Cuando demasiada tolerancia coloca en riesgo los derechos ganados

El proyecto SAVE Act, busca que las personas utilicen su registro civil para ejercer su derecho al voto. En el país del norte, las mujeres suelen utilizar el apellido de sus parejas para identificarse, por lo que aparecería una inconsistencia entre sus documentos actuales y su registro civil, justificando un bloqueo al acceso al voto - Foto: All Voting is Local

El proyecto SAVE Act, busca que las personas utilicen su registro civil para ejercer su derecho al voto. En el país del norte, las mujeres suelen utilizar el apellido de sus parejas para identificarse, por lo que aparecería una inconsistencia entre sus documentos actuales y su registro civil, justificando un bloqueo al acceso al voto - Foto: All Voting is Local

En 1945, pasada la Segunda Guerra Mundial; Karl Popper escribió la famosa paradoja de la tolerencia. Parafraseando un poco al austríaco, su postulado diría algo como: “Si una sociedad tolera sin límites incluso a quienes buscan eliminar la tolerancia, esos grupos intolerantes pueden aprovechar las libertades democráticas para llegar al poder y luego suprimir los derechos y libertades de los demás”.

Popper había visto con sus propios ojos, como el Segundo Reich se había convertido en el tercero, de la mano de la tolerancia que se tuvo con las ideas que abiertamente promulgaba Adolf Hitler tras la Primera Guerra Mundial. Lo escrito por Popper cala perfectamente en esta época; especialmente en países como Colombia, Estados Unidos y el mundo en general.

Comencemos por el norte. Recientemente, Erika Kirk, la viuda del activista de ultraderecha Charlie Kirk; se pronunció en un evento público sobre el tema del voto femenino. La CEO de la organización fundada por su esposo, que tuvo la oportunidad de estudiar un postgrado; ha empezado a promover la idea que las mujeres deben retornar a un rol de sumisión como el que han tenido a través de la historia y que se enmarca en textos religiosos como las cartas de San Pablo.

Lo que inicialmente podría parecer una prédica convencional en una iglesia evangélica, se tornó aún más complejo cuando también en el mismo evento de Turning Point; una de las panelistas propuso que exista el “voto por hogar”, es decir que sea el hombre quien decida por un hogar y vote en representación del mismo eliminando la opinión política de su pareja.

Dentro del evento, la iniciativa fue ampliamente apoyada. Adicionalmente mujeres influencers de derecha, algunas asociadas el movimiento Tradwives han comenzando a promover la idea que irónicamente ha sido bien recibida por mujeres jóvenes de ese sector político.

Algunas personas dirían que hay que ser tolerantes con dicha propuesta, pues no pasará más allá de ser una idea expresada en redes sociales o en un espacio desde donde no debería trascender. Pero ahí está la trampa.

En Estados Unidos, ya avanza el proyecto SAVE Act(Safeguard American Voter Eligibility Act) que a primera vista podría ser interpretado como una buena idea para prevenir el fraude. Pero que según han documentado varias periodistas en Norteamérica, podría bloquear soterradamente el acceso al voto por parte de las mujeres.

El proyecto SAVE Act, busca que las personas utilicen su registro civil para ejercer su derecho al voto. En el país del norte, las mujeres suelen utilizar el apellido de sus parejas para identificarse, por lo que aparecería una inconsistencia entre sus documentos actuales y su registro civil, justificando un bloqueo al acceso al voto.

Y mientras esto avanza en Estados Unidos, en un escenario que parecería que estuviese guionado por Margaret Atwood; en México, Javier Albarrán del Partido Acción Nacional (PAN) tomó la propuesta que nació en Turning Point y la ha lanzado a través de redes sociales y pódcasts.

Una idea que pareciese absurda y que sonaría alucinante, y que por ende se debería tolerar de la mano de “supuesta” poca viabilidad. Va tomando fuerza e incluso trascendiendo fronteras.

En Colombia, aunque por el momento desde el gobierno electo no se ha promovido una idea similar. Si per sé la idea con la que nació el movimiento político que se hizo elegir, resulta en una idea que no se debió tolerar y que puede resultar en detrimento de los derechos de muchas personas.

A ese respecto, un ejemplo del tema de la “tolerancia”; fue una entrevista a Guillermo Vives por parte de Eva Rey. En ella, el empresario que tiene una familia homoparental; indicó que apoyaba el proyecto de Abelardo de La Espriella; y que si las ideas que promulgaba dicho movimiento ponían en riesgo a su familia, simplemente se iría del país.

Toda una ironía, pues la mayoría de personas que vean en riesgo sus derechos no podrán hacer lo mismo. Ad portas de la posesión de De La Espriella, gran parte de la población colombiana confía que la Constitución y la Corte Constitucional sean la barrera que evite que se pierdan derechos reproductivos, laborales, así como derechos de la población LGBTIQ+ y de los pueblos ancestrales.

Nuevamente todo comenzó como algo que se veía como un juego y que nadie pensó que llegaría hasta el poder. Pero fue ganando fuerza dentro de la población hasta el punto que personas, como Vives, que se pueden ver afectados, arriesga sus derechos esperando avances económicos o simplemente por fobia al gobierno saliente.

Incluso el presidente electo, ha empezado a enmarcar la desobediencia civil de Iván Cepeda en el término de “todas las formas de lucha”, modificando el contexto de la afirmación hacia un entorno de terrorismo que debe ser perseguido, afirmación que rápidamente fue acogida y aplaudida por sus seguidores. Sin siquiera desglosar o entender que la desobediencia civil ha sido recogida por miles de líderes políticos a nivel mundial y que no implica acciones violentas. Nuevamente la ciudadanía y los poderes toleran la intolerancia arriesgando los derechos y las vidas de una buena parte de la población.

Hay un fuerte auge de la ultraderecha en el mundo, desde Núcleo Nacional en España, pasando por Maga en Estados Unidos y los Defensores de la Patria en Colombia. La globalización y las redes sociales facilitan la difusión de ideas, buenas y malas. Pero como se ha afirmado en editoriales anteriores, la guerra cultural se está dando en Internet y las personas no tienden a analizar el riesgo de cada propuesta que suena a “juego”.

En Estados Unidos toleraron por segunda ocasión las extremas ideas de Trump, y hoy por hoy hay un grave retroceso en derechos reproductivos. En Argentina, también toleraron las mediáticas “locuras” de Milei y ahora tienen menos derechos laborales. En El Salvador, les pareció “cool” que Bukele se autodenominara dictador y cerrara el congreso; y ahora tienen cientos de denuncias por violaciones a los derechos humanos en las megacárceles.

Ahora en Estados Unidos, ya están dando el siguiente paso cuestionando los derechos democráticos de las mujeres, derechos que recién cumplieron 100 años. Y para sorpresa de muchos, ya la idea se está expandiendo a México.

Y todo porque el límite de la libertad de expresión, no es la agresión ni proponer la reducción de derechos como dijera Popper. Y todo porque de la mano de una supuesta tolerancia estamos permitiendo que la intolerancia se suba al poder y nos conmine a volver al pasado.

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