguridad del primer ministro Benjamin Netanyahu. Aunque no tiene mando directo sobre las Fuerzas de Defensa de Israel, participa en el ámbito político donde se definen decisiones estratégicas sobre la guerra.
Su posición, además, encaja con una trayectoria política marcada por posturas de extrema derecha y un largo historial de declaraciones contra los palestinos. Antes de llegar al Gobierno, Ben Gvir estuvo vinculado al movimiento del rabino Meir Kahane y fue condenado en Israel por delitos relacionados con incitación al racismo y apoyo a una organización considerada terrorista.
Su radicalización política se remonta a su juventud. Durante años defendió posiciones contrarias a las negociaciones de paz con los palestinos y llegó a expresar apoyo a Baruch Goldstein, el extremista judío que en 1994 asesinó a 29 palestinos que oraban en una mezquita de Hebrón. Ese pasado ha sido utilizado por sus críticos para advertir sobre el carácter de sus actuales discursos.
Desde su llegada al Gobierno israelí, Ben Gvir ha continuado impulsando medidas y declaraciones de línea dura. Ha defendido la pena de muerte para palestinos condenados por ataques contra israelíes y ha promovido políticas destinadas a aumentar la presión sobre los palestinos encarcelados.
También ha abogado repetidamente por la salida de los palestinos de Gaza y por el establecimiento de asentamientos israelíes en la Franja. Sus propuestas de una supuesta “emigración voluntaria” han sido cuestionadas por organizaciones y gobiernos que consideran que, bajo condiciones de guerra y desplazamiento, el carácter voluntario de una salida puede ser difícil de sostener.
Otro episodio que reforzó las críticas contra el ministro ocurrió en mayo de este año, cuando difundió imágenes en las que aparecía hostigando a activistas de una flotilla que intentaba llevar ayuda a Gaza mientras permanecían detenidos por Israel. El episodio provocó condenas internacionales y críticas incluso desde sectores de Estados Unidos.
En 2025, además, Eslovenia prohibió la entrada a Ben Gvir y al también ministro ultraderechista Bezalel Smotrich, en una decisión adoptada después de que los ministros de Exteriores de la Unión Europea no consiguieran acordar una respuesta conjunta a las posiciones de ambos políticos.
Las nuevas declaraciones se producen mientras Estados Unidos intenta impulsar un acuerdo para Gaza. Las negociaciones contemplan, entre otros elementos, el desarme de Hamás y una retirada israelí por fases, pero permanecen estancadas por las diferencias entre las partes. La influencia de ministros ultraderechistas como Ben Gvir constituye uno de los obstáculos políticos para cualquier reducción de las operaciones militares.
La reacción internacional ha sido especialmente crítica. Organizaciones defensoras de los derechos humanos han interpretado la propuesta de establecer una especie de cuota diaria de asesinatos como una expresión de una política orientada a eliminar y desplazar a la población palestina. También se ha advertido que las declaraciones podrían adquirir relevancia como evidencia en investigaciones internacionales sobre la conducta de Israel en Gaza.
Las declaraciones también han generado condenas en países árabes y musulmanes, donde Ben Gvir ya era objeto de fuertes críticas por sus actuaciones anteriores. En mayo, los ministros de Exteriores de ocho países, entre ellos Qatar, Arabia Saudita, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Turquía, condenaron conjuntamente sus actuaciones contra los participantes de la flotilla con destino a Gaza.
La polémica llega, finalmente, en un momento en que Israel enfrenta presión internacional para avanzar hacia una solución política al conflicto y reducir el impacto sobre la población civil de Gaza. Para sus críticos, las palabras de Ben Gvir representan la continuidad de una agenda que combina ataques militares, desplazamiento palestino y expansión territorial; para sus aliados de la derecha israelí, en cambio, reflejan una exigencia de mantener la máxima presión sobre Hamás.






