La decisión del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de cancelar el proyecto de fibra óptica para la Amazonía dejó en suspenso una de las principales apuestas recientes para reducir la brecha digital en esa región del país.
El proceso contractual contemplaba una inversión estimada de $1,14 billones y buscaba desplegar una infraestructura de alta capacidad para conectar territorios de Amazonas y Putumayo que todavía enfrentan importantes dificultades de acceso a internet.
El proyecto tenía como meta beneficiar aproximadamente a 100.000 hogares y 227.000 habitantes, mediante una red que permitiera mejorar de manera estructural las condiciones de conectividad en una región marcada por las grandes distancias y las dificultades geográficas.
La iniciativa también contemplaba el despliegue de cerca de 1.880 kilómetros de fibra óptica. De ese total, alrededor de 1.600 kilómetros estaban proyectados por el río Putumayo, otros 70 kilómetros por el Amazonas y unos 210 kilómetros mediante trazados terrestres.
El Gobierno anterior había avanzado en la estructuración del proyecto y el Conpes 4195, aprobado en mayo de 2026, había respaldado los recursos necesarios para su ejecución y operación durante varios años.
El cronograma que había divulgado el MinTIC contemplaba la adjudicación del proceso durante junio y el comienzo de la ejecución en julio de 2026. La cancelación, por tanto, se produjo cuando el proyecto debía estar entrando en su etapa de implementación.
La principal explicación conocida para la decisión está relacionada con riesgos técnicos identificados en el proyecto, particularmente alrededor del despliegue de la infraestructura por el río Putumayo. El Gobierno deberá determinar ahora si esos problemas pueden corregirse mediante una nueva estructuración o si es necesario diseñar una solución diferente.
La cancelación de la licitación no significa necesariamente que la Amazonía vaya a quedar sin alternativas de conectividad. El MinTIC tiene otros programas en marcha que utilizan distintas tecnologías y que pueden atender parcialmente las necesidades de determinados municipios y comunidades.
Uno de ellos es Conectividad para Cambiar Vidas, mediante el cual el Ministerio abrió una convocatoria para llevar internet fijo a 3.200 hogares de estratos 1 y 2 en Leticia. Sin embargo, este tipo de iniciativas tiene un alcance diferente al de la red regional de fibra óptica que acaba de ser cancelada.
El problema de fondo es que la Amazonía enfrenta condiciones que hacen particularmente difícil extender las redes tradicionales. Las grandes distancias, la selva, los ríos y las dificultades de acceso han obligado históricamente a combinar fibra, enlaces inalámbricos y soluciones satelitales.
Por eso, la cancelación abre una pregunta sobre el tiempo que tomará construir una nueva hoja de ruta. Si el Gobierno pretende mantener un proyecto de características similares, deberá revisar los estudios técnicos, definir el trazado, establecer la solución tecnológica, garantizar los recursos y adelantar nuevamente el proceso contractual.
No existe por ahora un cronograma oficial que permita establecer cuándo estaría lista una nueva licitación ni cuándo comenzarían las obras. Una nueva estructuración podría tomar varios meses, por lo que una implementación integral podría trasladarse a 2027, aunque se trata de una estimación y no de una fecha fijada por el Gobierno.
Mientras se define esa alternativa, las soluciones existentes pueden servir para mejorar la conectividad en determinados puntos, pero no necesariamente sustituyen una infraestructura regional de alta capacidad como la que planteaba el proyecto cancelado.
El debate también tendrá una dimensión política. El proyecto fue estructurado y financiado durante la administración anterior y ahora la nueva administración decidió poner fin al proceso. El Gobierno deberá explicar si la cancelación responde exclusivamente a problemas técnicos o si existe una decisión de modificar la estrategia de conectividad para la Amazonía.
La gran incógnita, finalmente, es cuándo tendrá la región una nueva solución de largo plazo. La cancelación no elimina la necesidad que originó el proyecto: miles de familias amazónicas siguen necesitando una infraestructura que permita acceder a educación, salud, servicios públicos, comercio y oportunidades económicas mediante una conexión estable y de calidad.






