El Gobierno de Abelardo De la Espriella contempla conseguir cerca de US$11.000 millones de financiación durante 2026, una estrategia que combina recursos del mercado doméstico con nuevas operaciones en los mercados internacionales. Más de US$3.000 millones provendrían del exterior, principalmente mediante emisiones de bonos.
La cifra ha abierto una discusión sobre la composición de la deuda pública colombiana y sobre los riesgos que implica aumentar la participación de obligaciones denominadas en moneda extranjera. El debate no consiste en determinar si endeudarse internacionalmente es bueno o malo, sino en establecer qué riesgos asume el Estado al hacerlo.
El principal riesgo es el cambiario. Cuando el Gobierno contrae una obligación en dólares, pero obtiene buena parte de sus ingresos en pesos, una depreciación de la moneda colombiana puede incrementar el valor de esa deuda cuando se convierte a pesos.
El mecanismo es sencillo. Si Colombia tuviera una obligación de US$10.000 millones y el peso perdiera 10 por ciento de su valor frente al dólar, el monto equivalente de esa deuda en pesos aumentaría aproximadamente en la misma proporción, sin que el Gobierno hubiera recibido un nuevo préstamo.
Ese efecto también puede trasladarse al servicio de la deuda. Los intereses y las amortizaciones de las obligaciones externas deben convertirse a pesos cuando se incorporan al presupuesto nacional. Por eso, un peso más débil puede significar una mayor presión sobre las finanzas públicas.
La exposición cambiaria no significa que el Gobierno pierda automáticamente recursos por una depreciación. El efecto depende de la composición de los pasivos y de los activos del Estado, de las coberturas existentes y de los ingresos que también estén vinculados al dólar.
Colombia, por ejemplo, recibe ingresos en moneda extranjera provenientes de diferentes actividades de exportación. Esto puede funcionar parcialmente como una cobertura natural frente a algunas obligaciones externas. Sin embargo, esa cobertura no elimina completamente el riesgo.
El segundo elemento es la tasa de interés internacional. Una parte de la deuda externa se coloca en mercados donde las condiciones financieras dependen de factores que Colombia no controla, como las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos, la inflación global y la percepción de riesgo de los inversionistas.
Si las tasas internacionales aumentan, las nuevas emisiones de bonos pueden resultar más costosas. Esto es particularmente importante cuando un país necesita refinanciar obligaciones que llegan a vencimiento o acudir nuevamente al mercado para financiar su déficit.
A ese riesgo se suma el denominado riesgo país. Los inversionistas internacionales exigen una rentabilidad adicional para comprar deuda de economías emergentes frente a los títulos considerados de menor riesgo. Si aumenta la percepción de vulnerabilidad fiscal o política de Colombia, esa prima puede elevarse.
Esto significa que dos emisiones por el mismo valor nominal pueden tener costos muy diferentes. El tamaño de la deuda es importante, pero también lo es la tasa de interés a la que fue contratada y el plazo durante el cual deberá ser pagada.
Existe además un riesgo de refinanciación. Cuando los bonos llegan a vencimiento, el Estado puede pagar el capital con recursos disponibles o emitir nueva deuda para sustituir la obligación. Si en ese momento los mercados internacionales atraviesan una crisis, el acceso al financiamiento puede ser más costoso o difícil.
Por esa razón, la administración del perfil de vencimientos es tan importante como el monto total de la deuda. Una concentración de pagos en un determinado año puede generar una presión considerable sobre el presupuesto si coincide con condiciones financieras adversas.
En este punto aparecen los canjes que también contempla el Gobierno de De la Espriella. La administración ha anunciado operaciones destinadas a modificar el perfil de vencimientos, particularmente para reducir la presión asociada a las obligaciones de 2027.
Un canje no significa necesariamente que el Gobierno esté recibiendo dinero nuevo para financiar gasto. Se trata, en términos generales, de sustituir unos títulos por otros con diferentes plazos o condiciones. Es una herramienta de administración de pasivos que también fue utilizada durante el Gobierno de Gustavo Petro.
La diferencia está en la combinación de instrumentos. Durante el Gobierno Petro aumentó de manera significativa la participación de la deuda interna denominada en pesos, reduciendo la exposición directa del Gobierno Nacional al riesgo cambiario.
Según datos citados por El País, a mayo de 2026 alrededor del 75,4 por ciento de la deuda del Gobierno Nacional Central era interna, el nivel más alto desde 2001. Esa estructura ofrecía una mayor protección frente a una depreciación del peso, aunque implicaba una mayor dependencia de las tasas de interés domésticas.
La deuda interna, sin embargo, tampoco está libre de riesgos. Si las tasas de interés colombianas permanecen elevadas, emitir TES puede resultar costoso para el Estado. Además, una elevada demanda de recursos públicos en el mercado local puede competir con el financiamiento del sector privado.
La estrategia que ahora plantea De la Espriella puede interpretarse, en parte, como una búsqueda de mayor diversificación. Si el Gobierno consigue recursos en los mercados internacionales, reduce la necesidad de concentrar toda la financiación en los TES y amplía el número de fuentes disponibles.
Pero esa diversificación tiene un precio: aumenta parcialmente la exposición a variables externas. El dólar, las tasas internacionales y la percepción de riesgo de los inversionistas pasan a tener mayor importancia en el costo futuro de la financiación.
Por eso, no sería correcto afirmar que una mayor deuda internacional necesariamente empeora las finanzas públicas. Puede ocurrir lo contrario si el Gobierno logra obtener recursos externos a menores tasas y con plazos más largos que los disponibles en el mercado interno.
La cuestión central es el equilibrio entre costo y riesgo. Una deuda en dólares puede ser financieramente conveniente en el momento de la emisión y posteriormente volverse más costosa en pesos si el tipo de cambio se mueve de manera desfavorable.
También importa la moneda en la que está denominada cada obligación. No es lo mismo que la deuda externa esté concentrada en dólares que tener una cartera diversificada entre diferentes monedas. Cada composición tiene riesgos distintos y exige diferentes mecanismos de administración.
Otro factor determinante es el plazo. Una obligación externa de largo plazo puede representar una carga anual relativamente manejable, mientras una concentración de vencimientos en pocos años puede aumentar considerablemente las necesidades de refinanciación.
En el caso colombiano, por eso, la discusión sobre los US$11.000 millones no debería reducirse a la pregunta de cuánto dinero se va a pedir prestado. Es necesario conocer cuánto corresponde a nueva financiación del déficit, cuánto a refinanciación y cuánto a operaciones de manejo de deuda.
También será necesario observar cuánto aumenta finalmente el saldo neto de la deuda pública. Una operación de emisión acompañada de un canje o una recompra puede modificar el perfil de los pasivos sin que el incremento del endeudamiento neto sea equivalente al valor bruto de la operación.
La estrategia tendrá además que ser evaluada por su impacto sobre el presupuesto. Si una mayor exposición externa termina elevando el costo del servicio de la deuda debido a una depreciación del peso o a mayores tasas internacionales, el Gobierno podría disponer de menos recursos para otras prioridades.
En última instancia, el riesgo no está en que Colombia utilice los mercados internacionales. El endeudamiento externo es una herramienta habitual de las finanzas públicas y puede ser útil para diversificar fuentes de financiación, obtener plazos mayores y administrar el costo de la deuda.
El riesgo aparece cuando aumenta la exposición a variables que el Gobierno no controla sin contar con una estructura de deuda capaz de absorber esos movimientos. Por eso, el indicador que deberá seguirse durante el Gobierno de De la Espriella no será únicamente cuánto se endeuda Colombia en dólares, sino cómo evolucionan simultáneamente el saldo total, el porcentaje de deuda externa, las tasas de interés, los vencimientos y el comportamiento del peso.
La comparación con Petro también debe hacerse con cuidado. El Gobierno anterior no renunció a los mercados internacionales ni De la Espriella está abandonando el mercado interno. Ambos utilizan diferentes combinaciones de financiación y herramientas de manejo de pasivos. La diferencia relevante será determinar si el nuevo equilibrio reduce el costo financiero de Colombia o, por el contrario, traslada una parte mayor del riesgo hacia el dólar y las condiciones de los mercados internacionales.






